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Empresario británico perdió 50 libras en una cárcel cubana


El calvario de Purvis publicado en The Telegraph

El empresario y arquitecto británico Stephen Purvis estuvo 16 meses en una prisión cubana, donde vivió una odisea típica de una novela de Graham Greene, dice el diario The Telegraph.

La odisea vivida en Cuba por el empresario y arquitecto británico Stephen Purvis que lo hizo parar en la cárcel 16 meses y perder 50 libras de peso podría haber sido arrancada de las páginas de una novela de Graham Greene, dice el diario The Telegraph.

El periódico relata lo sucedido en la isla a Purvis, cuya firma, Coral Capital, fue la encargada de llevar adelante la construcción de la instalación turística Bellomonte Golf and Country Club a un costo de 400 millones de libras esterlinas (unos $596 millones de dólares).

Luego de haber sido acusado de espionaje, el británico “abandonó la isla después de que un tribunal lo liberó hace un par de semanas --subraya el diario-- tras un juicio llevado a cabo enteramente en secreto”.

Mientras tanto, agrega, las oficinas de Coral Capital han sido cerradas, y el proyecto a su cargo en el cual Purvis invirtió millones de libras y entregó cinco años de su vida ha sido puesto en manos de una firma china.

Purvis, de 52 años, dijo al Telegraph haberse sentido sombrío y desalentado: “Uno se ve atrapado por la abrumadora percepción de haber sido olvidado por el mundo, y que va a recibir una enorme sentencia de prisión por no haber hecho nada”.

Tras poner de relieve una advertencia a los empresarios británicos sobre los riesgos de hacer negocios con Cuba, el periódico indica que desde que se estableció en la isla en el 2000, Coral Capital invirtió en el turismo, fábricas, embarcaderos e incluso financió una película cubana sobre Benny Moré.

Según El Telegraph, lo ocurrido a Purvis es “una confirmación de que a pesar de todos sus intentos de reforma (de Cuba), sus servicios de seguridad siguen siendo tan represivos como antes”.

Sus conexiones no le sirvieron de nada, dice, cuando en octubre de 2011 la policía cubana arrestó al funcionario ejecutivo de Coral, Amado Fakhre, bajo cargos de soborno y de revelar secretos de Estado, en lo que parece ser parte de una amplia barrida contra docenas de empresarios extranjeros de la inteligencia cubana, que sigue viendo con sospechas al capitalismo.

“Primero fui llevado a una deteriorada villa, en lo último del mundo, donde me interrogaron dos horas por la mañana, por la tarde y por la noche --dijo Purvis--. Luego, al cabo de cinco días, me pusieron en detención preventiva en Villa Marista”.

De acuerdo con el empresario, “la idea es privarlo a uno de su identidad personal, de modo que pierda el sentido de dónde está”. Purvis dijo haber conocido en el sitio de intentos de suicidio de reclusos aproximadamente una vez por mes.

No fue hasta tres semanas antes de su juicio, aclara el diario, que su abogado cubano finalmente tuvo oportunidad de ver los cargos que se le imputaban, en un documento de 8 mil páginas que el acusado no tuvo derecho a revisar. Después se le halló culpable de una acusación menor por realizar transacciones ilegales con moneda extranjera.

Al final, precisa, el veredicto en su contra fue de dos años y medio “en sentencia no privativa de libertad”, y excarcelado el 17 de junio. Ahora Coral Capital contempla demandar al gobierno cubano para tratar de recuperar casi $16 millones de dólares en bienes confiscados a la compañía.

Purvis dijo al Telegraph que él piensa que todo responde a un juego político porque la mayoría de los empresarios arrestados han sido occidentales.

“Pero competidores como los de China y Venezuela –precisa el periódico– han sido dejados tranquilos, lo que sugiere que puede estar en marcha un plan para despejar los mercados de Cuba y dar espacio a países con los que La Habana se siente ideológicamente más confortable”.
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