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Cataluña siempre ha sido roja


Grupos procastristas catalanes enfrentaban en 2010 a exiliados cubanos en consulado de Barcelona. Foto: Jorge Ignacio Pérez.

48 horas después de haberse aprobado la desconexión de España en el parlamento catalán, el Tribunal Constitucional español (TC) suspendió la moción independentista y apercibió a sus responsables.

Por supuesto que asusta que, de un plumazo, Cataluña se convierta en una república independiente. En primer lugar porque lo que se está jugando en estos momentos no representa a toda la ciudadanía, aunque sí a un amplio sector de esta. Digamos que existen dos mitades, una que desea la independencia de España y otra que no.

Más o menos estos serían los números a golpe de ojo, después de haber tomado el pulso de la ciudadanía durante 12 años que vivimos allí. Pero, claro, quienes no estén de acuerdo con este planteamiento me podrán refutar con cifras concretas extraídas de algún censo, que no estoy seguro haya sido realizado sobre la escisión del Estado monárquico español.

No debemos perder de vista que, de convertirse Cataluña en una república, por definición estaría negando la monarquía. Ahora bien, en opinión de quien escribe, ni el Estado español ni la monarquía ibérica va a perder tan fácilmente una de las regiones más prósperas del reinado, ni una ciudad que, a través de los años, se manifiesta por sí sola como una de las más importantes –por no decir "la más"– de la cuenca mediterránea.

Barcelona no es poca cosa. Ejemplos hay de sobra para ilustrar, más allá de su arquitectura modernista y de la posesión de un barrio gótico. Más allá del salto que dio, en todos los sentidos, después de los juegos olímpicos de 1992. Más allá de ser un emporio editorial, de albergar el importantísimo Premio Planeta; más allá de ser un perfecto enclave que discurre entre mar y montaña. Y, por supuesto, más allá de su club de fútbol.

Barcelona es una de las ciudades más visitadas del mundo –probablemente por encima de Madrid– y eso talvez sea lo que, en su día, le dio el impulso al actual presidente en funciones de la Generalitat, Artur Mas, para pensar que podría ser presidente de un país.

Pero el juego es duro. La monarquía quiere mucho a Barcelona. De hecho, la infanta Cristina la eligió para casarse y luego para vivir.

El metro de Barcelona lo construyeron murcianos y andaluces. Los altos hornos de esa bella ciudad fueron maniobrados por "inmigrantes" de otras regiones españolas que buscaban trabajo a finales del XIX y principios del XX. Los telares, las zapaterías estaban también trabajados por "inmigrantes". En fin, que el entramado social de esa gran urbe y alrededores está compuesto por gente de muchas regiones de España que luego se casaron y tuvieron hijos, a quienes la sociedad, para distinguirlos, les llamó "charnegos".

No es despectivo, aunque a veces sí lo es. Los "charnegos" son hoy más catalanistas –por ende, nacionalistas– que muchos que llevan apellidos catalanes. Hoy son policías, empresarios, obreros, funcionarios. Y tienden a identificarse, ante todo, como catalanes.

Sea o no un trabajo bien hecho por la burguesía catalana que siempre marcó un punto y aparte en el gran entramado español, se trata de una realidad. Pero como bien dice –casi muerto de miedo– un editorial de La Vanguardia publicado a raíz de la declaración de ruptura con España en el Parlamento catalán, la prisa con que se está llevando a cabo el proceso "soberanista" puede costar caro.

Cataluña siempre ha sido roja, eso no es un secreto para nadie. Lo era cuando llegaron las tropas franquistas en la Guerra Civil. Y siguió siéndolo después de la dictadura de 40 años. Siguió siéndolo en democracia. Lo que pasa es que todo el mundo vivía en paz con sus ideales. Unos leían El Periódico de Catalunya (en español o en catalán, a escoger) y otros, los de derecha o centro derecha, leían La Vanguardia.

La razón por la que Cataluña haya sido siempre roja es obvia: Demasiados obreros hicieron falta para levantar ese gran país, me atrevo a decirlo así. Y ahora es cuando aquella base ideológica se remueve con la crisis económica y las corrientes ultra de izquierda hacen de las suyas: reclutar, que es lo que mejor se les da. Reclutar por desencanto.

Ese es el peligro que corre Cataluña ahora en pos del independentismo: convertirse en una república roja. Nosotros sabemos bien de qué va la cosa.

El Ministro de Exteriores lo dejaba caer en un mano a mano con el líder de Esquerra Republicana de Cataluña, Oriol Junqueras:

–Ustedes son los que dirigen esta operación–, dijo, más o menos, García-Margallo al referirse al nuevo liderazgo de ultra izquierda en Cataluña, comenzando por la alcaldesa de Barcelona y terminando por el pujante grupo parlamentario conocido como CUP.

48 horas después de haberse aprobado la desconexión de España en el Parlamento catalán, el Tribunal Constitucional español (TC) suspendió la moción independentista y apercibió a sus responsables.

Para esto se basó en el artículo 161.2 de la Constitución, que establece que se producirá la suspensión automática de la disposición o resolución recurrida, que el Tribunal deberá ratificar o levantar en un plazo no superior a cinco meses.

Los apercibidos son el presidente en funciones de la Generalitat, Artur Mas; la presidenta del Parlament, Carmen Forcadell, los integrantes de la Mesa del legislativo catalán y los miembros del Govern; en total 21 altos cargos catalanes.

Veremos qué pasa. Esta situación podría definirse en las próximas elecciones generales españolas, fijadas para finales de año.

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    Jorge Ignacio Pérez

    Nació en La Habana en 1965. Luego de ser tanquista en el servicio militar obligatorio, se graduó en la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana, en 1992. Trabajó como redactor y fotógrafo de prensa, columnista de teatro y editor en varias publicaciones de la isla. En 2001 se exilió en Barcelona, hasta el año 2012 en que se afincó en Miami, donde reside actualmente. Fue editor del portal on line de asuntos cubanos Cubanet.org. Desde 2007 lleva el blog personal Segunda Naturaleza. Además del libro de memorias Historias de depiladoras y batidoras americanas (Neo Club Press Ediciones, 2014), tiene otro inédito titulado Pasajeros en tránsito.

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