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Camagüey en pantalones


ARCHIVO. Vista de la Plaza del Carmen en la ciudad de Camagüey.

“Miren ustedes: resulta que en el centro histórico de nuestra apacible urbita de casi 500 años y poco más de 300 mil inquilinos no se puede uno pasear en short porque corre el riesgo de ser multado”, comenta el blog El Caimán sin muelas.

Las multas impuestas por las autoridades de Camagüey para transeúntes y ciclistas que transiten en short o camiseta por el centro histórico de la ciudad, han provocado serias críticas entre la población y en los blogs de algunos periodistas locales.

“Acabo de enterarme, por la nota de un amigo, de una disposición interesante que rige en nuestro Camagüey, la bella ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad”, comentó Enrique Milanés, autor del blog El caimán sin muelas.

“Miren ustedes: resulta que en el centro histórico de nuestra apacible urbita de casi 500 años y poco más de 300 mil inquilinos no se puede uno pasear en short porque corre el riesgo de ser multado”.

“Quien no me crea debe saber que puedo demostrarlo: un bicitaxista, que no por gusto se llama Cándido, fue cogido in fraganti pedaleando por la ciudad con las piernas desnudas como si tal cosa”, afirmó Milanés, en un post titulado Ciudad en pantalones, publicado el martes.

ARCHIVO. Vista aérea de la ciudad de Camagüey.
ARCHIVO. Vista aérea de la ciudad de Camagüey.
La medida, que linda con el absurdo, establece la prohibición de andar en short en las zonas peatonales del centro histórico, que abarcan unas 55 hectáreas de la colonial ciudad de los tinajones.

Al referirse a la multa impuesta al bicitaxista Cándido, el periodista-bloguero ironiza con la medida y expresa que “si a un mulato oriundo de la ciudad se le sanciona el atrevimiento, yo supongo que al pálido visitante que muestre sus pantorrillas entre el Tínima y el Hatibonico la insolencia le cueste unos cuantos euros”.

Leydis Tabares López, vecina de la ciudad, confirmó a martinoticias.com la prohibición vigente en el centro histórico desde algunos días, aunque según comentó son regulaciones que ya existían aunque nunca antes habían sido aplicadas.

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Las medidas que regulan la forma de vestir en la ciudad, se adoptaron tras el discurso del gobernante cubano Raúl Castro, el pasado 26 de julio, durante el cual lamentó la chabacanería y la pérdida de valores en la sociedad cubana.

“Si no hay prisa para legislar mecanismos nuevos que faciliten las dinámicas naturales de un país maltratado por la sinrazón económica de tanto tiempo y por el letargo de la consigna automática, tampoco puede haberla para exigirle al ciudadano comportamientos imposibles, que francamente lo colocarían sobre la cuerda floja del escenario real que habitan”, afirmó el lunes Alejandro Rodríguez Rodríguez, periodista y autor del blog Alejo 3399.

“Enderezar estos enredos es una función exclusiva del gobierno, que es quien manda o quien representa al pueblo, como se quiera ver, porque a la gente común, digo yo, no le atrae demasiado ese vicio de unos pocos en cuadricularle la vida a sus semejantes”, agregó Rodríguez en el comentario titulado Cuba, viviendo legal.

ARCHIVO. Centro histórico de Camagüey.
ARCHIVO. Centro histórico de Camagüey.
En días pasados Rodríguez se refirió al caso de un bicitaxista que fue multado con 60 pesos en moneda nacional, por andar en camiseta pedaleando su transporte, en un post titulado Seremos inglesitos!...

Rodríguez dijo el lunes que los trabajos que se ejecutan en el centro histórico de la ciudad, donde se han levantado los centenarios adoquines, tienen cerrados las principales calles de acceso y son causa de inconformidad y quejas.

“Los pasos están cerrados porque se construye un hotel, el Santa María, que no disfrutarán los camagüeyanos de a pie”, dijo Rodríguez. “Sí disfrutarán algunos, en cambio, el paseo de la calle de los cines, que igual se construye y estanca el tránsito: seguro le pondrán un cartelito que diga: Por favor, pasearse orondos, educados y bien vestidos, como corresponde al ciudadano correcto y feliz”, agregó.

“Imagino entonces que no faltará mucho para que las autoridades suelten en las calles unas cuantas hordas de encorbatados y sudorosos inspectores, que conformarán la Brigada Protectora del Buen Lenguaje. Irán detrás de la gente escuchando lo que hablan, y corrigiendo y multando. Malapalabras sueltas: 50 pesos; frases vulgares de segundo nivel de ofensividad: 100 pesos; construcciones retóricas inadmisibles: 500 pesos, algo así”, ironizó el bloguero.

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