Las prisiones en Cuba enfrentan una crisis sanitaria marcada por brotes persistentes de chinches, mosquitos y enfermedades infectocontagiosas como la escabiosis.
“Las presas en el cubículo no pueden dormir de la cantidad de chinches que hay en los colchones y las camas, los mosquitos, el calor debido a los apagones”, indicó Sonia Álvarez Campillo, citando la denuncia de su hija, la presa política Saylí Navarro, encarcelada en la prisión de mujeres La Bellotex, de Matanzas.
Las autoridades penales suelen mostrarse morosas ante las condiciones infames de los centros penitenciarios. Esta negligencia ocurre debido a la priorización de políticas represivas que disparan el hacinamiento, sumado a la falta de presupuesto estatal y a la nula inversión en el mantenimiento del sistema carcelario.
La crisis se traduce en escenarios cotidianos devastadores para la población carcelaria del país, que han sido denunciados por organizaciones de derechos humanos.
Frente a este panorama, la respuesta institucional es la evasión de responsabilidades. Existe una marcada impunidad donde “nadie tiene que ver con ese problema, ni las jefas de allí de la prisión, ni los jefes de cárceles y prisiones”, dejando a las recluidas desamparadas y sin mecanismos de auxilio.
La alta densidad de internos en celdas pequeñas, la falta de higiene personal y ambiental y la ausencia de fumigación son el principal motor de las plagas.
La mayoría de los establecimientos penitenciarios carecen de agua potable regular y artículos de aseo básico, lo que impide que los presos puedan higienizar sus pertenencias.
Del mismo modo, la desnutrición que sufren los reclusos debilita su sistema inmunológico, haciéndolos más vulnerables a las secuelas de las infecciones contraídas por insectos, ácaros y roedores.
Las plagas no se detienen en los muros de la prisión. La entrada y salida de reclusos liberados o los pases temporales provocan, así como las visitas de sus familiares hacen que los portadores de infestaciones lleguen a los hogares y a las comunidades, extendiendo el problema de salud pública.
Las denuncias de organizaciones como Amnistía Internacional subrayan que, en muchos casos, se priva a los presos de atención médica adecuada para tratar las secuelas de estas plagas.
Las Reglas Nelson Mandela de la ONU establecen que las prisiones deben garantizar condiciones sanitarias estrictas y la eliminación de plagas mediante una limpieza rigurosa en todas sus instalaciones.
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