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Aclaran el misterio de las estatuas de la Isla de Pascua


FOTOTECA ARACELI

¿Qué pasa con estos gigantes de piedra bajo tierra? ¿Han sido desde el principio obra de los rapanui (las primeras civilizaciones de la isla)?

Un equipo de arqueólogos que trabajan en la Isla de Pascua descubrió que las gigantescas y misteriosas cabezas de piedra, que se erigen en toda la isla, poseían un cuerpo.

Científicos británicos han aclarado parte del misterio de las coronas rojas que ciñen los moais de la cantera Puna Pau de la Isla chilena de Pascua, gracias al descubrimiento de un camino que se utilizó para transportarlas.

Los profesores Sue Hamilton, del University College de Londres, y Colin Richards, de la Universidad de Manchester, afirmaron que las coronas están hechas de rocas volcánicas procedentes de un antiguo volcán de la zona y que fueron elaboradas por los pobladores polinesios de la isla entre los años 1.250 y 1.500.

Al realizar las investigaciones se dieron cuenta que había "algo mas" debajo de las esculturas e iniciaron las excavaciones. Ello los llevó a este gran descubrimiento, que ayudarán a develar el misterio de la antigua cultura que ocupó la isla.

Además, se descubrió un hacha de obsidiana con una hoja de unos 17 centímetros, quizás propiedad de uno de los obreros que laboraron en el transporte de las coronas, y que la habría abandonado junto a la carretera como un ofrecimiento a los dioses.

Los polinesios veían el paisaje como algo vivo y consideraban que después de tallar la roca los espíritus entraban a formar parte de las estatuas, como en el caso de los moais.

La investigación, que se va a prolongar cinco años más, también ofrece detalles sobre la vida de hace 500 años en la isla de Pascua, cuyos habitantes, afirmó Hamilton, "vivían en una sociedad exitosa y bien organizada, en un entorno vital bien gestionado".

Agregó que "El 70 por ciento de la isla fue transformado en jardines abiertos y en terreno agrícola, donde se utilizaba un elaborado sistema para mantener la humedad de la superficie".

En cuanto a Puna Pau, se concluyó que fue un lugar secreto, que no se podía ver desde otras partes de la isla y cuya producción non se podía oír al tener lugar en el interior del cráter. Todo parece indicar también, señaló Richards, que existían distintos equipos que trabajaban en la cantera y que competían por tener sus propias áreas de producción dentro de Puna Pau.

La primera noticia confirmada que se conoce sobre la isla nos llega a través de Jacob Roggeveen, un almirante holandés que la descubrió en 1722, y como era domingo de Resurrección decidió llamarla Isla de Pascua.

Al acercarse al atolón con tres de sus navíos, Roggeveen pudo comprobar la presencia de numerosas estatuas de diez metros que representaban enormes cabezas con grandes orejas (los moáis), construidas sobre pedestales situados tras inmensas murallas.

Hubo que esperar 50 años para que los europeos retornaran a la isla y otros 100 para que se realizara una exploración rigurosa de la misma. Para entonces las estatuas ya no se hallaban como Roggeveen las descubrió, ya que durante las guerras entre las tribus que la habitaban fueron derribadas de su pedestal al suelo. Y así es como pueden contemplarse hoy en día los más de 600 moáis repartidos por Rapa Nui.


La hipótesis más probable es que un maremoto antiguo barrió la isla y su civilización antigua, que se pierde en los tiempos remotos, está allí, bajo los pies de turistas, inconscientes del tesoro escondido.
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