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Correa el heredero del ALBA


Miles de simpatizantes del presidente ecuatoriano, Rafael Correa.

Sin embargo, el mandatario ecuatoriano carece del mayor atractivo del socialismo del XXI: el petróleo.

El presidente ecuatoriano Rafael Correa se coloca como favorito para sustituir a Hugo Chávez en el liderazgo continental del llamado socialismo del siglo XXI, en caso del fallecimiento del mandatario venezolano, de acuerdo a un artículo publicado en infolatam.

“Correa reúne las condiciones intelectuales (posee un doctorado en Economía de la Universidad de Lovaina -Bélgica) y de liderazgo necesarios para convertirse en ese referente. Es el mejor preparado académicamente (mejor que Evo Morales o Daniel Ortega), tiene carisma y gran capacidad oratoria y en su país mantiene una solida posición, a diferencia de lo que le ocurre a Evo Morales acosado por las protestas sociales”, explica Rogelio Núñez en el portal digital.

Sin embargo, el mandatario ecuatoriano carece del mayor atractivo del socialismo del XXI: el petróleo.

“El gobierno chavista habría otorgado 82.000 millones de dólares en subvenciones y ha subsidiado a más de 40 países entre 2005 y 2011 gracias a unos ingresos petroleros de los que carece el ecuatoriano”, explica la nota.

Enarbolando el mismo mensaje latinoamericanista y antiimperialista de Hugo Chávez, Correa acaparó la atención internacional cuando se negó a acudir a la Cumbre de las Américas para protestar por la ausencia de Cuba, en estos eventos.

Por otra parte, el propio Correa ha declarado que no le interesa liderar “absolutamente nada, lo que me interesa es servir, y ya tengo bastante trabajo con todo lo que tenemos que hacer en Ecuador”.

El artículo de infolatam cita al analista Simón Pachano, quien ha visto que “más allá de la retórica estatista de la nueva Constitución, hasta el momento no hay señales de grandes transformaciones y de decisiones trascendentales en la economía. El anunciado socialismo del siglo XXI no aparece más que en los discursos del Presidente y corre el riesgo de convertirse en la irónica consigna de un programa de ajuste o, peor aún, en el anuncio del fin de un experimento cargado de retórica”.
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