Trágica muerte de recluta revela fallas de seguridad en el Servicio Militar en Cuba

Raudel Alejandro Guerra Hernández.

Sumario

  • Raudel Alejandro Guerra Hernández murió electrocutado en una torre de alta tensión en la unidad de Cidra, en la provincia de Matanzas.
  • La madre opina que se trató de un accidente por el exceso de confianza del joven.
  • Un abogado explica que, al tratarse de un servicio militar obligatorio, el Estado y los mandos militares tienen una posición de garante que los obliga a prever el riesgo y mantener una supervisión ininterrumpida sobre los soldados alistados.

A sus 19 años, la vida de Raudel Alejandro Guerra Hernández se apagó el 13 de octubre pasado de manera trágica, mientras cumplía con el Servicio Militar Obligatorio en Cuba.

El joven murió electrocutado en una torre de alta tensión en la unidad de Cidra, en la provincia de Matanzas, lugar al que había sido desplazado ese día.

En conversación con Martí Noticias este domingo, la madre del joven, Olga Hernández Rojas, desmintió versiones que, según afirmó, buscan politizar o tergiversar lo sucedido, señalando que el accidente ocurrió debido al exceso de confianza en sí mismo de su hijo.

"Lo primero es que nadie, ningún oficial de ahí de la unidad militar, ninguno, lo mandó a hacer nada. Y quiero aclararle que nadie, ni me está obligando, ni siquiera esas personas militares, dirigentes y de alto rango, ninguno, sabe de esta conversación, ni está aquí".

"El único culpable es mi hijo, por creer que lo sabía todo en la vida, por ser como era, de querer resolver todos los problemas", expresó.

Raudel pertenecía a la unidad militar de Los Molinos y realizaba guardia una vez a la semana en la unidad de Cidra. Lejos de sentirse obligado o infeliz, se encontraba motivado y había optado voluntariamente por proyectar su futuro en las filas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

Con una marcada inclinación hacia la mecánica, la electricidad y la resolución de problemas, Raudel albergaba grandes sueños. Entre sus metas inmediatas se encontraba terminar sus tres años de servicio militar, obtener la ciudadanía española y comenzar una nueva etapa fuera del país.

El fatídico desenlace ocurrió cuando el joven, al percatarse de que el "caballito" (un mecanismo de seguridad y protección eléctrica que se instala en los postes de alta tensión) estaba caído en una torre, buscó la ayuda de dos reclutas subordinados a él para arreglarlo.

Consciente de la magnitud del riesgo, intentó realizar la maniobra valiéndose de un tallo de caña brava, desconociendo que esta planta, si está húmeda, puede llegar a conducir corriente eléctrica, de forma deficiente, pero lo suficiente como para provocar una descarga peligrosa si entra en contacto con cables.

Consumida por el dolor de haber perdido a su único hijo, la madre del recluta fallecido solo pide que se honre la memoria de Raudel con la verdad.

"Él siempre quería ser el héroe, quería resolver los problemas de todo el mundo. Lo mismo aquí en el barrio, que en la calle, que en cualquier parte, porque es que él era así, le gustaba, tenía muy buenos sentimientos", insistió.

Ante el suceso, el jurista del centro de asesoramiento legal Cubalex, Alain Espinosa, dio una visión crítica desde el derecho y las normativas que regulan el servicio militar, señalando que la responsabilidad institucional va más allá de la actitud del joven.

"Aunque la declaración de la madre coincida con la realidad, hay que partir de la base de que el Estado, en este caso, al ser el Servicio Militar Obligatorio, tiene dentro de sus obligaciones la posición de garante, y esa posición de garante lo obliga a ser proactivo y prever y evitar todos aquellos riesgos que puedan tener las personas durante su alistamiento".

El jurista argumenta que en este hecho existió una ausencia de controles y normativas claras, ya que la institución debía definir y restringir las zonas de peligro, además de impartir directrices de prevención y seguridad.

En este sentido, Espinosa subrayó la obligación de mantener una vigilancia constante sobre todo el personal que cumple con el servicio militar.

“Porque el recluta no es un trabajador autónomo, es alguien que está cumpliendo un servicio militar obligatorio con un régimen disciplinario, y siempre tiene que haber algún oficial que esté controlando lo que ellos hacen".

Sobre la actuación de los superiores, apuntó que el Código Penal Militar prevé delitos como la negligencia en el servicio de guardia, donde "una de las cuestiones técnicas que plantea es la desidia, el abandono o la falta de previsión de un jefe militar en el cumplimiento de sus obligaciones".

Ante la caída de un artefacto de alta tensión, "lo primero que tendrían que haber hecho era haber tomado las medidas para que ninguno de los reclutas se arriesgara", aislando la zona y llamando a personal especializado”, recalcó el abogado.

Los superiores debieron aislar la zona de inmediato y convocar a personal especializado de la empresa eléctrica, impidiendo que reclutas inexpertos asumieran dicha labor, apuntó.

Al valorar el factor de la edad y el impulso del joven, el jurista destacó que la doctrina de la debida diligencia establece que "tiene que incluir el prever la inexperiencia, la temeridad, el exceso de entusiasmo de personas que, realmente, por su edad, no tienen la madurez suficiente para medir el riesgo de una acción determinada".

La muerte de Raudel deja al descubierto las fallas en las condiciones de seguridad dentro del sistema del Servicio Militar Obligatorio en Cuba, donde la escasez de protocolos rigurosos y la falta de supervisión técnica continúan poniendo en riesgo la vida de los jóvenes cubanos.