Sumario
- La invasión soviética de Polonia el 17 de septiembre de 1939 fue consecuencia directa del Pacto Ribbentrop-Molotov y de su protocolo secreto para repartirse Europa Central y Oriental con la Alemania nazi.
- Stalin retrasó su entrada en la guerra por cálculo político y propagandístico, mientras cooperaba con Hitler en la ocupación de Polonia.
- Ambas potencias reprimieron a la población polaca, incluyendo deportaciones a Siberia, la masacre de Katyn y los crímenes nazis que culminaron en Auschwitz.
El 1 de septiembre de 1939, como consecuencia de la agresión de Alemania contra Polonia, comenzó la Segunda Guerra Mundial. 16 días después, la Unión Soviética atacó Polonia desde el este. Fue una consecuencia del Pacto Ribbentrop-Molotov firmado en Moscú el 23 de agosto de 1939, en el que ambas potencias totalitarias pusieron fin al período de la rivalidad mutua tras la llegada de Hitler al poder. Sin embargo, no se trataba sólo de un acuerdo de no agresión, como durante décadas intentó presentarnos la propaganda rusa.
Mucho más importante fue que se firmó el protocolo secreto en el que ambos países dividieron Europa Centro-Oriental. Según el pacto, los alemanes iban a recibir la parte occidental de Polonia, así como Lituania, y los soviéticos la parte oriental de Polonia, Letonia, Estonia, Finlandia y Besarabia, perteneciente a Rumania. Ambas potencias entraron así en una alianza informal.
Por tanto, derrotar a Polonia era la primera condición para aplicar las disposiciones del pacto. Ya a partir del 1 de septiembre, el ejército alemán obtenía una clara ventaja y, aunque la resistencia polaca fue heroica (batallas de Westerplatte, Wizna, Bzura y la defensa de Varsovia), sólo pudo retrasar el ataque de las tropas alemanas. El 3 de septiembre, Gran Bretaña y Francia declararon la guerra a Alemania, pero ambos países no tomaron la ofensiva, realizando sólo operaciones en una escala muy limitada, lo que no ayudó a la situación en el frente polaco.
Cartel denuncia el Pacto Molotov-Ribbentrop.
El 17 de septiembre, los soviéticos atacaron desde el este. La propaganda soviética intentó justificar este paso afirmando que el Estado polaco había dejado de existir y que la URSS no tenía más remedio que defender a los bielorrusos y ucranianos que vivían en el territorio polaco. Era una mentira obvia.
A mediados de septiembre, tanto la capital Varsovia como más de la mitad del territorio todavía estaban bajo control polaco. El Ejército Rojo no emprendió ninguna lucha contra los alemanes en defensa de los bielorrusos y ucranianos. Además, ninguna de las dos naciones vio con buenos ojos la perspectiva de incorporarse a la URSS, especialmente después de experimentar la gran hambruna en Ucrania, provocada artificialmente por Stalin en la década de 1930.
Vale la pena enfatizar que la decisión soviética de entrar en la guerra, sólo 16 días después de la agresión alemana, y no inmediatamente, fue el resultado de un frío cálculo. En primer lugar, Stalin se dio tiempo para observar la actitud de las potencias occidentales y, sólo cuando estuvo seguro de que Francia y Gran Bretaña no proporcionarían ayuda activa a Polonia, decidió atacar.
En segundo lugar, esta decisión tuvo un significado propagandístico fundamental. Si hubiera habido un ataque conjunto alemán-soviético contra Polonia el 1 de septiembre, los soviéticos habrían sido ampliamente percibidos como responsables del estallido de la Segunda Guerra Mundial, y las generaciones futuras habrían aprendido en las clases de historia sobre la cooperación entre el comunismo y la Alemania nazi. Por lo tanto, retrasar la agresión era lo mejor para Stalin, incluso si el gobierno alemán, a través de su embajador en Moscú, Friedrich von der Schulenburg, lo seguía presionando.
Los soviéticos no sólo no protegieron a los bielorrusos y ucranianos, sino que cooperaron con los alemanes en la lucha contra los polacos. Un símbolo de esta cooperación fue el desfile conjunto germano-soviético en Brest, el 22 de septiembre, en el que participaron importantes comandantes de ambos ejércitos: Heinz Guderian y Semyon Krivoshein. Hoy podemos ver en YouTube un vídeo único de este desfile y de los cálidos abrazos de los comandantes.
Desde el comienzo mismo de la ocupación, ambas potencias emprendieron acciones encaminadas al exterminio físico de la nación polaca. Ya en el otoño de 1939, los alemanes cometieron una serie de crímenes contra la población civil en Pomerania y, en junio de 1940, establecieron un campo de concentración en Auschwitz, primero destinado a polacos, que luego se convirtió en campo de exterminio, sobre todo para los judíos.
Los soviéticos deportaron en masa a polacos a Siberia (más de 300.000 personas) y en abril de 1940 cometieron una masacre en Katyn, matando a 22.000 oficiales y soldados polacos con un tiro en la nuca. En este caso, lo particularmente importante fue el hecho de que los asesinados eran la élite de la nación: entre ellos se encontraban médicos, abogados, maestros y sacerdotes de diversas confesiones. Moscú admitió este crimen sólo después del colapso de la URSS.
Después de la caída de Polonia en los meses siguientes, hasta junio de 1941, se implementaron las disposiciones del Pacto Ribbentrop-Molotov. A finales de 1939, la URSS atacó Finlandia y en 1940 ocupó Lituania, Letonia y Estonia, además de Besarabia y Bucovina del Norte, pertenecientes a Rumania. Todos estos territorios se tomaron con el apoyo político de Adolf Hitler, que al mismo tiempo estaba conquistando Europa Occidental.
Sin embargo, el estallido de la Segunda Guerra Mundial no es una mera cuestión histórica. Desde el principio, ha sido un tema burdamente instrumentalizado por la propaganda rusa. En 2020, en las páginas de la conocida revista The National Interest, Vladímir Putin publicó un artículo titulado "The Real Lessons of the 75th Anniversary of World War II", en el que culpaba del conflicto mundial a Polonia y a las democracias occidentales (Gran Bretaña y Francia).
Putin defendía en el escrito el Pacto Ribbentrop-Molotov, calificándolo de acuerdo defensivo necesario y pragmático. Asimismo, repetía las tesis stalinistas de que la URSS no atacó a Polonia el 17 de septiembre de 1939, sino que solo se adentró en sus territorios orientales para proteger a sus habitantes de los alemanes. Durante su entrevista con Tucker Carlson, en 2024, el dictador ruso fue aún más lejos. Llegó a afirmar que Polonia "obligó" a Hitler a atacarla porque se mostró intransigente y no quiso cumplir con sus exigencias territoriales. De este modo, una vez más en la historia, Moscú asumió el papel de defensor del totalitarismo nazi.
Vale la pena recordar esta cooperación entre el imperialismo alemán y el ruso en 1939, especialmente hoy en día, cuando Moscú acusa a Ucrania de su supuesto apoyo a la Alemania de Hitler y exige públicamente su "desnazificación". Y no se debe olvidar que, contrariamente a las tesis repetidas por la propaganda rusa hasta el día de hoy, Moscú no entró en la Segunda Guerra Mundial en 1941 como un aliado antinazi de Gran Bretaña y Estados Unidos. Lo hizo el 17 de septiembre de 1939, como aliado de Hitler.