Rubio llama a fortalecer el poder de Occidente y la alianza entre EEUU y Europa

El secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, visita Grecia.

Sumario

  • Marco Rubio pidió en Atenas a los países occidentales reforzar sus capacidades militares, reindustrializarse y defender su soberanía frente a la competencia entre grandes potencias.
  • Defendió la estrategia de Donald Trump de fortalecer el poder nacional mediante el control de cadenas de suministro críticas, la recuperación de fábricas, la defensa y sectores clave como semiconductores, ciberseguridad, energía y espacio.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, llamó a los países occidentales a reforzar sus capacidades militares, recuperar su industria y defender su soberanía ante la competencia entre grandes potencias, en un discurso en Atenas, Grecia, en el que presentó la alianza transatlántica como fundamental para afrontar las amenazas actuales.

Desde la colina de Pnyx, sede histórica de la asamblea ateniense y con la Acrópolis y el Partenón al fondo, Rubio sostuvo que la próxima década y las decisiones que se adopten escribirán la historia del siglo siguiente, y que ese rumbo determinará si Occidente mantiene su lugar a la cabeza del mundo o se resigna a un futuro de atrofia, servidumbre y declive. Defendió la política del presidente Donald Trump de fortalecer el poder nacional.

“Elegimos la búsqueda sin complejos del poder nacional: recuperar el control de nuestras cadenas de suministro críticas, reindustrializar nuestra economía, reconstruir nuestra defensa…”, afirmó, y mencionó también la disputa por el dominio de las tecnologías e industrias del futuro.

El jefe de la diplomacia estadounidense incluyó entre las prioridades de Washington la fabricación avanzada y la superinteligencia, los drones, las armas y la guerra, los semiconductores, los minerales y las capacidades cibernéticas, junto con el despegue de la producción energética, la recuperación de fábricas y una nueva etapa de exploración espacial, incluido el regreso de astronautas a la Luna.

Rubio argumentó que la diplomacia debe estar respaldada por una capacidad militar creíble. Según dijo, los antiguos griegos comprendían que la conducción del Estado requería prudencia y negociación, pero también fuerza cuando esas vías fracasaban.

“El poder requiere no solo tener los medios para defenderse; requiere la credibilidad de que uno está dispuesto a utilizarlos”, sostuvo.

Una parte central del discurso estuvo dedicada a Europa. Rubio expresó confianza en que el continente pueda fortalecer sus defensas y destacó el fuerte aumento del gasto militar, las nuevas asociaciones y la expansión de la producción, que vinculó con los compromisos de defensa asumidos el año pasado en La Haya.

Presentó a Grecia como un aliado ejemplar en defensa, energía y migración, y manifestó su esperanza de que otros países europeos sigan ese camino.

“Queremos ganar juntos. Debemos ganar juntos”, declaró al defender una alianza cuyos beneficios, según explicó, deben alcanzar a ambas orillas del Atlántico.

Como ejemplo, mencionó el acuerdo entre Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia alcanzado el mes anterior, al que atribuyó una reestructuración del Ártico y un refuerzo de la seguridad de la OTAN, sin detallar sus disposiciones. Añadió que las tres partes salieron beneficiadas.

Rubio también cuestionó lo que describió como una pérdida de confianza de Occidente en su propia historia. Afirmó que esa tendencia había contribuido a la apertura de fronteras, la deslocalización industrial, el debilitamiento militar y la transferencia de decisiones a organismos internacionales.

“Las naciones no necesitan abandonar sus identidades particulares para reconocer sus intereses comunes”, afirmó.

El discurso enlazó esos planteamientos con una interpretación de la herencia griega, romana y cristiana de Occidente. Rubio destacó la curiosidad intelectual, la competencia, la búsqueda de la excelencia y el sentido del deber como motores de sus avances científicos, políticos y culturales.

También contrapuso su visión del sacrificio por principios con lo que calificó como un “culto a la muerte” de los mulás radicales de Irán, al que atribuyó ensalzar a niños bomba como héroes nacionales y presentar el martirio como un fin en sí mismo.

“Nuestros héroes pueden estar dispuestos a morir por su causa; pero nuestros héroes no veneran la muerte”, dijo, antes de exhortar a los países occidentales a recuperar el valor y la determinación para enfrentar los desafíos actuales.