Sumario
- Residentes de La Habana Vieja bloquearon la intersección de Lamparilla y Aguacate y detuvieron una pipa de agua para exigir abastecimiento tras casi un mes sin suministro en sus viviendas.
- Una vecina aseguró que la distribución es desigual y favorece a ciertas calles y zonas, mientras otras permanecen sin agua ni electricidad por semanas.
- También denunció que el agua se ha convertido en un negocio inaccesible para familias vulnerables.
En las estrechas calles de La Habana Vieja, la crisis de los servicios públicos ha alcanzado un punto de ebullición. Para muchos vecinos de la zona, el problema ya no es únicamente la falta de recursos, sino la arbitrariedad, la desorganización y la inequidad con la que las autoridades locales gestionan lo poco que hay.
Con la paciencia agotada y sin agua en los recipientes de sus hogares, los residentes del Consejo Popular Plaza Vieja exigieron este sábado respuestas inmediatas y una distribución equitativa de los recursos básicos.
Entre el calor asfixiante, los apagones prolongados y la falta de gas para cocinar, el suministro de agua potable se ha convertido en una odisea diaria que desbordó la paciencia ciudadana y llevó a un grupo de vecinos a bloquear el paso de vehículos en la intercepción de las calles Lamparilla y Aguacate.
Los residentes cerraron la vía pública y detuvieron una pipa de agua que llegó a la zona para exigir el suministro de un recurso básico.
Una vecina de la calle Aguacate, a la que Martí Noticias no identifica para protegerla de represalias, le pone voz a un malestar colectivo que se extiende por cuadras enteras. Tras casi un mes sin recibir agua corriente, su testimonio expone las profundas grietas de la gestión estatal.
"El problema es que es demasiado. Llevamos veintipico de días sin agua. La que va a protestar hoy soy yo, porque cuando hay que votar a mí me llaman de primera y estoy yo en la urna de primera. Entonces hoy no me pueden resolver el problema".
La indignación crece al constatar que, a solo unos metros de distancia, la realidad es completamente diferente. Mientras unas calles permanecen secas por semanas, en otras el agua corre o se distribuyen camiones cisterna (pipas) de manera desigual, alimentando la sospecha de manipulación en las llaves de paso y de favoritismos políticos.
"¿Cómo es posible que antier se botó toda la calle Amargura, que está a una cuadra mía, y no entra [aquí]? Algo aquí está pasando, que tienen cerradas las llaves, ya es mucho. Lo que pasa es la distribución, que es mala, es muy mala".
A la falta de flujo por red se suma el caótico reparto mediante cisternas. Nuestra fuente denuncia que la delegada de su circunscripción priorizó el abastecimiento de su propia cuadra, dejando desamparadas a las familias adyacentes de las calles Lamparilla y Aguacate.
"Cinco pipas para su cuadra en vez de repartirla. Yo quiero mi pipa de mi cuadra. Hagan las cosas ordenadas, poco a poco, para poder aguantar un poquito más. Pero veintipico de días está duro, nadie tiene en su casa una cisterna para veintipico de días".
Detrás de las cifras y los desmentidos oficiales hay rostros concretos. La mujer cuida en su vivienda, ubicada en un primer piso alto, a su madre de 83 años y a su hijo enfermo de hepatitis. La incapacidad de su familia para cargar recipientes pesados desde la calle los deja completamente desvalidos frente a la informalidad del reparto o ante un mercado negro donde el agua se ha transformado en un bien inalcanzable.
"Yo no puedo [cargar agua] porque mi hijo no puede cargar agua porque tiene hepatitis. ¿Qué voy a hacer? No puedo pagar tres mil pesos a un pipero, ¡que se ha convertido el agua en un negocio!"
La simultaneidad con los cortes de electricidad agrava aún más la crisis familiar, evidenciando, la falta de una planificación rotativa y justa por parte de la empresa eléctrica e Hidrología, según la testigo.
"Igual que la luz, es un tema de saber la planificación. Es la rotación. No es un tema [de negar la crisis], porque todos sabemos que no hay petróleo. ¿Pero cómo es posible que en la calle Merced hay luz? ¿Cómo es posible que detrás del Capitolio no se va la luz y nosotros hemos estado dos meses todas las noches sin luz?"
Cansados de acudir a las instancias del Gobierno y del Partido Comunista sin obtener soluciones concretas, los vecinos recurrieron a trancar las vías. La vecina aclara que sus demandas no tienen un trasfondo político, sino de pura supervivencia humana, advirtiendo, además, que la ineficiencia organizativa es la que termina empujando a la población a las calles.
"El problema no es Estados Unidos, el problema es aquí, la organización. Yo no estoy diciendo nada contrarrevolucionario ni nada de eso, pero es demasiado abuso con la población", concluyó.