Sumario
- La muerte a golpes de un perro en el reparto Vista Alegre, en Holguín, evidencia la indefensión de los animales en Cuba, denuncia ONG.
- El animal fue golpeado por vecinos del lugar pese a que otros residentes intentaron detener la agresión y ofrecer ayuda veterinaria, dijeron activistas.
- Activistas sostienen que una sospecha de rabia debía activar protocolos sanitarios, no servir como justificación para matar al animal.
Un nuevo caso de extrema violencia contra un animal ha encendido las alarmas sobre la ineficacia de la legislación vigente y la indefensión en que se encuentran los animales en la isla.
La organización Bienestar Animal Cuba (BAC) condenó la muerte a golpes de un perro en el reparto Vista Alegre, en la ciudad de Holguín, un trágico episodio que reaviva el debate sobre la falta de voluntad política para castigar el maltrato animal en el país.
Según denunció en Facebook Javier Larrea, presidente de BAC, los hechos ocurrieron cuando un perro mediano, de pelaje amarillo y blanco, caminaba asustado con una soga al cuello y buscó refugio entre dos viviendas de la calle González Claver.
“Un vecino identificado como Alejandro Batista comenzó a golpear al indefenso animal luego de que este ingresara al portal de una vivienda. Posteriormente, habría intervenido otro individuo, identificado como Noel Santana, quien continuó con la agresión hasta propinarle la muerte”.
El relato expone no solo la crueldad de los agresores, sino también la impotencia de la comunidad: Varios vecinos intentaron detener el maltrato e intentaron salvar al canino ofreciéndose a trasladarlo a una clínica veterinaria y asumir todos los gastos médicos. Sin embargo, las alternativas fueron rechazadas categóricamente. Para justificar la violencia, se alegó posteriormente que el animal padecía rabia.
Al respecto, Larrea fue enfático en señalar la gravedad de dicha justificación.
“Nosotros sinceramente no podemos afirmar si la tenía o no hasta este minuto, pero una sospecha de rabia exige intervención veterinaria y los protocolos correspondientes de salud del Ministerio de Salud Pública. No puede convertirse automáticamente en una justificación para matar a golpes a un animal”.
El caso de Holguín no es un hecho aislado, sino el reflejo de un sistema normativo que no disuade a los agresores. Aunque en Cuba se aprobó el Decreto-Ley de Bienestar Animal, activistas e independientes coinciden en que la normativa resulta insuficiente y simbólica frente a la magnitud de los abusos.
Alberto Luis Cruz, protector y activista por los derechos de los animales, cuestionó duramente la inacción de las autoridades.
“Los refugios funcionan a raíz de las donaciones de personas de otros países que tienen sentimientos y empatía con los animales y nos hacen llegar la ayuda. De no ser así, los refugios no funcionan porque el apoyo del Estado no lo tenemos”, afirmó.
Cruz criticó que el sistema judicial no tipifique el maltrato animal como un delito penal severo.
“Ningún apoyo, ni tan siquiera tramitar casos de maltrato animal y hacer justicia. Simplemente le ponen tres mil pesos de multa al maltratador y ya. Eso queda ahí impune. Si el Estado verdaderamente tomara cartas en el asunto, eso no pasaría. Si la persona que maltratara o matara a un animal fuera encerrada en la cárcel y tuviera juicio, las personas se limitarían más, pero mientras eso no pase, en Cuba seguirá aumentando el maltrato animal”, sentenció.
A la falta de infraestructura pública para la atención veterinaria y el rescate se suma la respuesta oficial ante la movilización ciudadana. Mientras la sociedad civil independiente asume la carga financiera y logística del rescate animal, los reclamos colectivos suelen ser reprimidos por el aparato de Seguridad del Estado.
“El movimiento animalista todos los días exige los derechos de los animales en redes sociales y en marchas que se han hecho en La Habana. Se reúnen todos los protectores y no pasa nada; la Seguridad del Estado lo que hace es reprimir a los protectores”, concluyó Cruz.
La muerte de la mascota en Holguín vuelve a dejar al descubierto la brecha entre el discurso oficial de bienestar animal y la realidad cotidiana en las calles cubanas, donde la violencia armada contra los seres sintientes sigue pagándose con simples sanciones administrativas mientras la impunidad prevalece.