Con el dolor marcado en la voz y la firme convicción de no guardar silencio, Mariela Lastre Berto denunció públicamente a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), tras la reciente muerte de su hijo, Yandiel Jurado Lastre, de 19 años, en una unidad del Estado Mayor del Servicio Militar de Manzanillo, en la provincia Granma.
En comentarios a Martí Noticias, la mujer sostuvo que la tragedia fue resultado directo de la negligencia, la falta de supervisión militar y las condiciones extremas a las que son sometidos los jóvenes durante el Servicio Militar General (SMG).
Según relata, los hechos ocurrieron cuando otro recluta de entre 16 y 17 años abandonó su posta y se dirigió a Yandiel portando su arma reglamentaria. Pese a que el joven le pidió que no le apuntara, un disparo lo alcanzó.
El responsable directo del disparo fue detenido por las autoridades militares y, tras sufrir una crisis nerviosa, intentó quitarse la vida.
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"La guerra esta no es de nosotros y el Servicio Militar no debe ser obligatorio”
Para la madre, el origen del fatal desenlace no radica únicamente en la acción del menor, sino en la ausencia absoluta de oficiales a cargo.
"En el velorio les pregunté a los jefes qué superior estaba allí para guiarlos, porque ese es un lugar súper peligroso, y ninguno me supo dar respuesta", relató Lastre Berto.
"Los niños no van a pasar el Servicio Militar, van de carne de cañón. Los jefes se van a sus casas a dormir y los dejan solos. No ocurre un hecho como este si hay alguien supervisando".
“Les digo a las madres que están pasando sus hijos en el Servicio Militar, que los recojan, que no los dejen allí, que ellos cuiden lo suyo, que la guerra esta no es de nosotros. Y el Servicio Militar no debe ser obligatorio”, enfatizó.
“Todos los hechos extraordinarios que han pasado en este país con el Servicio Militar han sido por negligencia de aquí de este país, de los que ordenan”, puntualizó.
Lastre Berto opuso resistencia desde el primer momento al reclutamiento de su hijo. Enfrentó citaciones y llegó a pagar una multa inicial de 7,000 pesos —en un sistema sancionador que escala a 14,000, 21,000 pesos y posibles procesos penales— para intentar evitar que fuera incorporado.
Yandiel Jurado Lastre
A las trabas económicas se sumaba la situación médica y familiar: Mariela es paciente de hipertensión severa, padece de gota y de un fibroma a la espera de intervención quirúrgica. Presentó la documentación médica correspondiente ante el Comité Militar pero solo logró evitar que lo trasladaran a La Habana, no pudo impedir su alistamiento en Manzanillo.
Durante su estancia en la unidad, Yandiel, quien nunca había sostenido un arma, expresaba constantemente su desesperación. Su madre describió un panorama marcado por el desabastecimiento, el cansancio extremo y las desigualdades internas: De una plantilla teórica de 85 jóvenes, apenas unos 25 realizaban las guardias de 24 horas, un día sí y un día no, generando una sobrecarga física insostenible.
Lastre Berto acusó de favoritismo y sobornos a los oficiales militares de la unidad que favorecían a los reclutas de familias con recursos económicos o relaciones de influencia a los que exceptúan de las guardias y tareas más rigurosas e incluso les permiten pasar el Servicio Militar en sus casas.
“Hay uno que lleva cuatro pipas de agua en el mes para la unidad y el niño de ese no hace servicio militar. Ese niño lo mandan para la casa y entonces las guardias, se recargan sobre los que sí están en la unidad. Por lo que pude ver, los que tienen dinero allí son los niños que acomodan”, subrayó.
Del mismo modo, refirió la inadecuada alimentación, falta de iluminación en áreas críticas y malos tratos por parte de los mandos que los reclutas percibían similares a los de un recinto penitenciario.
Pese al luto por su único hijo varón, Mariela Lastre Berto afirmó que mantendrá su reclamo hasta que los oficiales al frente del Estado Mayor de Manzanillo paguen: “Lo único que me hiciera sentir a mi justicia por mi hijo es que todos los de las FAR, todos lo que tienen que ver con ese Estado Mayor, que paguen la irresponsabilidad que tienen con esos niños, que tienen que ser más responsables, que sus madres se lo entregan a ellos para que se los devuelvan vivos”.
"Nada me va a devolver a mi hijo, pero pido justicia por los que quedan allí", expresó, al tiempo que instó a otras madres cubanas a no enviar a sus hijos al Servicio Militar.
"Los niños de Cuba deben ser libres, estudiar y formarse en sus hogares. Le juré a mi hijo frente a su ataúd que esto no se iba a quedar así, y si hoy me mantengo de pie, es para cumplir esa promesa", indicó.
La alarmante realidad del Servicio Militar en Cuba, donde la corrupción, el favoritismo y el soborno se han intensificado debido a la crisis generalizada del país; queda expuesta por José Manuel González Rubines, investigador del Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana (OCAC), que examina cómo las profundas desigualdades socioeconómicas y las dinámicas corruptas dentro de las unidades militares imponen una insoportable presión psicológica sobre los jóvenes reclutas de familias vulnerables, llegando a desencadenar consecuencias tan trágicas como el suicidio.
“Por ejemplo, un muchacho que es sacado de su entorno en el centro del país, es enviado al occidente como puede ser, por ejemplo, el caso de Dailier Rodríguez Tamayo, un muchacho que se suicidó en marzo de este año, en el Cotorro, La Habana", detalló.
"Era de una familia, además, muy pobre, no tenía ningún tipo de posibilidad de pagarle a alguien para que lo ayudara o algo así. Imaginemos a este muchacho en un entorno donde además la corrupción prima, cómo ve que otros son tratados con un favoritismo que él no. Eso genera una presión psicológica extra en muchachos que ya están sometidos a una presión psicológica considerable”, señaló el especialista del OCAC.
La organización ha documentado más de un centenar de muertes de adolescentes y jóvenes en el Servicio Militar, desde 2001 hasta el primer semestre de 2026.
“Lamentablemente, vamos por alrededor de 101 casos documentados. O sea, vemos que, a pesar de las denuncias, a pesar de la situación que empeora continuamente, el Estado, el régimen hace oídos sordos ante una situación que solo se agudiza y que sigue cobrándose vidas. El régimen impone a los muchachos una situación sin más excusa que la propia protección del régimen o usarlos como mano de obra esclava y eso hace que los jóvenes mueran o salgan muy dañados”.
Al momento de publicar esta nota, no existe una declaración oficial sobre la investigación del incidente ni sobre las medidas disciplinarias que se aplicarán a los responsables de la unidad militar de la provincia Granma.