Juan Carlos Albizu-Campos: “Cuba está en plena zona de desastre demográfico”

El demógrafo Juan Carlos Albizu-Campos advierte que baja fecundidad, envejecimiento, mortalidad y emigración aceleran el vaciamiento demográfico de Cuba.

Sumario

  • El demógrafo Juan Carlos Albizu-Campos señala que “no existen problemas de población, sino poblaciones con problemas” y sostiene que “la solución tiene que ser que el modelo, de alguna manera, tiene que cambiar” para enfrentar el deterioro demográfico de Cuba.

Cuba enfrenta un proceso de transformación demográfica que va mucho más allá de una simple disminución de la población, dijo a Martí Noticias el demógrafo Juan Carlos Albizu-Campos. La caída sostenida de la fecundidad, el aumento de la mortalidad, el envejecimiento acelerado y la salida masiva de cubanos, especialmente de personas jóvenes y mujeres en edad fértil, están modificando de manera profunda la estructura de la sociedad.

En entrevista con Martí Noticias, el especialista cuestionó algunas de las cifras oficiales sobre la población cubana y advirtió que el país atraviesa lo que denomina un “vaciamiento demográfico”, un proceso que, de mantenerse las tendencias actuales, continuará al menos hasta 2030.

Albizu-Campos sostiene que la crisis no puede analizarse únicamente desde la demografía. A su juicio, se trata de un fenómeno asociado a una situación mucho más amplia, en la que confluyen la crisis económica, alimentaria, sanitaria y social, así como la pérdida de expectativas de futuro.

—¿Cuál es la situación demográfica que enfrenta Cuba?

—Se combinan varios factores. Primero, una caída sostenida de la fecundidad por debajo del nivel de reemplazo. Cuba alcanzó niveles de fecundidad históricamente bajos y, al mismo tiempo, existe un número cada vez menor de mujeres expuestas al riesgo de tener hijos.

A eso se suma la emigración. Durante la oleada migratoria de 2020 a 2024, según cifras internacionales citadas por Albizu-Campos, el 57 % de los emigrantes fueron mujeres. Es decir, habría salido un número significativamente mayor de mujeres que de hombres, lo que tiene un impacto directo sobre la cantidad de mujeres en edad reproductiva que permanecen en la isla.

—¿Qué significa que Cuba tenga cada vez menos mujeres en edad reproductiva?

—Significa que aunque una mujer mantenga una determinada fecundidad, si hay menos mujeres que puedan tener hijos, el número de nacimientos también va a disminuir.

Albizu-Campos considera llamativo que las cifras oficiales reflejen un aumento de nacimientos durante el segundo semestre de 2025, precisamente cuando Cuba atraviesa sus niveles más bajos de fecundidad y una fuerte reducción de la población femenina en edad fértil.

El demógrafo estima que la población cubana ya habría descendido considerablemente por debajo de las cifras oficiales. Según sus cálculos, al cierre de 2023 la población habría sido de aproximadamente 8,61 millones de habitantes.


—¿Qué papel juega la emigración en este proceso?

—Es fundamental. La emigración cubana de los últimos años ha sido predominantemente joven y en edad laboral. Y dentro de ese grupo también se encuentran las mujeres en edad fértil.

Albizu-Campos sostiene que la salida de población joven no solo reduce el número de habitantes, sino que reduce todavía más la capacidad futura de reproducción de la población.

—¿Estamos ante una crisis demográfica?

—El especialista prefiere hablar de un fenómeno más amplio: una “policrisis”.

A su juicio, Cuba no enfrenta una crisis demográfica aislada, sino un contexto en el que se combinan la crisis alimentaria, económica, de servicios, de política social y de expectativas de futuro. Una de las expresiones más claras de este fenómeno, afirma, es que muchas mujeres cubanas no quieren tener hijos en las condiciones actuales del país y algunas incluso contemplan emigrar para tenerlos fuera de Cuba.

—¿Cómo influye el envejecimiento de la población?

—El envejecimiento está estrechamente relacionado con la caída de la fecundidad y con la emigración de las generaciones más jóvenes.

Según el especialista, la estructura poblacional cubana ha pasado de una pirámide que se contrae a una estructura prácticamente invertida. La emigración reciente, concentrada en personas de entre 15 y 59 años, ha profundizado ese proceso.

Albizu-Campos señala además que, según los últimos datos oficiales mencionados durante la entrevista, más del 26 % de la población cubana tendría 60 años o más. Esto significa que aproximadamente uno de cada cuatro cubanos pertenece a la tercera edad.

—¿Qué consecuencias tiene este envejecimiento para la economía y el sistema de pensiones?

—El problema no es solamente que haya más personas mayores, sino que disminuye la población económicamente activa que debe sostener los sistemas de pensiones, salud y asistencia social.

Las generaciones más numerosas del llamado baby boom cubano están llegando a la edad de jubilación. Albizu-Campos advierte sobre lo que denomina un “boom de la jubilación”, que ejercerá una presión creciente sobre el sistema de pensiones y sobre los servicios de salud.

El especialista considera especialmente vulnerable a una población envejecida que depende de pensiones estatales insuficientes y que, en muchos casos, no cuenta con ahorros o recursos familiares suficientes para enfrentar la vejez.

—¿Y qué ocurre con el sistema de salud?

—El envejecimiento implica también mayores costos sanitarios. Las personas mayores presentan con mayor frecuencia enfermedades crónicas no transmisibles que requieren tratamientos, medicamentos e infraestructura mucho más costosos que la atención de enfermedades agudas.

El problema, sostiene Albizu-Campos, es que el propio sistema sanitario cubano atraviesa una profunda crisis y continúa dependiendo prácticamente por completo del Estado.

—¿Puede Cuba revertir este escenario antes de 2030?

—Albizu-Campos no considera probable un cambio sustancial en los próximos cuatro años. Para modificar las tendencias actuales, afirma, tendría que producirse una transformación profunda en los ámbitos político, jurídico y económico, además de establecer reglas que permitan la entrada del capital necesario para recuperar sectores esenciales.

Tampoco considera realista apostar a un retorno masivo de los emigrados como solución al problema demográfico. Según explica, históricamente las migraciones de retorno masivas no constituyen un patrón habitual: quienes se establecen en otros países construyen allí nuevas vidas, aunque mantengan vínculos familiares y económicos con sus lugares de origen.

—¿Qué podría ocurrir si las tendencias actuales continúan?

—Las proyecciones citadas durante la entrevista apuntan a una reducción drástica de la población cubana. Albizu-Campos menciona escenarios en los que Cuba podría llegar a tener alrededor de 5,6 millones de habitantes si se mantienen las tendencias actuales, un escenario que, advierte, podría comenzar a hacerse visible mucho antes de 2100.

Para el demógrafo, el concepto que mejor describe lo que ocurre es “vaciamiento demográfico”: una pérdida acelerada de población provocada por la combinación de baja fecundidad, mortalidad y emigración.

—¿Cuál sería entonces la solución?

—El especialista insiste en que el objetivo no debería ser simplemente alcanzar determinadas cifras de natalidad, mortalidad o esperanza de vida. La prioridad, sostiene, debe ser garantizar condiciones de vida dignas y derechos.

“No existen problemas de población, sino poblaciones con problemas”, afirma Albizu-Campos, al explicar que la dinámica demográfica es, en buena medida, el reflejo de cómo las personas se adaptan a sus condiciones de vida. La reducción de la fecundidad, la emigración y el envejecimiento serían, desde esta perspectiva, respuestas de la población a un deterioro sostenido de sus condiciones de vida.

Por eso, para Albizu-Campos, enfrentar el fenómeno demográfico exige primero transformar las condiciones que lo están provocando: recuperar la economía, la infraestructura sanitaria y los servicios básicos, generar oportunidades y garantizar derechos.

“La solución tiene que ser que el modelo, de alguna manera, tiene que cambiar”, concluye.

Y mientras esas transformaciones no ocurran, advierte, Cuba continuará perdiendo población y envejeciendo a un ritmo cada vez más acelerado.