Sumario
- Una presentación en PowerPoint elaborada en Cuba y destinada a entrenar a agentes del SEBIN y la DGCIM en Venezuela reveló los métodos que la Seguridad del Estado enseña a quienes se infiltran en la isla en la “Actividad Subversiva Enemiga” (ASE).
Durante la Primavera Negra de 2003, un Fidel Castro enfurecido por la condena en Miami de cinco espías de la Red Avispa y por la concesión del Premio Sájarov a Oswaldo Payá, impulsor del exitoso Proyecto Varela, ordenó al estilo fascista la captura de 15 opositores, activistas, periodistas independientes, sindicalistas y bibliotecarios por cada uno de sus espías.
En menos de tres semanas, 75 fueron detenidos y juzgados sumariamente. Dieciocho recibieron condenas de 25 a 28 años; veintinueve, de 20 años. Los juicios se convirtieron en un espectáculo propagandístico en el que la Seguridad del Estado destapó a una docena de sus agentes infiltrados, quienes comparecieron como testigos de la Fiscalía.
Manuel Vázquez Portal, fundador del Grupo de Trabajo Decoro, describió en su libro “Escrito sin permiso” la comparecencia de Manuel David Orrio del Rosario, el “agente Miguel”, infiltrado desde 1992 en la prensa independiente. Su testimonio contribuyó a la condena de 18 años contra Vázquez Portal.
En los juicios contra Raúl Rivero y Ricardo González Alfonso, fundador de la agencia Cuba Press y su mano derecha respectivamente, también comparecieron Orrio y Néstor Baguer (“agente Octavio”). Orrio declaró sentirse “triste” por interrumpir su labor de zapa y se definió como “un militar de honor que obedece las órdenes”.
Otros infiltrados de alto perfil fueron Odilia Collazo Valdés (“agente Tania”), quien llegó a presidir el importante Partido Pro-Derechos Humanos. Testificó en el juicio contra Héctor Palacios (20 años), Oscar Espinosa Chepe (20 años), Héctor Maseda (20 años), Marcelo Cano y Osvaldo Alfonso (18 años cada uno), y Marcelo López (10 años).
Aleida de las Mercedes Godínez Soler (“agente Vilma”), asistente cercana de la economista y expresa política Martha Beatriz Roque, condenada a 20 años .
Una protesta por apagones en La Habana
Avance rápido al presente
Hoy estas prácticas continúan de forma rutinaria contra periodistas independientes, opositores, activistas e influencers. Muchos han denunciado que en las recientes protestas callejeras hay agentes infiltrados que filman e identifican luego a los manifestantes más prominentes.
Para reconocer a estas personas y contrarrestar su influencia es indispensable conocer las instrucciones por las que se guían los infiltrados.
Aquel destape del 2003 no fue un accidente: fue la culminación pública de un trabajo de contrainteligencia que había seguido, durante años, las fases que un manual describe con precisión técnica.
Una presentación en PowerPoint, elaborada en Cuba y destinada a entrenar a agentes del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) chavistas en Venezuela, revela los métodos que la Seguridad del Estado enseña a quienes se infiltran en lo que llaman la “Actividad Subversiva Enemiga” (ASE).
Un reconocido opositor venezolano la hizo llegar a la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba cuando preparábamos en 2019 el libro “Cubazuela: crónica de una intervención cubana”.
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El castrismo y Venezuela: Injerencia, control y narcoterrorismoEl documento, conocido como “Tarea Escudo”, no es un texto improvisado: forma parte de una doctrina operativa sistematizada que distingue variedades de la contrainteligencia, métodos de descubrimiento, prevención y corte operativo.
Conocer esos pasos permite entender cómo trabajan los infiltrados —seducir, compartir, disuadir, sabotear, dividir y poner fin a la actividad— y, por tanto, cómo detectarlos.
Recolectar, obtener y evaluar
El manual define una variedad específica de la contrainteligencia: aquella que, mediante el empleo de métodos y procedimientos propios, recolecta, obtiene y evalúa informaciones de interés a través de fuerzas y medios propios y penetra el entorno del objetivo hasta el punto de poder influirlo desde dentro.
“Penetra la actividad del “enemigo” y su entorno; sobre esta base, debe sentarse a la mesa del “enemigo”; darle consejos mientras comparte su almohada; infiltrarse en sus oficinas; participar en recepciones, cócteles y tés diplomáticos; unirse a su delegación en conferencias y eventos…; disfrutar sus mismos entretenimientos”.
En el centro de la acción...
Su efectividad depende de la posición que ocupe la persona o el recurso técnico empleado y de las condiciones en que se realice. Las variantes son la observación visual-auditiva y el uso de medios técnicos.
En el contexto cubano, un infiltrado colocado como periodista independiente, activista de derechos humanos o colaborador cercano de un líder opositor realiza esta observación de forma cotidiana: asiste a reuniones, escucha conversaciones, registra contactos, anota horarios y observa debilidades.
Orrio, durante más de una década en la prensa independiente, no solo escribía: observaba quiénes eran las fuentes, qué temas generaban más tensión interna y cómo se relacionaban los distintos grupos.
La observación visual-auditiva se complementa hoy con medios técnicos (grabaciones, acceso a dispositivos, monitoreo de chats), pero el principio sigue siendo el mismo: ocupar una posición privilegiada dentro del entorno del objetivo. Esta es la base de la función de “seducir”: hacerse indispensable y generar la confianza que permite la observación prolongada.
Hacer que revele la información
La indagación operativa consiste en impulsar al “enemigo” o a elementos conocedores de la ASE a comunicar conscientemente las informaciones que poseen. Puede ser oficial o no oficial.
El sonsacamiento operativo, más sutil, impulsa a esas mismas personas a comunicar lo que saben sin que tomen plena conciencia de su acción. Se realiza mediante técnicas psicológicas, previo estudio del perfil socio-psicológico del objetivo, y exige preparación del oficial operativo o del colaborador que lo aplique.
Aquí entra de lleno la función de “compartir”. El infiltrado no interroga de forma abierta: conversa, confía, se muestra vulnerable y, poco a poco, extrae información.
El sonsacamiento convierte al propio objetivo en fuente inconsciente de inteligencia. “Compartir la almohada” no es una metáfora retórica: es el método para que el investigado revele, consciente o inconscientemente, la información de interés.
Provocar situaciones controladas
La modelación operativa estudia la ASE a través de modelos (ideales o materiales) que imitan el proceso investigado. Se emplea, por ejemplo, en el estudio de viajes de inteligencia del “enemigo” o de objetivos y procesos de producción.
La inspección operativa busca descubrir y fijar las huellas materiales de personas o grupos de interés, generalmente de forma clandestina, sin dejar rastros y asegurando que el investigado no aparezca en el lugar mientras se realiza.
El experimento operativo, por su parte, estudia al investigado bajo condiciones de influencia dirigida que lo obligan a revelar elementos de conducta que normalmente oculta. Emplea obligatoriamente la observación, crea cambios controlables y condiciones artificiales, y se mantiene en la clandestinidad.
Estos métodos permiten al infiltrado no solo observar, sino provocar situaciones controladas: proponer una acción para ver la reacción, “perder” un documento para observar quién reacciona, o crear un conflicto menor para medir lealtades. En la práctica cubana, estas técnicas se han usado para comprobar sospechas sobre posibles contactos con el exterior o para mapear redes internas de la oposición.
Evitar las acciones
Cuando ya se dispone de información suficiente, entra en juego la prevención operativa: un conjunto de acciones y medidas dirigidas a evitar que el “enemigo” ejecute sus acciones.
Los métodos concretos son cuatro, y se corresponden directamente con las funciones de disuadir y sabotear:
Retención de las acciones. Se influye en la conciencia del investigado para que se retracte o posponga la ejecución de su decisión, demostrándole lo irracional, peligroso o improductivo de lo que pretende. Esta es la función de “disuadir”. Un infiltrado puede argumentar, con aparente realismo y preocupación, que “no es el momento”, que “aumentará la represión” o que “falta organización internacional”.
Desviación hacia objetivos falsos. Se influye para que el investigado dirija sus esfuerzos en una dirección errónea o contraria al fin propuesto. Se le proponen iniciativas nuevas que desvíen su energía sin causar daño aparente al régimen. El infiltrado “seduce” con proyectos alternativos —talleres, campañas de imagen, enfoques “más profesionales”— que diluyen la presión real.
Privación de los medios y obstaculización de las acciones. Se impide que el “enemigo” cuente con los recursos necesarios o se crean obstáculos que dificulten el acceso a objetivos, personas o lugares. Estas son las formas clásicas de “sabotaje” clandestino: retrasos deliberados, “pérdida” de materiales, fallos técnicos, filtración selectiva de información incompleta o creación de barreras logísticas. El objetivo nunca debe poder atribuir el fracaso al compañero de confianza. En el caso de las bibliotecas independientes y los grupos sindicales de los años 90 y 2000, infiltrados lograron que materiales enviados desde el exterior nunca llegaran o llegaran incompletos.
Reclutar, dividir o matar
Si la prevención no basta, se pasa al corte operativo: un conjunto de acciones y medidas dirigidas a eliminar la ASE que realizan uno o varios investigados. Tiene carácter definitivo. Los métodos principales son:
Inclinación al cese de la ASE. Se influye sobre el investigado para que desista definitivamente. Puede incluir un componente de “reeducación” o, incluso, el reclutamiento del propio investigado como colaborador. Se considera la forma más “limpia” de poner fin a la actividad.
Comprometimiento del “enemigo”. Se introduce información (preferiblemente real y verificable; si es desinformación, elaborada con extremo cuidado) y se ejecutan acciones complementarias dirigidas a quebrantar las relaciones entre dirigentes y subordinados. Se recolectan datos comprometedores y se ponen en conocimiento de quien dirige al objetivo. El resultado buscado es el rompimiento de las relaciones conspirativas.
Descomposición de organizaciones y grupos de subversión. Se violan las relaciones organizativas internas, se fomentan y estimulan las discrepancias político-ideológicas, se desacredita a dirigentes y dirigidos, y se fortalecen las rivalidades. Lo esencial de los conflictos debe ser real; la labor del infiltrado consiste en agudizarlos.
Esta es la función de “dividir” en su forma más elaborada. Durante décadas, la Seguridad del Estado cubana ha alimentado luchas intestinas dentro de la oposición mediante filtraciones selectivas, amplificación de críticas personales y promoción de facciones enfrentadas (“los de dentro” versus “los de fuera”, “los moderados” versus “los radicales”).
Desenmascaramiento operativo. Se revelan conductas violatorias de leyes, normas éticas, políticas o sociales del investigado, pero de forma enmascarada, sin que se perciba la acción de la CI. Se utiliza información real o no, que se hace llegar operativamente a las personas del entorno social del objetivo. No debe confundirse con el comprometimiento (objetivos distintos) ni con el desenmascaramiento público, que realizan las instituciones oficiales.
Cuando ninguno de estos métodos resulta suficiente, el manual contempla las medidas públicas del corte: medidas operativas, jurídicas, administrativas y de influencia político-social. Solo se aplican cuando las demás vías han fallado. Los tipos concretos son:
-Exigencia de la responsabilidad penal
-Exigencia de la responsabilidad administrativa
-Desenmascaramiento público u oficial
-Neutralización
Neutralización: un eufemismo por asesinato
La “neutralización” es el último eslabón. El PowerPoint no detalla sus procedimientos, pero la historia cubana reciente ofrece ejemplos elocuentes.
Oswaldo Payá (Premio Sájarov 2002) y su compañero del Movimiento Cristiano Liberación, Harold Cepero, murieron en 2012 tras lo que según la versión oficial y el testimonio arrancado al sueco Aaron Modig fue un "accidente de tránsito" cerca de Bayamo, pero que según el testimonio a The Washington Post del conductor del auto agredido, el político español Ángel Carromero, fue provocado por un vehículo del G2 que los embistió sobre un camino de grava.
Laura Pollán (Premio Sájarov 2005) fue inyectada con un líquido desconocido durante un acto de repudio a las Damas de Blanco en 2011; permaneció hasta su muerte hospitalizada en el Hospital “Calixto García” bajo vigilancia de otro infiltrado, el médico Carlos Leonardo Vázquez González, el “agente Fernando”, destapado en 2021. “Fue algo recurrente que durante los siete días de gravedad de Laura Pollán, esta persona permaneció de guardia en la sala de cuidados intensivos. Era siempre quien abría la puerta y nos decía que no podían dar ninguna información, que no molestáramos a los médicos que todo estaba bien”, recordó el sacerdote episcopal Ricardo Santiago Medina tras la exposición del agente. Cuando vistió el cuerpo de la activista política ya muerta, dice que sintió que tocaba “un guante lleno de agua”, porque no le habían dado diuréticos.
Payá y Pollán gozaban de un prestigio internacional que dificultaba un proceso judicial ordinario. El régimen optó por la neutralización disfrazada de accidente y enfermedad repentina respectivamente. El llamado Plan Baraguá del Consejo de Defensa Nacional prevé medidas de neutralización contra los presos políticos en caso de confrontación militar.
Cómo detectar a los infiltrados de manual
Los activistas prodemocracia cubanos conocen estas tácticas porque las han sufrido a manos del Departamento 21 de Enfrentamiento a la Contrarrevolución. Las señales de alerta se corresponden con las fases del manual:
-Personas que aparecen con recursos o contactos valiosos y se integran rápidamente (posición privilegiada para la observación operativa).
-Individuos que siempre están presentes en las conversaciones más sensibles y logran que otros “compartan” información sin aparente esfuerzo (indagación y sonsacamiento).
-Quienes sistemáticamente desaconsejan acciones de riesgo o proponen alternativas que diluyen la presión (retención de las acciones y desviación hacia objetivos falsos).
-Fallos logísticos recurrentes o filtraciones que no se explican por vigilancia externa (privación de los medios y obstaculización).
-Amplificación constante de conflictos internos, rivalidades y sospechas mutuas (comprometimiento y descomposición de organizaciones).
-Información comprometedora que “aparece” en el momento preciso para destruir relaciones de confianza (desenmascaramiento operativo).
La mejor defensa no es la paranoia paralizante, sino la verificación cruzada de información, la compartimentación de datos sensibles, la rotación de responsabilidades y el mantenimiento de canales de comunicación externos independientes.
Conocer el manual del adversario —desde la observación operativa hasta la neutralización— no elimina el peligro, pero permite reconocerlo cuando el infiltrado se sienta a la mesa, comparte la almohada, da consejos, sabotea en silencio, siembra división y, si es necesario, contribuye a poner fin a la actividad opositora, aún si ello conduce a la eliminación física de los líderes.