Escasez y falta de leyes punitivas en Cuba disparan la venta ilegal y consumo de carne de perro y gato

Basura en La Habana

Sumario

  • Protectores de animales y activistas entrevistados por Martí Noticias advirtieron que la ingestión de carne de gato y de perro ha dejado de ser un murmullo para convertirse en una realidad aislada pero recurrente.

La extrema escasez, la inflación descontrolada y la crisis económica generalizada en Cuba han impulsado la venta ilegal y el consumo de carne de perros y gatos en diversas localidades del país.

Aunque no constituye una práctica generalizada ni legal, múltiples denuncias en redes sociales, reportes de organizaciones independientes y testimonios de la ciudadanía confirman un patrón recurrente de subsistencia límite y degradación social.

Protectores de animales y activistas entrevistados por Martí Noticias advirtieron que la ingestión de carne de gato y de perro ha dejado de ser un murmullo para convertirse en una realidad aislada pero recurrente.

"Hay varios casos de personas que se han descubierto que consumían gatos, perros... No es que las personas tengan mascotas y se las coman porque les hace falta la comida, sino que han recurrido a esos medios para poder subsistir”, afirmó desde Santa Clara el propietario de un refugio de animales que pidió no ser identificado.

La desesperación por llevar alimento a la mesa ha generado un mercado negro de carne de animales domésticos en distintas provincias.

En junio de 2025, la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) interceptó en Holguín a dos ciudadanos que transportaban un cargamento clandestino compuesto por 266 libras de carne de perro y 384 libras de carne de gato procedentes de Ciego de Ávila.

En San José de las Lajas, provincia Mayabeque, durante un operativo policial ocurrido en abril de 2024, las autoridades arrestaron a tres personas que se dedicaban a sacrificar perros de forma clandestina para luego comercializar su carne haciéndola pasar por carne de carnero, cerdo o picadillo.

Residentes de barrios habaneros como La Güinera, en Arroyo Naranjo, y San Miguel del Padrón han denunciado la desaparición constante de mascotas y la caza de animales callejeros para el consumo humano. Zonas como la Loma del Chivo, en Bayamo, y Polvo en el viento, en Guantánamo, son señaladas por vecinos como puntos de hurto y comercialización de gatos.

Paralelamente, la plataforma Food Monitor Program ha registrado anuncios explícitos de venta de carne felina en grupos de compraventa de Facebook y portales como Revolico.

Los testimonios de la población reflejan un profundo quiebre social, angustia ante la inseguridad alimentaria e indignación por el desamparo de las mascotas.

"La situación en este país ya es insostenible, ya se hace muy difícil poner un plato de comida en la mesa. Hay personas que están utilizando a los animales domésticos y se están alimentando de eso. No es una justificación la situación porque realmente los animales domésticos no son comestibles", lamentó Yaíma Sardiñas, residente en La Habana.

Por su parte, protectores de animales expresan su frustración ante la impunidad con la que operan los cazadores y comercializadores clandestinos.

"Hay personas comiendo animales, seguro. Durante el Periodo Especial antes desaparecieron los gatos, y ahora mismo hay gente que caza gatos, y en algún momento se ha vendido carne de perro. El nivel de miseria, no solo de miseria material, sino de miseria humana y de miseria espiritual, es muy fuerte. La gente tiene un nivel también de necesidad tan impresionante y de hambre, que puede llegar a hacer cualquier cosa”, indicó Gretel Valdés Montes de Oca, también desde la capital cubana.

Asimismo, destacó el desamparo institucional al recordar que los colectivos ambientalistas y protectoras independientes no cuentan con reconocimiento legal oficial por parte del Estado.

“A partir de esa publicación que hizo un vecino del tipo, ahí es donde todo el mundo se entera realmente, y entonces, claro, los grupos animalistas, que además somos grupos que no estamos reconocidos por el Estado cubano, somos los que les caemos arriba a esa gente. Vamos a identificar al tipo, a ese tipo hay que sancionarlo, por supuesto. Pero, ¡Dios mío!, cuántas cosas estarán pasando y uno ni se entera, porque no hay control de nada realmente, estamos como desamparados, sabes, es incontrolable lo que pasa alrededor", subrayó Valdé Montes de Oca en referencia a una publicación de hace pocos días en Facebook en la que se denuncia a un individuo que pretendía venderle carne de perro a sus vecinos.

Frente a esta perturbadora situación, defensores de los derechos de los animales y ciudadanos han alzado la voz para condenar no solo la crueldad hacia estas especies, sino también el quiebre ético que representa este fenómeno.

"El aumento de la violencia contra los animales es una vergüenza" y enfatizó con firmeza que "cada ser vivo merece respeto", remarcando que "todo aquel que es cruel con los animales no puede ser buena persona", puntualizó Illinet Mendoza, desde Camagüey.

Si bien las normativas sanitarias vigentes en la isla excluyen a perros y gatos de la lista de especies autorizadas para el consumo humano o la comercialización de su carne, la efectividad de la norma se ve limitada por la falta de herramientas punitivas.

El Decreto-Ley 31/2021 no tipifica el maltrato agravado o el zoocidio como delitos en el Código Penal. Como resultado, la matanza o el consumo de mascotas se salda habitualmente con decomisos y multas administrativas, quedando la vía penal reservada únicamente si el hecho califica como actividad económica ilícita o delito contra la salud pública.

A la escasez extrema se suma la permanencia de mitos en algunas regiones urbanas y rurales, donde se atribuye falsamente al caldo o a la carne de gato propiedades medicinales para curar dolencias respiratorias o neurológicas.

Desde la perspectiva sanitaria, la situación representa un peligro epidemiológico serio. Organismos de salud y especialistas advierten de forma constante que la ingesta de animales callejeros sin esquemas de vacunación ni controles del Centro Nacional de Sanidad Animal (CENASA) expone directamente a los consumidores a patógenos severos: como los transmisores de la toxoplamosis, la rabia y la parasitosis intestinal.

A pesar de la existencia del CENASA, la entidad dependiente del Ministerio de la Agricultura que rige la sanidad animal en la isla; la ciudadanía señala una inacción estatal sistemática frente al cumplimiento tanto de las normativas de higiene y salubridad como de la Ley de Bienestar Animal.

“El gobierno lo sabe. Si ni siquiera hace cumplir la Ley de Bienestar Animal, menos hace cumplir las leyes de sanidad. El gobierno lo sabe, y en cuanto a acción, nunca han tomado ninguna", recalcó el protector villaclareño.

Martí Noticias trató de comunicarse con un especialista del CENASA pero no contestaron nuestras llamadas.

La crisis no solo afecta a los animales sacrificados para ser vendidos como alimento; las familias se ven forzadas a abandonar a sus mascotas. Esta ola de abandono ha desbordado la capacidad de los refugios independientes, cuyos voluntarios intentan mantener con vida a los animales en medio de los apagones eléctricos, el desabastecimiento de agua y la escasez de recursos.