Sumario
- Mientras el MINSAP ha dejado de ofrecer información nacional, el Observatorio Global del Dengue cifra en 7.133 el acumulado del año.
- El dato incluye un incremento de 32% en agosto respecto a julio.
En septiembre de 2026, Cuba atraviesa otra temporada de dengue marcada por el silencio estadístico nacional, el deterioro de la vigilancia vectorial y un sistema hospitalario que, según denuncias reiteradas, carece de sueros, reactivos y capacidad de respuesta oportuna.
El Global Dengue Observatory, plataforma que consolida reportes oficiales y estimaciones cuando estos llegan con retraso, actualizó el 18 de septiembre que el país ya acumula 7.133 casos en lo que va de 2026, unas 7,4 veces el nivel esperado para la temporada.
En agosto se contabilizaron 3.214 casos, un salto de 32 por ciento respecto a los 2.173 de julio. El observatorio sitúa el pico histórico promedio en octubre y advierte que la temporada “corre alta”. Esos datos han sido difundidos y contextualizados por el médico cubano Alexander Jesús Figueredo, voz crítica del colapso sanitario y de la opacidad epidemiológica.
La cifra de 2026 no se entiende sin la epidemia dual de dengue y chikungunya de 2025. La Organización Panamericana de la Salud llegó a contabilizar entonces 81.909 infectados y 65 muertes oficiales por ambas arbovirosis. El Ministerio de Salud Pública reconoció, en un momento de la crisis, 33 fallecidos por arbovirosis: 12 por dengue (siete menores de 18 años) y 21 por chikungunya (14 también menores).
El Observatorio Cubano de Conflictos, en cambio, compiló al menos 87 muertes documentadas entre octubre y noviembre de 2025 a partir de registros ciudadanos, funerarias y redes, la mayoría de menores, y atribuyó buena parte de esos decesos a la falta de sueros, medicamentos y atención oportuna. Estimaciones posteriores de otros observatorios independientes elevaron la mortalidad a miles, un contraste que el Gobierno nunca ha despejado con un balance nacional desagregado y auditable.
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Cuba enfrenta brote de enfermedades gastrointestinales agravado por la calidad del agua y los apagonesDesde entonces, el MINSAP ha discontinuado los partes nacionales periódicos que durante la epidemia de 2025 al menos ofrecían un recuento agregado de fallecidos, críticos y transmisión por provincias. La Organización Panamericana de la Salud ha señalado que Cuba es uno de los pocos países de la región que no actualiza sus cifras de dengue en las bases públicas correspondientes a 2026. El vacío nacional contrasta con lo que sí filtra la prensa provincial y los reportes locales: alza de síndromes febriles, focos de Aedes aegypti por encima de lo permisible y circulación simultánea de varios serotipos, incluido el DENV-4, asociado a formas más graves.
En Sancti Spíritus, el periódico Escambray documentó cinco semanas consecutivas de incremento en la tasa de incidencia de casos sospechosos. Las autoridades locales reconocieron que la fumigación y el tratamiento de depósitos de agua se limitan a las manzanas con focos, febriles o positivos, “de acuerdo con la disponibilidad de combustible y plaguicida”.
En Las Tunas se confirmó la circulación de DENV-4 y un escenario “mucho más complejo” en áreas de Jesús Menéndez, Jobabo y la cabecera provincial, con plantillas de control vectorial cubiertas apenas a la mitad. En Unión de Reyes, Matanzas, se reportaron 154 síndromes febriles inespecíficos en pocos días, en un contexto de limitaciones para fumigar.
Guantánamo concentra uno de los cuadros más graves de este mes de septiembre. Tres municipios —Imías, Baracoa y la cabecera— permanecen en transmisión activa; otros tres están bajo vigilancia. Hay más de 30 confirmaciones por PCR, circulación simultánea de los serotipos 2, 3 y 4, e infestación por encima de lo permitido incluso en Maisí y Yateras.
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“Los mosquitos se están dando gusto con las personas”, denuncian brote de dengue en CubaEn las últimas seis semanas han aparecido casos graves con signos de alarma, sobre todo en niños. A finales de julio ya se habían contabilizado 23 sospechosos en una semana y se había declarado alarma en Imías y San Antonio del Sur. La falta de investigadores de foco y la acumulación de micro y megabasureros, agravada por la escasez de combustible para la recogida, sostienen el brote.
La letalidad no se explica solo por la virulencia del virus. En Nueva Gerona, Isla de la Juventud, María Luisa Mendoza, de 27 años y hermana del pelotero Héctor Mendoza, murió de dengue hemorrágico en el hospital Héroes del Baire. Llegó deshidratada y no había suero. La familia salió a buscar insumos; cuando regresó, la joven entró en paro. El manejo del dengue grave descansa, precisamente, en la reposición intravenosa de cristaloides. Sin suero, el protocolo se convierte en una formalidad.
Síntomas del dengue. (CDC)
Esa carencia no es un caso aislado. Hospitales pediátricos y de adultos reportan falta de sales de rehidratación, sueros, analgésicos y, en varios territorios, reactivos para confirmar serotipos o distinguir dengue de chikungunya, oropouche u otros síndromes febriles. Sin laboratorio, el diagnóstico se vuelve clínico y tardío. El doctor Figueredo y otros profesionales en el exilio han insistido en que la ausencia de pruebas moleculares y serológicas impide saber qué circula realmente y cuántos pacientes mueren “sin causa clara”.
La atención pediátrica es el eslabón más frágil. En La Habana, padres describen esperas prolongadas en hospitales infantiles cuando un niño llega con fiebre, en medio de apagones que detienen equipos, interrumpen la cadena de frío y saturan las guardias. El protocolo oficial indica ingresar a menores de 12 años con síndrome febril para observación. En la práctica, las familias relatan altas prematuras, falta de seguimiento en el área de salud y escasez de antipiréticos. Martí Noticias documentó la preocupación creciente por la demora en valorar signos de alarma en pediatría capitalina.
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Dengue, apagones y escasez: crece la preocupación por la atención pediátrica en La HabanaSeptiembre es uno de los meses más lluviosos del calendario cubano. Las precipitaciones se acumulan en cualquier oquedad: charcos, latas, tanques destapados, y basureros que los servicios comunales no recogen por falta de combustible. El Aedes aegypti encuentra criaderos dentro y fuera de las viviendas. Autoridades de Pinar del Río admitieron que la fumigación intramuros se restringe a pocos municipios y depende de que haya electricidad. En Holguín, Sancti Spíritus y Santiago de Cuba, residentes y activistas denuncian que “los mosquitos se están dando gusto” mientras las campañas de control se reducen a altavoces o a operativos puntuales. El doctor Roberto Serrano, desde Songo-La Maya, resumió el cuadro como “medicina cavernícola”: sin pesticida, sin petróleo y con datos oficiales por debajo de la realidad.
Frente a ese escenario, el mensaje sanitario que llega a la población suele reducirse a una consigna: hidratarse. La recomendación no es falsa, pero es incompleta. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos detallan un manejo clínico por grupos. El dengue sin signos de alarma puede tratarse en casa con líquidos orales abundantes, paracetamol —nunca aspirina ni naproxeno ni ibuprofeno que propician el sangramiento— y vigilancia diaria del hemograma. En cuanto aparecen signos de alarma —dolor abdominal intenso, vómitos persistentes, sangrado de mucosas, somnolencia, hepatomegalia— el paciente debe ser hospitalizado.
El dengue grave exige cristaloides isotónicos en bolo, control horario de signos vitales y, si no hay respuesta, coloides, preferiblemente en cuidados intensivos. Hidratarse no sustituye el suero intravenoso, ni el laboratorio, ni la detección precoz del choque. Y la hidratación oral debe incluir jugos, agua de coco o caldos, pues el agua sola no es lo ideal.
La distancia entre esa guía y la realidad cubana de 2026 es el núcleo de la situación actual. Un país que en 2025 pagó una epidemia letal, con 55 muertos reconocidos y 87 compilados de forma independiente, entra ahora en el tramo más húmedo del año con más de siete veces los casos esperados, sin parte nacional, con provincias en transmisión activa, y con hospitales que no siempre tienen el frasco de suero que marca la diferencia entre un dengue grave y una muerte evitable. El observatorio global pone número a lo que las calles, los pediátricos y las funerarias ya muestran: la temporada no está bajo control.