Sumario
- Carlos Mendoza, manager de los Mets, enfrenta presión tras una racha de 12 derrotas consecutivas y el peor récord de MLB, pese a contar con la segunda nómina más alta; el regreso de Juan Soto busca revertir la crisis.
- Joe Espada, al mando de los Astros, sufre un inicio 2026 con efectividad colectiva de 6.05 y récord de 9-16, ocupando el último lugar en el Oeste de la Liga Americana, lo que pone en riesgo su continuidad.
- Alex Cora y los Medias Rojas, últimos en su división, padecen un pitcheo ineficaz y una ofensiva pobre.
No hace todavía un mes que comenzó la temporada 2026 de las Grandes Ligas, pero ya empiezan a sonar los nombres de los primeros candidatos a perder su empleo como managers.
El primero es, a todas luces, el venezolano Carlos Mendoza, director de los Mets de Nueva York, que hasta el martes 21 de abril acumulaban una racha de 12 derrotas consecutivas.
Con siete victorias y 16 reveses, los Mets son hoy el peor equipo de todo el béisbol y aunque todavía le quedan 139 partidos al calendario regular, el mal arranque contrasta con la nómina salarial de 373 millones de dólares, la segunda más alta entre los 30 equipos.
Ya el año pasado también tuvieron la segunda mayor plantilla y ni siquiera consiguieron clasificar a la postemporada y si bien es cierto que Mendoza ni batea, ni pitchea, ni fildea, la soga siempre romperá por el lado más débil, pues es más fácil despedir al manager, que a los 26 jugadores.
Para este miércoles se anunció el regreso de Juan Soto, tras una estancia de 15 días en la lista de lesionados que han parecido una eternidad para los fanáticos que esperan que el dominicano sea el salvador de un equipo que avergüenza a sus exigentes seguidores.
Un dato adicional para desilusionar aún más a la fanaticada de “el otro equipo de Nueva York”: antes de los Mets, otras 138 veces a lo largo de la historia un equipo hilvanó una seguidilla de 12 fracasos y ninguno de ellos logró avanzar a los playoffs.
Houston, tenemos problemas
El puertorriqueño Joe Espada heredó en 2024 el puesto del legendario Dusty Baker, quien dos años antes le dio a la franquicia de los Astros de Houston su segunda corona en Series Mundiales.
Pero a pesar de contar un equipo sólido en todo sentido, con la mezcla perfecta de veteranos y jóvenes talentosos, apenas en su primer año logró llevar a Houston a los playoffs, para caer barrido 2-0 en la ronda de comodines ante los Tigres de Detroit.
En el 2025, la novena se quedó corta para alcanzar la postemporada, a pesar del impulso que representó el regreso a sus filas del boricua Carlos Correa, uno de los líderes del proceso de construcción de la generación dorada en la historia de la franquicia.
Y en este inicio del 2026, los Astros parecen haber tocado fondo, a pesar del arranque en modo MVP del cubano Yordán Alvarez y una alineación que incluye a los experimentados José Altuve, Isaac Paredes y Christian Walker, junto a los prometedores Joey Loperfido y Cam Smith.
Pero sus lanzadores trabajan para una efectividad colectiva de 6.05, la peor de ambas ligas.
Nueve triunfos y 16 derrotas en los primeros 25 partidos le valen para ocupar el frío sótano de la complicada división del Oeste de la Liga Americana y ponen el empleo del manager Espada pendiente de un hilo.
Si bien los Astros no cuentan con la nómina salarial de los Mets, 238 millones (la undécima más alta) no se corresponden con resultados tan pobres.
Alex Cora no encuentra el camino
Y también en el fondo de su división, los Medias Rojas de Boston son el hazmerreír del Este del joven circuito.
El pitcheo ha sido la clave del fracaso. El zurdo Garret Crochet, candidato al premio Cy Young en los pronósticos de pretemporada, ha sido un desastre, con su efectividad de 7.88, mientras que Sonny Gray el cubano Johan Oviedo, dos de los miembros de la rotación de abridores, están en la lista de lesionados.
En total, los serpentineros de los Medias Rojas trabajan para mediocre promedio de 4.40 limpias por cada nueve innings.
En la ofensiva, han anotado apenas 89 carreras, para ocupar el lugar 26 entre los 30 equipos.
A Cora, a diferencia de Mendoza y Espada, le favorece tener en su currículum el haber llevado a Boston a la conquista de una Serie Mundial.
Pero eso fue en 2018 y ya se ve demasiado distante como para salvar por mucho más tiempo a un manager que no consigue que sus jugadores empiecen a ganar, en concordancia con la sexta mayor plantilla de salario de todo el béisbol (267 millones).