Aumento de asaltos en semáforos de La Habana revela la creciente ola de inseguridad ciudadana

Un automóvil clásico circula por una calle en La Habana, Cuba, el 15 de julio de 2026. REUTERS/Norlys Perez

Una creciente ola de asaltos a vehículos detenidos en los semáforos mantiene en alerta a los conductores en La Habana. Bandas de jóvenes aprovechan las luces rojas y la falta de vigilancia policial para saquear automóviles particulares y transportes de mercancía a plena luz del día.

La organización de bandas compuestas por adolescentes y jóvenes para asaltar vehículos detenidos en las intersecciones con semáforos es un fenómeno en avance en la capital cubana.

El modus operandi se repite con precisión: los asaltantes aguardan a que la luz roja obligue al conductor a detenerse por completo para intentar abrir simultáneamente la puerta del chófer y las traseras, buscando neutralizar cualquier reacción y arrebatar bolsos o mochilas.

En el caso de camiones, camionetas o buses, los delincuentes fuerzan los maleteros con herramientas o se trepan directamente a las zonas de carga para lanzar el equipaje al asfalto antes de emprender la huida.

“Por ahí mismo yo estaba por esa zona y había grupos de muchachos que en los semáforos, cuando los carros paraban, se le subían arriba a bajar la mercancía. Eso sí lo vi, en Vía Blanca y Calzada de Diez de Octubre”, relató a Martí Noticias Orlando Doimeadiós, lamentando que en el lugar “no apareció un policía, una patrulla, nada”.

En las redes sociales, el malestar y la alarma son generalizados. El perfil Nío reportando un crimen narró el caso de una familia que vivió momentos de terror al ser asaltada en el semáforo de la Vía Blanca a la entrada de la ciudad, perdiendo casi la totalidad de los recursos que sus hijas trasladaban para iniciar sus estudios universitarios.

Los usuarios denuncian que la delincuencia en la vía pública ha alcanzado niveles sin precedentes, señalando la inacción policial y comparando la situación actual con el deterioro histórico de la seguridad en otros países de la región.

El descontento ciudadano apunta a que las autoridades concentran sus recursos en la fiscalización o en la represión política, dejando desprotegida a la población y forzando a los propios conductores a considerar la autodefensa ante la falta de amparo institucional.

La peligrosa modalidad afecta tanto a automóviles particulares como al transporte de mercancías, concentrándose los incidentes más recientes en la Vía Blanca, en puntos críticos como la Calzada de Diez de Octubre, en la zona de Puentes Grandes en dirección a la Ciudad Deportiva y otras rutas clave de acceso a la capital.

Esta escalada de violencia en la vía pública coincide con las alertas emitidas por embajadas destacadas en La Habana sobre el paulatino deterioro de la seguridad ciudadana y el incremento de robos a vehículos impulsados por la precaria situación económica.

Asimismo, los recurrentes apagones que dejan a la ciudad a oscuras generan un entorno propicio para el delito durante la noche, aunque los ataques también ocurren a plena luz del día.

Para observadores de la realidad cubana, la problemática responde a una profunda descomposición social y estructural. El periodista independiente Rudy Cabrera vincula el fenómeno a factores de marginalidad, pérdida de autoridad familiar y falta de perspectivas en los jóvenes:

“También es de formación. Tiene que ver mucho el territorio. Aquí mismo [en el Cerro] yo tengo cerca un plante de abakuás y la mayoría de los muchachos de esa zona su aspiración no es hacerse ingeniero, hacerse médico. Es hacerse abakuá”.

Según Cabrera, “tiene que ver la edad, la marginalidad”, e incluso la búsqueda de entretenimiento, de aventura, la rebeldía ante un entorno que les es hostil.

“Algunos que apedrean carros, ¿qué beneficios obtienen? Muchos hacen daño por el disfrute del daño. Se ha perdido, sobre todo por parte de los padres, la exigencia, la responsabilidad de los muchachos, Cuando ya el sistema pierde el prestigio, la autoridad, suceden estas cosas”, señaló Cabrera.

Por su parte, el también periodista independiente Jorge Enrique Rodríguez advirtió sobre la extrema vulnerabilidad del ciudadano común:

“Estamos hablando de una ciudad totalmente a oscuras, sin transporte público, donde la gente tiene que salir obligadamente a la calle todos los días porque la economía no permite acumular comida por los apagones. No hay patrullaje policial; en fin, estamos hablando de un contexto donde todo está conllevando a que los cubanos sean cada día más vulnerables”.