Sumario
- La historia de la revista El Puente es, en realidad, la historia de un hombre, de un poeta que se negó a desaparecer.
La historia de El Puente es, en realidad, la historia de un hombre, de un poeta que se negó a desaparecer.
Ese hombre fue José Mario Rodríguez, poeta, editor y una de las figuras más singulares del exilio cultural cubano. Su revista madrileña, Resumen Literario El Puente, publicada entre 1979 y 1988, prolongó en el destierro el espíritu rebelde, inclusivo y profundamente humano que había caracterizado a las Ediciones El Puente originales en La Habana.
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El Puente. Autor: José Mario
A comienzos de los años sesenta, José Mario fundó en La Habana las Ediciones El Puente, un proyecto independiente que publicó a jóvenes voces como Nancy Morejón, Belkis Cuza Malé, Miguel Barnet, Georgina Herrera o Lina de Feria.
El grupo fue rápidamente atacado por el aparato cultural oficial: se les acusó de “desviación ideológica”, se censuraron sus libros y José Mario terminó en las UMAP, los campos de trabajo forzado del régimen. En 1968 salió de Cuba rumbo al exilio.
Tras pasar por Praga y París, José Mario se instaló en Madrid, donde comenzó a rehacer su vida y su proyecto editorial. Allí refundó El Puente como sello y, más tarde, como revista.
La capital española se convirtió en su refugio y en el centro de una red de escritores cubanos dispersos por Europa y América.
Entre 1979 y 1988, José Mario publicó 50 números de una revista que funcionó como archivo, refugio y plataforma de resistencia cultural.
Rasgos esenciales:
• Rescate de voces silenciadas — La revista recuperó autores censurados en Cuba, como Delfín Prats, cuyo libro Lenguaje de mudos José Mario reeditó tras haber sido destruido en la isla.
• Pluralidad estética — Publicó poesía, narrativa, crítica y ensayo sin someterse a líneas ideológicas.
• Red del exilio — Colaboraron escritores como Reinaldo Arenas, Roberto Cazorla, Rolando Morelli y Arminda Valdés Ginebra, parte del comité editorial.
• Producción artesanal — José Mario editaba, maquetaba y financiaba la revista casi en solitario, fiel al espíritu original de El Puente.
La revista se convirtió en un espacio de memoria para el exilio cubano. Su importancia radica en varios frentes:
• Archivo del exilio — Documentó la obra de escritores dispersos por Madrid, Nueva York, Miami, París o Caracas.
• Resistencia cultural — Su mera existencia desafiaba el intento de borrar a El Puente del canon oficial cubano.
• Continuidad histórica — Conectó a los autores de la primera etapa habanera con nuevas voces del destierro.
• Independencia radical — Fue un proyecto sin subvenciones, sin instituciones detrás, sostenido únicamente por la voluntad de su editor.
José Mario murió en Madrid en 2002, pero su obra editorial sigue siendo un referente para entender la literatura cubana fuera de la isla.
El Puente —en su versión habanera y madrileña— permanece como símbolo de insumisión cultural, solidaridad entre escritores y resistencia frente al olvido.
Su revista es hoy una fuente imprescindible para investigadores de Hispanoamérica y un testimonio de cómo un solo editor, armado apenas con una máquina de escribir y una convicción inquebrantable, puede sostener una tradición literaria entera.