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Violador del estadio aterroriza a El Palmar


Calle de El Palmar, municipio Marianao

Sus víctimas en esa barriada de Marianao suman más de una decena, pese a que usa siempre el mismo modus operandi: las amenaza con un cuchillo y las lleva al estadio local para violarlas.

Luego de un descanso de 8 meses, el violador de El Palmar ha vuelto a atacar.

En ese reparto insalubre del municipio capitalino Marianao, desde hace más de dos años un violador que aún no se ha podido identificar, ha violado a más de una decena de jóvenes, con el mismo modus operandi.

Al parecer, la Policía Nacional Revolucionaria no está preparada para atrapar a estos depredadores sexuales.

La más reciente violación ocurrió en la madrugada del primero de abril, en la calle 128 entre 71 y 73.

Mirelis Fernández Bridón, de 18 años, regresaba a su vivienda, sita en calle 126 entre 89 y 89-A, cuando fue cogida por el cuello y amenazada con un cuchillo. Como a varias otras de sus víctimas, el agresor la llevó al estadio "Juan Manuel Marquez", y allí la violó.

La víctima y familiares comentan que por ser abusada, lo fue hasta contra natura. El violador le mordió los labios, la lengua, y otras partes del cuerpo. También le robó sus utensilios de manicure, que llevaba en una mochila, y su teléfono móvil.

La víctima describe al violador como un mulato alto, que llevaba un ildé (pulsera religiosa) negro y rojo (los colores que representan al orisha Elegguá de la santería), y aretes en ambas orejas.

Con las victimas anteriores el violador se protegía, pero esta vez no lo hizo [el país atraviesa una escasez generalizada de condones]. Mirelis Fernández Bridón teme haber sido infectada con algún tipo de enfermedad de transmisión sexual.

Los medios informativos oficiales, como de costumbre, no han informado sobre estos sucesos. Al parecer, esperan que más mujeres sean violadas por este depravado sexual, que podría portar alguna enfermedad contagiosa.

Estos depredadores sexuales se confían según se incrementa el número de sus víctimas, y pueden llegar a matar para lograr su objetivo.

En El Palmar se vive en constante terror. El violador sigue suelto, obrando a su antojo, sin que nadie ni nada pueda detenerlo.

(Publicado originalmente en Primavera Digital el 04/11/2014)

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