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¿Qué busca Venezuela con asilo a Snowden?


El periódico subraya que Nicolás Maduro no tiene ninguna intención de alterar el rumbo de la revolución bolivariana.

El diario The Wall Street Journal analiza las razones del presidente venezolano, Nicolás Maduro, para ofrecer refugio al fugitivo estadounidense Edward Snowden.

El presidente Nicolás Maduro quiere hacer creer que su gesto de brindar asilo al excontratista de seguridad Edward Snowden –reclamado por la justicia de EE.UU. – demuestra el compromiso de Venezuela con la libre expresión y su férrea oposición a esconder información del público, dice un comentario del diario The Wall Street Journal.

También “quiere que el mundo conozca su rechazo a las operaciones secretas de inteligencia de los gobiernos”, agrega, lo que a juicio de la autora del comentario, Mary Anstasia O´Grady, miembro de la junta editorial del periódico, resulta curioso porque Venezuela no ha expresado “la misma indignación acerca de cómo sus aliados ocultan información”.

Al caso cita como ejemplo al gobierno argentino de la presidenta Cristina Fernández, que “se negó a otorgarle al fiscal federal Alberto Nisman autorización para viajar a Washington e informar a un comité del Congreso estadounidense sobre los datos que ha reunido sobre las células terroristas de Irán y Hezbollah en el hemisferio occidental”.

Pero la “manera más fácil de entender su oferta para otorgar refugio a Snowden es como un intento para distraer a los venezolanos de sus crecientes y cotidianas penurias económicas y hacer que, en un gesto patriótico, apoyen la decisión de irritar al Tío Sam”. Sin embargo, apunta, “no es lo único”.

A juicio del diario “Maduro puede estar tratando de establecer sus credenciales como un líder tan comprometido con la causa antiestadounidense como su predecesor, Hugo Chávez, quien había forjado un fuerte lazo personal con el ex presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad. También necesita abrir su propio espacio en la política sudamericana”.

De modo que la oferta de asilo a Snowden, señala, es además una forma de “enviar un mensaje al mundo de que, más allá del débil intento del secretario de Estado estadounidense, John Kerry, de buscar un acercamiento con Caracas el mes pasado, la Venezuela post-Chávez no tiene ninguna intención de alterar el rumbo de la revolución bolivariana”.

El Journal pone además de relieve que “el control estatal de la información, por (Maduro) un presidente que se ha vuelto el principal defensor de Snowden en el mundo, es casi absoluto”, lo que contrasta con el hecho de que esa arma de represión, “la capacidad de espiar a los ciudadanos”, es algo que “Snowden supuestamente aborrece”.

A propósito destaca que “Chávez nunca tuvo remordimientos a la hora de grabar las conversaciones de sus adversarios, una práctica que continúa durante la gestión de Maduro”, y menciona dos recientes casos que han recibido gran difusión.

Uno de esos casos, precisa, es el referido a un reconocido partidario del gobierno que “acusa de presuntos delitos a gente del gobierno en una conversación con un militar cubano y otro contra un político opositor, (que ) han intensificado la sensación entre los ciudadanos de que no existen las conversaciones privadas en Venezuela”.

Con todo, el Journal apunta que “incluso un gobierno que cierra la prensa y espía a sus ciudadanos sin rendirle cuentas a nadie necesita aliados. Ningún país puede sobrevivir en el aislamiento absoluto, en especial cuando su poderío económico colapsa”. Y eso, dice, “los déspotas latinoamericanos lo entienden”.

Esa es la razón por la que en opinión del diario, “Argentina trata de depositar gestos de buena voluntad en su cuenta con Irán al bloquear el viaje de Nisman a Washington. Venezuela, al ofrecer refugio a Edward Snowden--dice--, está realizando, sin lugar a dudas, un ofrecimiento similar a los enemigos de sus enemigos”.

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