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Tanto Chávez como sus aliados están de acuerdo en que no hay relevo.

Las diferencias fundamentales entre una sociedad democrática y un régimen de características autocrática, es la fortaleza de sus instituciones, la certeza que ante la ausencia del mandatario o ante una crisis de gobernabilidad, el estado de derecho, el respeto a la constitución, van a primar por encima de los intereses de grupos.

La ausencia de una persona, por importante que sea el cargo, no determina la caída de un gobierno, situación contraria a lo que se percibe en Venezuela, donde el presidente Hugo Chávez, como si fuera un jefe de operaciones militares, dirige las tropas desde miles de kilómetros de distancia, lo que hace evocar a José Martí, quien escribió al generalísimo Máximo Gómez, “general una república no se dirige como un cuartel”, consejo que nunca han acatado los hermanos Castro ni Hugo Chávez.

Los gobiernos que se sustentan en el liderazgo de una persona son particularmente frágiles, y si el caso cubano hasta el momento ha sido una excepción, es por la concepción dinástica que Fidel Castro impuso en la nomenclatura que forjó, durante los más cuarenta y cinco años de mandato absoluto.

Cuba ha sido dirigida por décadas como un estado teocrático. La voluntad del soberano aunque todavía es ley, presenta las fisuras que siempre han caracterizado la autocracia chavista.

Por su parte Venezuela, a pesar del despotismo imperante, ha contado con espacios legales que han impedido que se imponga el estado policiaco necesario para que el régimen sobreviva, aun, cuando el líder haya desaparecido.

No obstante el mandatario ha tomado medidas de control, cosa que es de suponer que sus seguidores ven con alegría. Recientemente designó un Consejo de Estado, un probable paso para iniciar un proceso de transición e informó de la voluntad de su gobierno de abandonar la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, una entidad independiente que con frecuencia ha criticado con severidad a su gobierno. También aprobó una ley laboral que busca el apoyo de los trabajadores en los próximos comicios.

Tanto Chávez como sus aliados están de acuerdo en que no hay relevo. Sus seguidores creen que el comandante es insustituible, por lo que es vital que de señales de tener el control de la situación, ya que una transferencia del mando, o una percepción de anarquía, podría generar el caos en el que todos estarían contra uno y uno contra todos.

Son muchas las informaciones de divisiones al interior del gobierno, lo que genera inseguridad y la formación de grupos de poder rivales entre sí. También hay informaciones sobre la disposición de ciertos sectores oficiales de arremeter contra la oposición, para garantizar la continuidad del régimen.

Para un dictador duro y puro, la afición de Hugo Chávez a las elecciones es un lastre que ha impedido fortalecer las estructuras del régimen, pero ese es un factor común a todas las dictaduras institucionales, como se pueden calificar los regímenes de Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega.

A pesar de las acusaciones contra la oposición de buscar la inestabilidad política, tanto Chávez como sus partidarios, están convencidos que sus contrarios no tienen capacidad ni voluntad para producir un proceso de desestabilización que pueda poner en peligro el régimen y menos el país.

La nomenclatura bolivariana está consciente que los únicos con capacidad y voluntad para recurrir a la violencia son ellos. También saben que aunque los dirigentes de las Fuerzas Armadas han hecho publica su adhesión al gobierno, hay un número importante de oficiales que acatan el mandato presidencial, exclusivamente por su lealtad a la constitución.

El presidente Hugo Chávez, independientemente al estado real de su salud, ha manipulado con fines electorales la información relacionada con su enfermedad, al extremo, afirmó Luis Vicente León, presidente de la encuestadora Datanalisis, que en el país el “monotema es la salud de Chávez”.

Muchos analistas opinan que los miles de rumores sobre su recuperación o gravedad, han restado espacio a un genuino debate electoral y a un balance de la gestión del gobierno, lo que en la opinión de Vicente León, va en detrimento de las posibilidades de triunfo de Henrique Capriles, candidato de la oposición.

A los venezolanos les está llegando su hora 25. Esta es posiblemente la última oportunidad constitucional para impedir que el modelo castrista con las modalidades del siglo XXI, se imponga en el país.

Hay que votar si se tiene la oportunidad. Si vence el hastió y la decepción que provoca la política y los políticos, se está favoreciendo a los enemigos de la libertad y Hugo Chávez está entre ellos.

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