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Una tristeza cubana llamada gorrión


En estos más de 50 años del poder totalitario del régimen castrista no existe una sola historia dentro de los cubanos que no se encuentre salpicada del vuelo triste, a veces desesperanzador, de nuestro simbólico gorrión.

Lo que portugueses llaman saudades y gallegos morriña, los cubanos de finales del siglo XX nombraron como gorrión, que es un sentimiento de profunda melancolía, el cual lleva al “engorrionado” por los diferentes caminos que adopta la tristeza para sumergirnos en ese valle de recuerdos perdidos, emociones anheladas y caminos desandados.

El nombre de gorrión viene por esa pequeña ave llamada científicamente Passer domesticus, nombrecito que por suerte no se usa popularmente porque no suena lo mismo “tengo gorrión” a que “tengo passer domesticus”. “Pal carijo”, diría mi abuelito Jacinto de estar vivo.

Pero mejor no divagar y sigamos. Dicen expertos que el gorrión llegó antes de 1865 a Cuba, cuando un alemán especialista en pájaros llamado Juan Gundlach lo reportó por toda la isla.

La avecita mide unos 15 centímetros de longitud, tiene el plumaje pardo, variado de negro y rojizo. La parte superior de su cabeza es gris en el centro, y castaña y gris en los lados. Una línea negra pasa por debajo de los ojos, y un collar del mismo color adorna su pecho. La hembra no tiene estos atributos y es de un color más uniforme.

Su figura no es nada del otro mundo y su canto no clasificaría en ninguna competencia de aves sonoras, ya que solo emite un piar fuerte, a veces molesto, pero afirman expertos que su mejor característica radica en la gran capacidad de adaptación al medio y su amplio espectro alimentario, ya que consume insectos, frutas, granos, desperdicios y todo lo que encuentra en la basura de las ciudades, lo cual lo convierte en un as de la supervivencia.

¡! Lo tengo!! Ahí está el símil, la analogía de nosotros los cubanos en llamar nuestras tristezas como gorrión. Y es que en más de 50 años de régimen totalitario, castrador de libertades fundamentales, violador constante de los derechos humanos y máximo divisor entre los cubanos, al imponer su ideología política contra viento y marea, hemos tenido que adaptarnos a ese medio hostil para poder sobrevivir.

El gorrión, ya como figura simbólica de una enorme tristeza, nadie sabe con certeza cuando apareció dentro del entendimiento nacional. ¿Acaso surgió cuando aquellos primeros cubanos escaparon de la incipiente dictadura y dejaron atrás su historia, sus logros personales y sobre todo su tierra?

¿O quizás revoloteó dentro de las pupilas insomnes de quienes por luchar de frente contra un estado absoluto fueron condenados a largas condenas de cárcel e incluso fusilados en juicios sumarios?

Tal vez palpitó en el pecho de los jóvenes melenudos perseguidos por las autoridades solo por gustarle la música del “enemigo” y vestir un tipo de ropas lejos del clásico joven proletario, soso, uniforme y fácil de manejar.

Puede que vibrara en todos los cubanos que decidieron jugarse la vida en balsas endebles antes de continuar dentro de un sistema que los asfixiaba. Lo cierto es que el gorrión se encuentra en cada uno de los cubanos separados por el dogma político dentro de esta tempestad castrista que ahogó los valores tradicionales de unidad y comprensión, al enfrentar hermanos contra hermanos y padres frente a hijos por la intrusión de un gobierno que envenenó con sus mentiras y medias verdades las relaciones más fundamentales de la sociedad: la propia familia.

El gorrión se posa en cada uno de los emigrados que dejaron atrás sus raíces, historia, amores y enrumbaron hacia otras tierras para obtener el libre albedrío que en su propio país le niegan.

La sensación del engorrionamiento subyace en cada madre, padre, abuelo, tío que permanecen en la isla y recuerdan a sus descendientes más jóvenes cada día, cada minuto y sin embargo con una abnegación admirable, prefieren que permanezcan lejos y puedan desarrollar una vida más normal, que continuar con el eterno sacrificio del socialismo cubano.

En estos más de 50 años del poder totalitario del régimen castrista no existe una sola historia dentro de los cubanos que no se encuentre salpicada del vuelo triste, a veces desesperanzador, de nuestro simbólico gorrión , ese que es tan dramático, evocador y nostálgico como el saudades portugués y la morriña gallega.

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