Con el asesinato de otra mujer el pasado 8 de mayo, la cifra de feminicidios confirmados en Cuba en poco más de cuatro meses se eleva a 22. El número representa una crisis de violencia machista sin precedentes recientes en la isla.
Yureli Puente Naranjo, de 44 años, fue atacada presuntamente por su exesposo, del que estaba separada, dentro de su vivienda en Juraguá, una localidad del municipio cienfueguero Abreus. Posteriormente, el agresor se entregó a la policía, según las verificaciones realizadas por el Observatorio de Género Alas Tensas (OGAT).
En indagaciones de Martí Noticias, diferentes versiones reportan que el arma usada para el crimen fue un machete o un hacha y que el hecho fue presenciado por la hija menor de la víctima, una niña de 11 o 12 años.
El fenómeno, documentado por el OGAT, evidencia un profundo deterioro de la seguridad y protección para las mujeres.
“Se vuelve a mostrar la extrema brutalidad que se ejerce sobre los cuerpos de las mujeres en Cuba. La violencia feminicida continúa manifestándose con niveles alarmantes de ensañamiento, especialmente en contexto de relaciones y exparejas, donde muchas mujeres permanecen en situación de riesgo sin protección efectiva”, indicó Ileana Álvarez, directora de la plataforma feminista independiente.
En declaraciones anteriores a nuestra redacción, el Observatorio ha señalado que muchas víctimas mueren a manos de sus parejas o exparejas en sus propios hogares, a menudo tras haber denunciado previamente o vivir en ambientes de violencia conocidos.
El observatorio vincula la persistencia de estos crímenes a la ausencia de una Ley Integral contra la violencia de género, la insuficiencia de mecanismos de protección como refugios seguros, botones de pánico o brazaletes de seguimiento para agresores que han recibido órdenes de alejamiento y la falta de transparencia oficial.
El aumento de casos refleja la creciente inseguridad machista, basada en creencias que llevan al hombre a controlar, limitar o humillar a su pareja para sostener una falsa sensación de masculinidad.
Los feminicidios dejan a decenas de menores sin cuidados. Solo en los primeros meses de 2026, al menos siete menores quedaron en situación de desprotección directa tras el asesinato de sus madres.
“También preocupa profundamente el impacto sobre las niñas y niños que presencian estos crímenes. En numerosos casos de feminicidio en Cuba, los hijos menores quedan expuestos directamente a escenas de violencia extrema, sufren graves secuelas traumáticas y posteriormente no encuentran un acompañamiento psicoemocional adecuado ni mecanismos institucionales de atención y seguimiento”, destacó Álvarez.
“El Observatorio alerta sobre el contexto de precariedad institucional, de desprotección que rodea la violencia contra las mujeres en el país”, puntualizó.
Aunque en 2025 se reportó una disminución de estos casos (48 verificados), el repunte en 2026 sugiere que las causas estructurales no han sido atendidas.
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