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2014, un año sin avances en Cuba


Un hombre sale de una panadería decorada con mensajes de fin de año.

Acabando 2014, Cuba se encuentra en el mismo punto que a finales del 2013. Sigue siendo una dictadura de manual.

El 2014 llega a su fin con una media-buena-noticia respecto a Cuba: La liberación de la Dama de Blanco Sonia Garro y su marido. Es positivo que ambos hayan salido de la cárcel (aunque simplemente pasan a prisión domiciliaria) y que estén en su casa, que es de donde nunca nadie les tendría que haber sacado.

La noticia se produjo la jornada previa a la celebración del Día de los Derechos Humanos y probablemente el régimen haya hecho algún tipo de cálculo al respecto. Eso nunca se sabe, pues las actuaciones de La Habana no responden ni a lo que es justo, ni legal ni pertinente, sino simplemente a lo que al régimen le conviene hacer o hacer ver que hace por cálculos imprecisos. En definitiva, son gentes de las que poco se puede fiar.

Por eso, acabando 2014, Cuba se encuentra en el mismo punto que a finales del 2013. Sigue siendo una dictadura de manual y eso ni el más forofo de los opinadores a favor de los cambios raulistas lo puede negar.

Esto supone también que las negociaciones con ellos pueden resultar accidentadas, como se acaba de revelar, por ejemplo, con las aburridas conversaciones con la Unión Europea (aquellas que nunca llegan a ninguna parte y que concluyen con declaraciones diplomáticas de copy/paste). De la noche a la mañana, La Habana decide que no, que no va a seguir las conversaciones, al menos de forma temporal, según lo que ha comunicado públicamente una de las partes. Hay que ser muy optimistas para pensar que el diálogo se vaya a reanudar. Lo normal, en este caso, es pensar que el régimen no se va a sentar a la mesa si no obtiene garantías de que de esas reuniones va a extraer solamente beneficios. El diálogo que quiere La Habana es sin concesiones.

Pero el hecho es que de La Habana no hay que conseguir concesiones de ningún tipo. Del Gobierno cubano lo que hay que conseguir es que cumpla la legalidad. Para empezar, la de su propio territorio, la que viola de forma sistemática. Y luego, si es que quiere ser vista, considerada y recibida como un Estado democrático debe acatar los mínimos estándares que se exigen. No hay democracia con un partido único, ni hay democracia con el control político y social actual, y mucho menos hay democracia cuando el Estado ha instalado el miedo en el cuerpo de la ciudadanía.

Los gobiernos y representantes políticos que, de una forma u otra, participen de los contactos, gestiones, diálogos o conversaciones (más o menos discretas) con el régimen deben tener en cuenta que, con un calendario tan dilatado, con avances tan exiguos en materia de libertades (no se ha producido ninguno y el tiempo de "aprovechar las brechas en el muro" ha caducado), probablemente ya nadie confíe en la posibilidad de que en la Isla se resuelva nada por la acción de intermediarios internacionales. Lo que no puede ser, en todo caso, es intentar convencer a la opinión pública de que los cambios ponen a Cuba en la senda de una próxima democracia. Eso es mentir.

La batalla que hay declarada con Cuba no es una batalla ideológica, sino más bien de principios humanos. No se puede pretender el cambio, la reforma o la transformación de un régimen que niega esos principios fundamentales. Lo que debería ser un objetivo compartido no es la integración de un régimen totalitario en un entorno democrático, sino más bien cambiar su naturaleza. Sería importante también (y entrando ya casi en un terreno que parece más propio de la utopía) que los gobiernos de la región latinoamericana se sumaran a esta visión más democrática y empezaran a empujar hacia esa dirección. Los cubanos se lo agradecerán.

El ideal, la utopía en Cuba, ya no la representa una Revolución que supuestamente quiso implantar la justicia social. Lo utópico e idílico es, en todo caso, que los cubanos puedan ser parte del mundo democrático en el menor espacio de tiempo posible.

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    Joan Antoni Guerrero Vall

    Joan Antoni Guerrero Vall (Reus, España, 1979) es periodista licenciado en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Ha trabajado y colaborado con agencias de noticias como Europa Press y ANA, con periódicos en lengua catalana como el AVUI, ARA, Diari d'Andorra o Diari de Tarragona, así como en el semanario El Temps, Nació Digital o la antigua COM Ràdio. Combina sus colaboraciones periodísticas con actividades de comunicación para instituciones educativas como la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) o también culturales. En 2009, tras varios viajes a Cuba, decidió crear un blog sobre la Isla. Bajo el título Punto Cuba, el autor pretende ofrecer una visión externa y desde la distancia sobre lo que sucede en la Isla, con especial interés sobre las dinámicas de oposición al gobierno cubano, tanto sobre el espacio físico como el digital, así como observar la lucha del pueblo cubano por la recuperación de sus derechos fundamentales. Colabora con Radio Martí desde 2010. Al mismo tiempo, forma parte del equipo que lanzó la versión en catalán de la plataforma de blogueros Global Voices, colectivo con el que obutvo el Premio Blogs Catalunya 2013 en la categoría de Nuevos Medios.

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