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Tsarnaev: de refugiados a terroristas


FBI

Desde que desapareció la Unión Soviética en 1991 la violencia ha sido una constante en la república de Chechenia, que pertenece a Rusia.

En el Kremlin sienten que han tenido una victoria moral. Hace años que señalan a los chechenos como los autores de actos terroristas que por más de dos décadas estremecen a Rusia. Aseguran los rusos que en Occidente prefieren mirar la historia independentista de esa nación contra Moscú, obviando la violencia que genera. Y ahora dos chechenos, aceptados en Estados Unidos como refugiados, son los autores de un atentado terrorista en Boston.

Desde que desapareció la URSS en 1991 la violencia ha sido el signo permanente en esa república de la Federación Rusa. La nación chechena se sublevó contra las tropas rusas que fueron a conquistar el Cáucaso en el siglo XIX, y siguieron luchando contra los soviéticos. Stalin los envió (a la nación entera) al Gulag por temor a que se unieran a los alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Regresaron a su patria tras la muerte de Stalin para encontrar que sus tierras y hogares estaban administradas y ocupadas por soviéticos. Con la caída de la URSS se lanzaron a otra campaña separatista que se convirtió en lucha terrorista, pues el independentismo inicial pasó a ser guerra santa contra Occidente.

La historia de los hermanos Tsarnaev, nacidos en medio del conflicto checheno, es reflejo de esa transformación. Los dos vivieron como refugiados chechenos en Daguestán (otra zona convulsa) y Kirguistán, pasando por Turquía antes de llegar a EE UU. Los padres nombraron al mayor de los hermanos como a uno de los conquistadores nómadas del Asia Central del siglo XV – Tamerlan,y al segundo como al primer presidente que proclamó la independencia en 1991 – Dzhojar Dudaev.
La prensa rusa está llena de informes sobre acto terrorista en el Cáucaso, cuyos autores son extremistas musulmanes. Ejemplos sobran - la toma de rehenes en el hospital de Budionnovsk en junio de 1995, en el teatro moscovita Nord-Ost en noviembre del 2002 y la escuela de Beslan en septiembre del 2005. Un hospital en Stavropol Krai, un teatro en Moscú y una escuela en Osetia del Norte. Las atrocidades del ejército ruso en la zona y la barbarie terrorista chechena compiten.

Atentados terroristas en el metropolitano moscovita, trenes descarrillados por explosiones en las vías férreas, emboscadas a los convoyes militares rusos en el Cáucaso o coche-bombas ante una comisaria o la sede gubernamental local. Ese es el cuadro diario en el sur de Rusia.

El jefe del gobierno checheno, Ramzan Kadirov, cuyo padre salió literalmente por los aires al sentarse en el estadio de Grozni sobre una mina antitanque, declaró que no va interceder por los Tsarnaev, pues son ciudadanos estadounidenses. La familia completa de los Tsarnaev se han lanzado a culpar a Estados Unidos por lo sucedido; pero no han tomado un avión para

John Kerry acaba de visitar Moscú y agradeció la cooperación brindada por los servicios de seguridad de Rusia en la investigación tras el atentado en Boston. Los rusos se han quejado en varias ocasiones de que las acusaciones que hacen contra los chechenos caen en saco roto, sobre todo en Occidente. En el Reino Unido no ponen mucha atención a la información que proviene de Moscú, pues en la mayoría de los casos es “desinformación”.

En esta ocasión, investigadores estadounidenses visitaron en Daguestán a los padres de Tamerlan y Dzhojar, quienes viajan a Rusia con frecuencia. Los kazajos, al igual que los rusos, han abierto la puerta de la colaboración, pues dos ciudadanos de Kazajistán están involucrados en la investigación.

Un amplio expediente le fue entregado por el Servicio Federal de Seguridad (FSB) de Rusia a sus colegas del FBI después del atentado. Con anterioridad los mensajes enviados de Moscú a Washington D.C. sobre Tamerlan no dieron muchas pistas, y según afirman los agentes estadounidenses los datos proporcionados entonces por los rusos no daban para una pesquisa valida. Tanto en Washington como en Moscú tienen la esperanza de una cooperación a largo plazo.
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    Álvaro Alba

    Historiador y periodista especializado en temas de Europa del Este y la ex Unión Soviética. Máster en Historia por la Universidad Estatal de Odesa, Ucrania. Premio Emmy 2017 (Emmy Award) en la categoría de Documental Histórico.

    Ha publicado en ABC, Diario de Las Américas, El Nuevo Herald, entre otros. Actualmente trabaja en MartiNoticias.com. Autor de Castro y Stalin, almas gemelas (2002); En la pupila del Kremlin (2011) y Rusia: la herencia del estalinismo (2012). Es Asociado Principal de Investigación (Senior Research Associate) del Centro de Estudios Cubanos (Cuban Studies Institute CSI) de Miami y miembro de la Asociación para Estudios Eslavos y del Este de Europa (ASEEES).

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