El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, rechazó las acusaciones que señalan a China y Rusia por brindar apoyo a Irán en medio del conflicto actual entre Washington y Tel Aviv.
“Si lo están haciendo, es a un nivel muy bajo, pero no creo que lo estén haciendo en absoluto", afirmó Trump en Truth Social y añadió: "Tienen demasiado que perder, y lo sabríamos muy rápido".
El mensaje de Trump llega después de que el propio presidente advirtiera al mandatario chino Xi Jinping, durante su visita a Washington en septiembre, de que cualquier ayuda a Irán tendría consecuencias. En abril, Trump ya había advertido a China que tendrían "grandes problemas" si ayudaban a Irán.
La Casa Blanca ha endurecido drásticamente su postura ante Irán exigiendo un acuerdo definitivo. El presidente Trump lanzó un ultimátum advirtiendo que el régimen islámico dejará de existir si no cede por completo. Reiteró además que su economía está destruida, su ejército derrotado y que evalúa retomar los ataques militares a gran escala.
Por su parte, el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio detalló la semana pasada que la estrategia de presión provocó una inflación del 70% junto al colapso de la moneda local, Añadió que Teherán perdió el control del Estrecho de Ormuz por el bloqueo estadounidense y que la desnuclearización total es la única salida posible para alcanzar un pacto.
En septiembre, durante una entrevista con CNBC, el propio embajador de EEUU en China, David Perdue, ratificó la postura de Washington: "Dejamos muy claro a [China] hace semanas que cualquier ayuda que brindaran a Irán... era totalmente inaceptable".
El conflicto en el golfo estalló el 28 de febrero de 2026 con la Operación Epic Fury (llamada "Rugido del León" por Israel). Esta masiva ofensiva aérea y cibernética de la coalición se lanzó como un ataque preventivo para desmantelar el programa nuclear de Teherán, destruir su arsenal de misiles y frenar su apoyo al terrorismo regional.
La primera oleada de ataques, que supuso la mayor incursión en la historia de la aviación militar israelí, desmanteló sistemáticamente las defensas antiaéreas, las bases de lanzamiento y las comunicaciones estratégicas de Teherán. El golpe más severo de la ofensiva fue una operación de decapitación en la capital: un bombardeo directo a los centros de mando que eliminó al líder supremo, Ali Khamenei, junto a la cúpula militar de la Guardia Revolucionaria.
Esta acción desató una escalada regional sin precedentes. Como represalia inmediata, las fuerzas remanentes iraníes lanzaron oleadas de misiles y drones, no solo contra Israel, sino también contra el estratégico Estrecho de Ormuz y las bases militares de EEUU en Catar, Baréin, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos. La magnitud del contraataque desestabilizó de inmediato los mercados internacionales, sumiendo a la economía global en una profunda crisis energética.
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