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Treinta años de Radio Martí: De oyente a periodista de una emisora prohibida


Luis Felipe Rojas. Foto: E. Aguado.
Luis Felipe Rojas. Foto: E. Aguado.

Lo que la gente no ve en el diario oficial "Granma", espera y lo escucha en Radio Martí. Son incontables los cubanos que han "amenazado" a los burócratas indolentes: ¡Si no me resuelven esto, lo digo por Radio Martí!

El Radio Martí (RM) que llevo no está (exclusivamente) en el lugar en que ahora trabajo, gracias a Dios. Mi RM se remonta a una tarde de junio 1989, cuando unos militares retirados de las Fuerzas Armadas Revolucionarias se enteraban por esta emisora sobre el juicio al General Arnaldo Ochoa y sus verdaderos pormenores; ahí me di cuenta por qué estaba prohibida en mi país. Y por qué esos militares me pidieron con tanto celo que no comentara nada de lo que allí escuchaba.

Claro que la emisora había comenzado años antes, un 20 de mayo de 1985, el momento que me hace recordar a alguien muy querido en mi familia. Mi tía Eloína bajaba el volumen en el momento de las noticias y lo volvía a subir cuando ponían la novela El derecho de nacer o Esmeralda, para escuchar lo que consideraba peligroso en las noches. La Tremenda Corte de la que hablaban mis abuelos la descubrí con las retrasmisiones sabatinas.

La voz de ese Moisés López anunciando cada boletín era la confirmación de que alguien se preocupaba por nosotros "al otro lado del charco".

El régimen castrista siempre ha acusado a esta emisora de promover la deserción de sus principales figuras y yo recuerdo a dos o tres "quedados" que fueron bien celebrados en toda Cuba porque RM siguió sus pasos y nos dejó saber de qué iban sus vidas años después: El bailarín Jorge Esquivel; el cómico Julito Martínez, al que todos le oímos decir por Radio Martí: "¡Qué maravilla, Gollo, qué maravilla!"; y aquella vez en que pusieron un breve fragmento de Maggie Carlés cantando el Ave María. Esta última desbarataba el mito de que los cubanos que abandonan la isla son unos fracasados. Para mi adolescencia, eso significaba una ganancia enorme, ya tendría tiempo de comprobarlo yo mismo, conociendo a glorias de Cuba que viven aquí en Miami.

Mi primer radio de onda corta me lo regaló el disidente Guillermo Llanos Ricardo, un guajiro de Banes que me permitió escuchar los testimonios de José Daniel Ferrer García y Próspero Gaínza (prisioneros de la Primavera Negra de 2003) desde las prisiones en que se encontraban y que Llanos grababa como podía y las hacía llegar a Miami.

Era un sábado de un calor sin fin en San Germán, agucé bien el oído porque ya habían puesto las antenas chinas encima de la Unidad de la Policía y el Comité Militar para interrumpir la señal, y escuché a Orlando González Esteva hablar de un tal Guillermo Rosales, de un tal Cundo Bermúdez y de alguien que hacía cine y respondía al nombre de Sabá Cabrera, ¡mira tú!

Cuando estalló la Guerra de Irak en 2003 y Castro quiso taponear la encarcelación de 75 disidentes cubanos, un amigo mío y yo nos dimos a la "hazaña" de copiar los nombres de los que más tarde serían los integrantes de la Causa de los 75, nombre por nombre. Cada día, en los noticieros de Radio Martí iban informando al pueblo de Cuba la lista parcial de aquel crimen de encarcelar a la gente por una perreta de Fidel Castro. Es cierto que tuvimos que tachar varios nombres "innombrables" que se apellidaban Orrio y Collazo, entre otros despreciables más.

Apalencado, con voz y sin grillete

Hace casi 15 años yo era un cubano educado en el susto de la libertad, en el miedo al coscorrón y la patada en el trasero. Sin embargo, ese miedo lo dejé atrás y decidí hablar por Radio Martí, que era hasta hace poco uno de los actos suicidas más rápidos y efectivos. Una de las maneras más seguras, pero mediáticas es verdad, de volverse un apestado social.

Hablé con Álvaro de Inzua, con Juana Isa e Idolidia Darias. Después me hice habitual de Las Noticias como Son, con Amado Gil y José Luis Ramos. Conversé de Literatura y Cine con Margarita Rojo, Roberto Casín y Fausto Canel en La Revista de la Noche. En las mañanas me pesaba salir de casa sin escuchar las locuras, las sorpresas, el contagio de Michelle, Hilda, Vicky, la misma Margarita Rojo, Magdelivia y otras voces que se me escapan. El programa Con Voz Propia nunca ha llegado exclusivamente a las mujeres, desde Cuba lo pude comprobar.

Mis primeros debates sobre lo que todavía me gusta llamar "la negritud", los pude entablar con Ramón Humberto Colás, en aquellas noches de Voces que empezaban saludando a Leonor, su madre, en un extraviado barriecito de Victoria de las Tunas.

El dinamismo que conserva Tomás Cardoso para hilar los temas me servía siempre de base para armar mis primeros reportajes, muchas veces fui su invitado, y así me podían escuchar en el barrio.

Radio Martí ha servido de parangón con la prensa oficial cubana, pero al revés. Lo que la gente no ve en el diario oficial Granma, espera y lo escucha en Radio Martí. Son incontables los cubanos que han "amenazado" a los burócratas indolentes: "Si no me resuelven esto, lo digo por Radio Martí!". Ni falta hace que yo diga el resultado que han tenido estas "amenazas" en muchas ocasiones.

La prensa independiente gozó de un espacio que hoy no tiene, Sin Censores ni Censura. Mi hoy colega Rolando Cartaya enfocaba un tema e invitaba a los reporteros prohibidos a leer un fragmento o el texto completo si lo ameritaba el caso, de lo que habían publicado en sitios como Cubanet, Encuentro en la Red o Misceláneas de Cuba. Nombres que uno había leído solo en los machones bajo la autoría de Tania Díaz Castro, Iván García, Jorge Olivera Castillo o Luis Cino, podía escucharlos leyendo sus propios artículos, hilvanados por el foco lúcido de Cartaya.

En el programa Contacto Cuba el periodista Jorge Jáuregui les daba voz a los miembros de la sociedad civil independiente y los presos políticos y sus familiares, varias veces fui entrevistado por él. Una de esas ocasiones me tocó reportar una marcha de protesta en Baracoa y fue Jáuregui quien me grabó en el noticiero de la mañana, sobre las 7:00 u 8:00 a.m. Cuando llegué a esta emisora ya Jorge estaba destinado al noticiero del mediodía y junto a Norma Miranda retomé ese trabajo. Gracias.

Yo soy un oyente que ha tocado el cielo: De escuchar por esta emisora –a veces bien, a veces con un ruido de mil demonios– a Celia Cruz, los lanzamientos del Duke Hernández o Liván; o el día de 2002 cuando liberaron a Oscar Elías Biscet, he pasado a preguntarle a la gente por qué siguen empeñados en liberar un país al que no han podido taparle los oídos.

Radio Martí casi siempre está en las respuestas.

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