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Tener un socio en Cuba


Cuba -- Women wait for customers at their licensed food outlet in Havana, 13Sep2010

Un socio para los cubanos es como tener a Superman, el genio de Aladino, Batman, El hombre invisible...

Si Napoleón perdió la batalla de Waterloo, a Julio Cesar lo apuñalaron, a Aquiles le clavaron una flecha en el talón y a Juana de Arco la quemaron en la hoguera fue porque ninguno de ellos tuvo un socio, ese ser mágico que sobrevive dentro de Cuba con diferentes rostros y millones de nombres.

Un socio para los cubanos es como tener a Superman, el genio de Aladino, Batman, El hombre invisible, Iron Man, El hada madrina de Cenicienta y Tarzán todos unidos en un solo ser capaz de resolver, desde una reservación en un hotel, sin pagar en dólares, hasta la pintura de la “shopping” a un precio más económico.

El régimen, a través de infructuosas campañas, trata de combatir ese tráfico de influencias que elude disposiciones, reglamentos y realiza acuerdos informales a través de conexiones personales sin valores éticos, algo que en la desaparecida ex - URSS se llamó Blat, una red invisible similar a las de Good ol boy network de Estados Unidos o Guanxi en China.

Sin ser tan elaborado al estilo ex soviético, estadunidense o chino, un “socito” en Cuba fue la respuesta automática de la población a la ineficacia gubernamental de solucionar sus problemas generales.

Los “socitos” en la década de los años 70 y 80 realizaban sus gestiones, la gran mayoría de las veces, de manera altruista, sin cobrar un centavo, solo para decir, después de las consabidas gracias, “ no jodas tu, somos socios”, una frase tan solemne como el “Hi yo Silver” del “Llanero solitario” cuando terminaba con éxito una misión.

Una reservación en el restaurante La Torre se conseguía, porque un socito tenía un socito que era socio del hijo del administrador y gracias a esos hilos invisibles de relaciones podías esa noche invitar a la novia al maravilloso sitio gastronómico que radicaba en el Focsa.

De esa manera las carencias de productos y servicios estimuló el florecimiento de los “socitos” en todos los sitios del país y esa frase cinematográfica del padrino Vito Corleone de que “algún día y puede que ese día tal vez nunca llegue, te pediré un favor” fue un compromiso silencioso que se adquiría dentro de un toma y daca interminable para sobrevivir dentro de un sistema tan complicado como es el castrismo.

La llegada del periodo especial a partir de los 90 extinguió en buena medida al socito generoso y altruista. A partir de ese instante todo favor tiene un precio, porque todo se enmaraña más, es mas tortuoso y sumamente intricado para aquellos que no pertenecen a la elite del grupo de dirigentes.

Por ejemplo los productores caseros que fabrican el refresco gaseado, mucho más barato al que se vende en divisas, es decir la bebida del pueblo, tienen en la práctica que contar con un socito para llevar adelante su negocio.

Con una tecnología ingeniosa, el refresquero elabora su producto a través de un tanque metálico hermetizado, un sistema de refrigeración o hielera y una centrifuga para revolver la mezcla.

Los tanques son toneles de cerveza que los trabajadores de la fábrica de refrescos y bebidas venden a un valor promedio de 600 pesos. Para que esos tanques produzcan refresco necesitan a un especialista que le ensamble el reloj de presión, válvulas de seguridad y llaves.

Si tiene bastante dinero contrata a un técnico en refrigeración, de lo contrario deberá habilitar un equipo de refrigeración para hacer hielo o comprárselo a hieleras clandestinas o estatales. Aunque también están los que les compran hielo a vecinos del barrio.

En cada uno de esos pasos para desarrollar su pequeño negocio, a veces son varios los socios que el refresquero debe consultar para salir adelante y darle servicio a su gente del barrio, porque sabe que no puede esperar apoyo real del estado.

A decir verdad el propio estado castrista incentiva estas prácticas y no es secreto para nadie que ser socio de un elegido del grupo dirigente siempre permitió más posibilidades de acceso a trabajos y sitios de recreación. Esa oportunidad la aprovechó Conrado Hernández, como socito de los ex dirigentes Felipe Roque y Carlos Lage y alcanzó buenos contratos de trabajo, más otras prebendas. El problema del “Conra” es que sus socitos, al no tener pegada dentro del tronco principal del régimen, –léase hermanos Castro- los mandaron para sus respectivas casas a ponerse el pijama, y el fue encerrado entre rejas.

Está claro que en Cuba los socios fuertes de verdad son los viejitos “tira tiros” de la Sierra Maestra, quienes respaldan a su socio mayor, el actual sub-máximo líder. El hermanito general ya limpió la tienda y cambió a 24 ministros de los 28 que heredó de su “Big brother", eso sin contar el movimiento con los embajadores en todas partes del mundo. En resumen todos sus socios ya fueron acomodados y listos para seguir pegados al poder.

La gran dificultad del sub-máximo líder y sus socios de la gerontocracia de la Sierra Maestra es que no son socitos del padre tiempo, quien no les solucionará estancia extra en la tierra y saben que les queda poco para ser barridos por la propia historia.

Y para colmo de males de este grupo ni con Mefistófeles ya tienen chances que puedan cambiar sus almas por mas juventud, ya que el diablo teme que lleguen y se hagan dueños del infierno gracias a la experiencia que en todos estos años ya demostraron dentro de su infierno en la tierra. En resumen, el diablo tampoco los quiere de socios.

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