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Teatro hemisférico


La presencia de Estados Unidos y Canadá en esa pésima obra de teatro lo deja a uno con un amargo sabor en la boca y una profunda preocupación.

La VII Cumbre de las Américas en Panamá es un reflejo fiel de la confusión que reina en torno al proceso de Cuba y la política regional: El mismo foro que suscribió la Carta Democrática Interamericana el 11 de septiembre de 2001 en Lima, Perú, ahora reniega de ella para darle entrada a la única dictadura del hemisferio.

La presencia de Estados Unidos y Canadá en esa pésima obra de teatro lo deja a uno con un amargo sabor en la boca y una profunda preocupación. No obstante, conviene mantener la cabeza fría, poner nuestros sentimientos a un lado y valorar de manera pragmática la jerarquía del cuadro analítico que tenemos delante.

Al parecer hay un consenso mínimo entre los analistas del acontecer de la isla en cuanto a los motivos del Gobierno cubano para reanudar las relaciones diplomáticas con Estados Unidos: Le apremia el acceso a las instituciones crediticias internacionales; necesita nuevas fuentes de energía ante el recorte del crudo venezolano y el fracaso en la búsqueda de petróleo en aguas cubanas; y aspira a compensar la inactividad del soñoliento puerto del Mariel con el comercio (subsidio, porque carece de divisas) de empresas norteamericanas.

Sin embargo, la cúpula gobernante no puede abrir la economía, tolerar el pluralismo y respetar los Derechos Humanos sin una pérdida substancial de poder político, evidente desventaja diplomática que le lleva a gestiona nuevas oportunidades políticas y comerciales sin dar nada a cambio.

Estados Unidos, por su parte, no tiene apuro, si uno lo mira fríamente es posible que Washington esté a punto de recoger el fruto de su paciente espera.

Cuba se encuentra en un oscuro callejón cuya única salida desemboca en la puerta de su vecino del Norte: Cada vez le resulta más difícil vivir del cuento de la diplomacia médica y una pretendida dinámica de primer mundo cuando su producción agrícola ni siquiera alcanza para alimentar al pueblo. Ya también caducó su fama como retaguardia de la subversión mundial, campo de entrenamiento, refugio de terroristas y dispensario de guerrilleros heridos, ahora espera alcanzar la redención como mediador en el conflicto que ayudó a crear en Colombia. Si todos estos indicadores son correctos, Cuba terminará desinflándose como se desinfló Alemania Oriental al final de la Guerra Fría.

Mientras tanto, Estados Unidos continúa tejiendo su política regional en tres frentes: Primero, expide un decreto que declara a Venezuela una "amenaza extraordinaria e inusual a la seguridad nacional y política exterior estadounidense", decreto que si mal no recuerdo tiene precedente regional en la crisis de los misiles en Cuba en 1962. Segundo, el decreto no menciona a Cuba pero hay una advertencia implícita que atañe a la presencia militar cubana en Venezuela, aviso que La Habana debe haber tomado muy en serio. Y tercero, Washington ofrecerá a 15 países que conforman la Comunidad del Caribe (CARICOM, siglas en inglés), una iniciativa energética para reducir su dependencia del petróleo venezolano.

Estas son las cosas que realmente cuentan, no las fotos y los estrechones de manos en el marco de la Cumbre, por más que muchos observen con repugnancia que la cláusula democrática ha caído en descrédito por la presencia de Raúl Castro. Esperemos, no obstante, que la estrategia diplomática de Estados Unidos tenga éxito para bien del pueblo de Cuba y de todo el hemisferio.

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