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Son cubanos y no aguantan vivir en su país


Cubanos a la espera en la estación de bomberos La Cruz, entre Nicaragua y Costa Rica./Claudio Castillo

Los éxodos masivos que sobrevienen cíclicamente en Cuba no son responsabilidad de Estados Unidos. Toda la responsabilidad recae en un gobierno que no ofrece un mínimo de esperanza a su pueblo.

La crisis humanitaria que están viviendo miles de cubanos en ruta hacia Estados Unidos estaba prevista. Se trata de un éxodo masivo comparado ya con el de Mariel, en 1980, y con el de la segunda oleada de balseros, en 1994. Un caos migratorio que utiliza Ecuador como puerta de entrada. Esta vez, la salida es por avión.

Una aberración si miramos el mapa de América, pero no tanto si pensamos en la desesperación de la gente que no tiene futuro y cuyo día a día es cada vez más duro. Gente que ha vendido todo –en el mercado negro, presuntamente- para hacer este viaje sin regreso determinado. Llevando, algunos, a sus hijos pequeños.

¿Por qué una persona emprende semejante locura?

Esa es la pregunta que no intenta responderse –al menos por escrito- el articulista Arturo Arango. El escriba de OnCuba Magazine pasa por alto lo fundamental, que es la salida, en extremo, de un régimen totalitario. Ubica el fenómeno como parte de las migraciones económicas del mundo, y se escuda en una frase sacada del periódico Granma: “las razones (…) son siempre complejas”.

Arango comienza su artículo comparando la situación de los cubanos con la de los sirios que huyen a través del Mediterráneo. No duda, sin embargo, en decir que aquellos huyen “de las atrocidades de una guerra que ha hecho inhabitable Siria”, ¿pero acaso no es una guerra sin misiles la que sostiene el régimen de isla contra los cubanos, una guerra de desgaste de más de 50 años?

Los éxodos masivos que sobrevienen cíclicamente en Cuba no son responsabilidad de Estados Unidos. Toda la responsabilidad recae en la propia dictadura castrista, que no ofrece un mínimo de esperanza de que las cosas cambien, de que mejore la economía doméstica y de que al menos uno se pueda expresar allí libremente sin jugarse una cárcel.

Es cierto que es un privilegio la acogida que tenemos los cubanos en Estados Unidos, pero al menos podemos decir que existe un lugar en el mundo donde somos legales desde el primer día. Ahora es fácil, o relativamente fácil volver, pero a lo largo de 50 años uno se iba para toda la vida, toda vez que el régimen cubano se arrogaba el derecho de bloquear el retorno, además de que confiscaba las propiedades del que marchó.

No existe peor ignominia que no te quieran en el país donde naciste y viviste. El sentimiento de destierro es algo que no se puede superar y de eso puede hablar ampliamente el exilio de Miami.

La crisis humanitaria cubana que ahora toca a los países centroamericanos bien pudo se planeada por el propio castrismo, abriendo una válvula de escape el 14 de enero de 2013 –cuando por fin eliminó el injusto “permiso de salida”- y en contubernio con la presidencia de Ecuador, pues al fin y al cabo se trata de aliados políticos. El régimen castrista sabe perfectamente que el cubano de a pie –la gran mayoría- representa una olla de presión ahora no tan fácil de manejar sin el respaldo soviético. Y abre la válvula, como la abrió en Mariel y luego con “El Maleconazo” de 1994.

Encima, el castrismo utiliza toda su propaganda anticapitalista para culpar al vecino del norte. Y hay gente que se lo cree o le conviene creerlo.

Lo primero sería arreglar por dentro la casa, pero eso ha sido y sigue siendo secundario para el castrismo. ¿Alguien se cree que habrá espacio para emprendedores de a pie a la sombra de un gobierno totalitario? ¿Acaso no es una aberración que el proveedor mayorista de mercancías sea el propio Estado?

Digamos las cosas por su nombre. Ahora hay un grifo abierto y no sabemos exactamente por qué, aunque sí sabemos lo que piensa el régimen de la isla: Estados Unidos y los demás países pagarán las cuentas.

Mientras tanto, la prensa oficial cubana continúa sin decir una palabra.

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    Jorge Ignacio Pérez

    Nació en La Habana en 1965. Luego de ser tanquista en el servicio militar obligatorio, se graduó en la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana, en 1992. Trabajó como redactor y fotógrafo de prensa, columnista de teatro y editor en varias publicaciones de la isla. En 2001 se exilió en Barcelona, hasta el año 2012 en que se afincó en Miami, donde reside actualmente. Fue editor del portal on line de asuntos cubanos Cubanet.org. Desde 2007 lleva el blog personal Segunda Naturaleza. Además del libro de memorias Historias de depiladoras y batidoras americanas (Neo Club Press Ediciones, 2014), tiene otro inédito titulado Pasajeros en tránsito.

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