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Sexo, violencia, codicia


Nadie se explica que raro mecanismo incita a un deportista famoso o en plena ascenso a violar u obligar a una mujer tener sexo con él.

No hay dudas que dentro del deporte se encuentran los elementos básicos que motivan a nuestra actual sociedad moderna: Sexo, violencia, ambición, mentiras, codicia, los cuales unido a la voluntad y los resultados sorpresivos, son algunas de las partes del cóctel que solicitan a diario los consumidores de noticias en todo el mundo.

Y es que tal vez muchos deportistas dominados bajo aquella frase del alemán Arthur Schopenhauer de que “la humanidad oscila entre la necesidad y el aburrimiento”, buscan eliminar el vacío de sus vidas con acciones poco recomendables que lo sitúan de inmediato bajo el foco de atención mediática, como son los ataques sexuales.

Nadie se explica que raro mecanismo incita a un deportista famoso o en plena ascenso a violar u obligar a una mujer tener sexo con él. ¿Poca inteligencia?, ¿enfermedad? O ¿son víctimas de planes maquiavélicos para arrebatarles sus dineros?

Quién sabe, lo cierto es que caen y por desgracia más a menudo de lo recomendable y luego sus nombres son recordados en ese listado infame como el brasilero Sandro Cardoso dos Santos, jugador del equipo japonés United Ichihara, quien violó a una muchacha, compañera de su novia, que fue a su apartamento y según la acusación la asaltó mientras estaba dormida en un acto “violento y egoísta”, según difundió en ese momento la agencia Kyodo.

Otro que lanzó su nombre al salón de la infamia fue el ex jugador de fútbol americano Lawrence Taylor sancionado por violar y abusar de una prostituta de 16 años, pese a saber que era menor de edad.

Los futbolistas Titus Bramble del Newcastle, y Carlton Cole, del Chelsea fueron detenidos por participar en una violación en grupo en un hotel de Londres. El estelar Kobe Bryant, fue acusado en el 2003 de agredir sexualmente a una joven de 19 años de edad, empleada de un hotel. Aunque Bryant aceptó encuentros sexuales con la mujer, negó la violación. En el 2005 el jugador portugués Cristiano Ronaldo fue detenido por la Policía inglesa tras ser acusado de violación.

La demandante dijo que fue víctima de un asalto sexual grave en una habitación de hotel en Londres, acusación que en noviembre de ese mismo año, la fiscalía desestimó por no tener suficientes pruebas para procesar al deportista.

Por suerte todos esos casos no oscurecen del todo el cielo deportivo que alcanza mayor brillo cuando un atleta se levanta de su propio dolor y conduce a su equipo para una victoria. Rajon Rondo, de los Boston Celtics, protagonizó un instante supremo de esos que nunca se olvidan y corren de boca en boca durante el tercer encuentro del play off contra Miami Heat.

Pese a tener una dislocación en el codo y una contractura en la espalda por una violenta caída en el partido, cuando chocó contra Dwyane Wade, el armador verde anotó dos veces de manera consecutiva y representó la bujía inspiradora para que su equipo saliera del ciclo de las derrotas y se anotara su primer triunfo frente a dos que tienen los de Miami.

Rondo muestra por lo general un rostro inexpresivo, al estilo robot de Terminator, pero demostró que debajo de esa aparente indiferencia late un voluntarioso jugador que no se amilana ante nada y pone el corazón en un sitio más abajo de lo acostumbrado.

“Demostró que es un joven muy duro”, dijo a la prensa su compañero Kevin Garnett. Más que duro Rondo nos recordó esa virtud del deporte, esa llama eterna por la que los aficionados acuden a los estadios o siguen los equipos desde tiempos inmemoriales: la vergüenza deportiva de competir y ofrecer el mejor espectáculo.

Esa vergüenza que muy a menudo olvidan en esta actualidad moderna, dueños y deportistas de las ligas profesionales de béisbol, baloncesto y fútbol americano, quienes en diferentes periodos fueron a huelgas en busca de ganar más y más dólares dentro de ese espiral codicioso que mueve a nuestras sociedades, sin recordar que afectan en primer orden al deporte y a los aficionados, quienes son su razón de existir y resultan los más perjudicados en esas peleas.

Pero con esos detalles hay que vivir dentro de este abigarrado mundo donde el deporte no escapa a nuestras propias miserias humanas, aunque a veces pensemos lo contrario. Sexo, violencia y codicia dentro de los protagonistas deportivos nos recuerda que ellos son tan humanos como nosotros y también tienen defectos, pese a que muy a menudo creamos que son perfectos.

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