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¿Se renueva el Ministerio de Cultura?


Julián González Toledo (izq.), entonces viceministro de Cultura y Miguel Barnet presidente de la UNEAC.

Entre el feroz comisario Fernando Rojas y el “aperturista” Julián González el gobierno eligió al segundo

Cada vez que en Cuba se sustituye a un dirigente, y la prensa oficialista informa que se trata de una “renovación en el cargo”, me da la impresión de estar escuchando un chiste de mal gusto. Si de verdad se quisiera renovar, ¿por qué no empezar por Machadito, Furry, Ramiro Valdés y compañía, que llevan más de medio siglo aferrados a cargos públicos?

Lo anterior sale a la palestra a raíz de la reciente defenestración de Rafael Bernal como ministro de Cultura; un suceso calificado también por el periódico Granma (edición del jueves 6 de marzo) como “liberación por renovación del cargo”. Y comoquiera que el hecho aconteció apenas a dos meses del inicio del Congreso de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), decidí solicitar el criterio de un amigo, poeta y ensayista, que ha estado muy al tanto de las reuniones previas a ese evento.

Según mi amigo (por razones obvias no quiere que su identidad se conozca), al margen de los errores que haya cometido Rafael Bernal, el cambio era esperado. Porque Bernal no es un creador, ni siquiera un intelectual. Más bien clasifica como un administrador, al que Raúl Castro le confió los recursos de ese organismo una vez que Abel Prieto abandonara el cargo de Ministro. Pero los escritores y artistas reclamaban ya la presencia de alguien vinculado con la creación al frente del Ministerio, y fue ahí donde apareció Julián González Toledo, quien durante varios años dirigió el Consejo Nacional de las Artes Escénicas.

Y al entrar en el tema del proceso previo al Congreso de la UNEAC, mi amigo me confesó que hubo muchos planteamientos que denotan la ineficiente labor del Ministerio de Cultura (MINCULT) en sus relaciones con los creadores. Por ejemplo, insatisfacción con los sistemas de pago, con la cobertura de la seguridad social, así como la escasa asesoría que brinda el MINCULT a artistas y escritores para que cumplan con sus obligaciones tributarias. Se trata de un desencuentro que ya había aflorado durante el II Congreso de la Asociación Hermanos Saíz, celebrado meses atrás.

De igual forma, abundaron las críticas acerca de la mala factura de muchos espectáculos que organiza el MINCULT, principalmente aquellos que llevan al interior del país. También fue censurado el trabajo cultural que se desarrolla en las comunidades, y en este punto sobresalió el pésimo estado constructivo de buena parte de las Casas de Cultura, así como el pobre desempeño de los instructores de arte, de los que mucho esperaban los personeros de la cultura oficial.

Ah, y no podía concluir la conversación con mi amigo sin preguntarle el porqué de la designación de Julián González, y no de Fernando Rojas, el más antiguo de los actuales viceministros de ese organismo, y quizás el más intelectual de ellos. El problema consiste -expresó- en que a las puertas del Congreso de la UNEAC el General-Presidente optó por una figura que diera la imagen de cierta apertura, y desdeñara a un funcionario de línea dura, una especie de “talibán cultural”, como lo es Fernando Rojas. No hay que olvidar, entre otras cosas, que fue Rojas quien dio la cara para desbancar a los cines 3D que poseían los trabajadores por cuenta propia.

Y la designación de María Elena Salgado como viceministra primera, prácticamente liquida las aspiraciones de Rojas de ocupar la máxima jerarquía en el MINCULT. En lo adelante, cualquier movimiento de cuadros que lo incluya, debe de lanzarlo hacia abajo, a cumplir “otras tareas”, como mismo consignó la nota de Granma con respecto a Rafael Bernal.

Publicado por Orlando Freire Santana en Cubanet
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