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Salud Hernández-Mora: crónica de su secuestro por guerrilleros del ELN


Periodista española Salud Hernández Mora, secuestrada por el ELN en Colombia

La periodista española escribe en el diario El Mundo que los subversivos eran perezosos y fanfarrones: "Cada uno de nosotros puede con 10 del Ejército", decía el que más la vigiló, de 16 años y con un AK-47 terciado al pecho.

La periodista española Salud Hernández-Mora, recientemente secuestrada por subversivos de la guerrilla comunista del ELN en Colombia, publica hoy en el diario El Mundo una estremecedora crónica sobre la estadía entre sus captores.

Hernández-Mora retrata cómo son y qué piensan los guerrilleros marxistas. La tuvieron cautiva siete días y en el artículo asegura la destacada comunicadora que los subversivos eran perezosos y fanfarrones: "Cada uno de nosotros puede con 10 del Ejército", decía el que más la vigiló, de 16 años y con un AK-47 terciado al pecho.

A los 13 años, después de un entrenamiento de semanas, empuñó su primer fusil. Ahora tiene 16 y un aspecto de crío, delgado y frágil, que intenta disfrazar adoptando el aire de un curtido combatiente, así describe la periodista española a uno de sus guardianes.

Miembros del ELN.
Miembros del ELN.

El secuestro de la periodista española ocurrió unos días antes que la Cámara de Representantes del Congreso de Colombia aprobara el miércoles anterior en último debate el denominado "acto legislativo para la paz", presentado por el gobierno de Juan Manuel Santos para blindar y agilizar la implementación del acuerdo que espera firmar próximamente con la guerrilla terrorista de las FARC en La Habana, Cuba.

Hernández-Mora, corresponsal en Colombia del diario español El Mundo y colaboradora del periódico El Tiempo de Bogotá, fue liberada por el ELN el pasado 27 de mayo.

"Es martes y nos escondemos en una casa de adobe abandonada, en un punto solitario de la Cordillera Oriental andina. Es el segundo día que Brayan, un segundo adolescente de 17 años, un chico de 19 y el jefe de todos ellos, un treintañero alto y fornido al que llaman Miguel, componen la cuadrilla que me custodia. Sabemos que los militares nos pisan los talones porque escuchamos helicópteros la noche anterior y el avión fantasma hizo un par de pasadas de reconocimiento", narra Hernández-Mora.

Y continúa la periodista en su crónica para El Mundo: “El jefe de la siguiente comisión registra a fondo lo poco que me dejaron y que llevo en una bolsa. Busca chips incrustados en algún elemento, sofisticados sistemas de localización. Gafas graduadas, bolsa, crema de cara, gorra, transistor. Nada escapa a sus sospechas.

-Son unos paranoicos, un periodista no es un infiltrado de nadie -protesto.

-Respete, señora -replica molesto".

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