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Rousseff lleva las de perder


La presidenta brasileña Dilma Rousseff, suspendida de sus funciones por un juicio de destitución, habla en un acto hoy, miércoles 24 de agosto de 2016, en Brasilia (Brasil).

Los sondeos y analistas coinciden en que la tendencia es prácticamente irreversible en favor de la destitución, para la que se requiere una mayoría especial de 54 votos (dos tercios) de un pleno de 81 senadores.

Los senadores brasileños escuchan este viernes a la defensa de Dilma Rousseff, durante el segundo día de su histórico juicio político. Pero según pronósticos, ningún argumento podrá evitar que la presidenta sea despojada de su mandato.

Los sondeos y analistas coinciden en que la tendencia es prácticamente irreversible en favor de la destitución, para la que se requiere una mayoría especial de 54 votos (dos tercios) de un pleno de 81 senadores.

Como referencia, el mismo plenario aprobó hace 15 días llevar el proceso a instancia de juicio con 59 votos.

"Yo creo que es posible revertir el proceso porque hay senadores que si bien se han mostrado favorables al impeachment, han dicho que podrían cambiar de opinión si se muestra que no hay crimen", dijo a la AFP la senadora Gleisi Hoffman, una de las espadas del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda) en el Senado.

Si Rousseff, que se le acusa de maquillar las cuentas públicas, es destituida se pondrá fin a más de 13 años de gobiernos del PT, golpeado con las revelaciones de masivos escándalos de corrupción, incluido el mega fraude a Petrobras.

Y Michel Temer, vicepresidente de Dilma por cinco años y ahora su enemigo visceral, completará el mandato hasta 2018.

"Este proceso es una farsa, fue montado exactamente para criminalizar a la presidenta Dilma", dijo Hoffman al iniciar la sesión de este viernes, que comenzó con un pequeño atraso pasadas las 9h40 (12h00 GMT) y podría extenderse hasta el domingo.

El Senado escuchará a los seis testigos de Rousseff, entre ellos el exministro de Economía Nelson Barbosa, después de un muy acalorado primer día del maratónico juicio, en el que se escucharon en más de 12 horas los dos testigos de la acusación.

La primera presidenta de Brasil, de 68 años y elegida en 2010 en medio de un boom económico que hizo agua, tomará la posta de la defensa el lunes, posiblemente acompañada de su antecesor y mentor político, Luiz Inacio Lula da Silva. Deberá hablar entre 30 y 60 minutos, según analistas, con un discurso más dirigido a la nación y no a los senadores, que ya tienen una opinión formada y que podrán además interrogarla.

Después vendrán las deliberaciones, que deben prolongarse hasta el martes, para iniciar la votación.

El presidente de la corte suprema, Ricardo Lewandowski, pidió a los senadores-jueces que dejen de lado sus posiciones ideológicas y partidarias, pero tuvo repetidamente que poner orden en los tensos debates del Senado.

"El impeachment de Rousseff es una gran victoria de la democracia, una liberación de nuestro país de la izquierda que quería perpetuarse en el poder", dijo a la AFP Janaina Paschoal, una de los tres juristas que presentaron el pedido de juicio contra Rousseff.

En caso de ser sentenciada, Rousseff, esta mujer aguerrida que militó en una guerrilla marxista durante la dictadura (1964-1985), quedará inhabilitada para ocupar cargos públicos por ocho años.

La mandataria insiste en que es "inocente" y denuncia ser víctima de un "golpe de estado" orquestado por Temer.

Rousseff es acusada de violar las normas fiscales al manipular datos que permitieron ocultar la verdadera situación de las cuentas públicas de su gobierno, y emitir por decreto líneas de crédito extraordinarias sin el aval del Congreso.

La mandataria aduce que esas han sido prácticas corrientes en Brasil.

Aislada en una especie de destierro en el Palacio de Alvorada, la residencia presidencial, Dilma ha pedido "mantener viva la esperanza" aunque la derrota parece cantada incluso para sus propios partidarios.

La dirección del PT rechazó por amplia mayoría el referendo para adelantar las elecciones propuesto por la mandataria si volvía al poder y en las calles de Brasilia no hay manifestantes cerca del Congreso, donde se colocaron barreras por seguridad, a diferencia de meses atrás cuando inició el proceso.
"Este es el día de la vergüenza nacional", zanjó Lula el viernes.

Brasil atraviesa la peor recesión en décadas y está golpeada además por alta inflación, desempleo y un déficit de 45.000 millones de dólares.

Desde que asumió el gobierno, con el aval de los mercados, Temer ha dicho que encaminar la economía es una prioridad y que no le temblará el pulso para tomar medidas, incluso impopulares, para poner orden en las cuentas.

Todo eso con una popularidad de apenas 13% y sin la legitimidad que dan las urnas.

Según medios de prensa, Temer apuesta a que el juicio termine antes de su viaje a China el miércoles para participar de la reunión del G20, a la que quiere llegar sin el título de interino. El PT por su parte, trata de atrasar el proceso.

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