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Es sin dudas un golpe dirigido al noble pueblo americano que presta su tierra a los hombres y mujeres que la han perdido y que también presta a sus hombres para salvar vidas y libertad.

Chris Stevens, Patriota Americano, Sean Smith, Patriota Americano, Glen Doherty, Patriota Americano, Tyron Woods, Patriota Americano.

Héroes de la gran nación de libertadores

El pueblo americano ha recibido una inexcusable bofetada, puesta en las mejillas de su Presidente. El asesinato de un representante de su gobierno. El asesinato de un Embajador Americano en un país árabe al cual nuestras tropas, los sentimientos del pueblo americano y el entusiasmo del Embajador asesinado ayudaron a salir de todos los años de dictadura impuestos por el dictador Gadafi.

Chris Stevens trabajó, ayudó y murió cumpliendo su misión: liberación. Un hombre americano siempre con una sonrisa diciendo “Estoy aquí”. Puedo ayudar. Soy un ser humano capaz de comprender a los que aman, y sufren, a aquellos esperando el regalo hermoso entregado por el esfuerzo de hombres libres ansiosos por llevar a un hermano desconocido la entrega necesitada.

Así, con sus palabras y su trabajo, con su comprensión del pueblo árabe logró ser mediador en disputas tribales importantes para la unificación en la lucha por la libertad del país. También colaboró en importantes gestiones en Jerusalén, El Cairo, Damasco y Riad. Hubo mensaje en su relación con un pueblo perdido en la crueldad de una dictadura que prohibía el gran sueño de hombres y mujeres. Hubo empeño en llevar unidad a los nativos, para hacerlos pueblo libre. Los compañeros del viaje de regreso del Embajador Chris Stevens también cumplían su misión de salvadores.

Hoy somos parte de un acto inexplicable. ¿Ha sido incapacidad o ha sido cobardía o ha sido preferencia por su campaña electoral lo que ha impulsado las palabras tardías del Presidente de la nación más generosa del mundo?

¿Debieron ser las primeras palabras dedicadas a hablar del asesinato, del odio y de la violencia demostrados por los asaltantes palabras de disculpa y de pedir perdón o debieron contener las exigencias de un pueblo atacado injustamente?

¿En qué lugar quedaron la verdad y la justicia? ¿En dónde las palabras narrando el terror, las palabras demostrando el dolor del pueblo americano , las palabras informando de la extrema crueldad de un pueblo llevado a un fanatismo extremo por una falsa imagen, las palabras reclamando respeto?

¿Podemos pensar que los ataques a nuestras embajadas han sido solamente la violencia de hombres deseosos de demostrar su extremismo por las creencias religiosas practicadas por ellos, o podemos estar seguros de que no existen casualidades en los hechos?

Las experiencias de tantos años de sacrificios americanos llevando paz y libertad a los pueblos subyugados nos demuestran que no existen en el fanatismo de los agresores, espacios ni para la comprensión ni para el agradecimiento. Para nosotros es la enseñanza de que hay maldad y de que hay premeditación para provocar conflicto.

Por costumbre o quizá como meta importante para pueblos manipulados, además de la maldad y de la premeditación existe también la enfermedad del siglo: la envidia. La envidia que cubre la verdad, suelta el terror y mancha de sangre sacrificada las calles de una ciudad protegida por esa misma sangre.

La verdad de una conspiración contra los americanos, está frente a nosotros diciéndonos que esa bandera americana rota por las mismas manos que recibieron su sombra volverá a brillar en tierras liberadas y que los mismos vientos que regaron sus pedazos mecerán de nuevo sus estrellas y que serán los mismos corazones americanos liberadores de pueblos esclavizados los que volverán a tomar el camino de la liberación.

Aquí, aquí hay hombres y mujeres, hay pueblo, hay esperanzas y hay sueños. Especialmente existe el deseo de continuar sembrando democracia y entregando libertad. Este es sin dudas un golpe dirigido al noble pueblo americano que presta su tierra a los hombres y mujeres que la han perdido y que también presta a sus hombres para salvar vidas y libertad.

Me pregunto ¿cómo responder a este primer ataque para evitar la continuación de los mismos? ¿Puede el silencio de nuestro primer mandatario detener nuevos ataques? ¿Es necesario poner la otra mejilla para reclamar respeto que merecemos, no el perdón que suplicamos y caminar entonces sobre la tierra liberada? ¿Cómo responder con dignidad?

Oremos por el eterno descanso de los cuatro americanos regresados ya a tierra americana. No olvidemos la pureza de sus ideales. Extrañemos sus conductas ¡Dios bendiga a América!

Publicado en Diario Las Américas el 21 de Septiember del 2012

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