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Raúl Castro no fue cómplice de los crímenes de Fidel, fue coautor


Fidel Castro celebra la victoria del movimiento revolucionario sobre el régimen de Fulgencio Batista. A su lado, su hermano Raúl Castro (d-i).

Esta es una de las grandes razones por las que anda preocupado, intentando llamar la atención y dando pasos que parezcan de cierta intención.

El Gobierno cubano, como otros, ha cometido actos criminales que pudieron estar convocados por "razones de Estado"; pero hay un momento en la historia donde el Gobierno de la isla decide cruzar la línea que define este tipo de actuaciones para convertirse claramente en un "Estado criminal".

La paranoia, más la cobardía que en 1989 desató el caso Ochoa en la cúpula gubernamental cubana, repercute en las decisiones que posteriormente se tomaron, como la orden de hundir el remolcador 13 de Marzo en 1994 y el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, en 1996 .

Es imposible encontrar una explicación adecuada sin antes intentar abrir la vieja caja de Pandora. Y, dada las circunstancias, usando métodos poco tradicionales, obtuve varios testimonios de personas que, de alguna forma, estuvieron vinculados a estos actos ilegales.

Por supuesto, teniendo en cuenta la importancia y las posibles consecuencias de tan reveladores datos, no serán publicados en esta columna sino próximamente, en un libro.

Baste decir que:

1.- Al general Arnaldo Ochoa, un hombre de pueblo que gozaba de admiración entre oficiales y soldados, le inventaron un delito durante el proceso de investigación. Lo mataron por temor a una sublevación militar, al atentado, al golpe de Estado, y por ello tipifica como asesinato jurídico.

2.- El hundimiento del remolcador fue un acto perpetrado como resultado de una decisión consultada y aprobada con anterioridad. Por tanto, a siete millas de la Bahía de La Habana, de noche, y con 72 personas indefensas a bordo, no es homicidio sino asesinato.

3.- La forma en que se tomó la decisión de derribar las avionetas Hermanos al Rescate, y el proceder, en el teatro de la DAAFAR, donde se escogió el misil usado para derribarlas sin dejar rastro alguno, con premeditación para impedir cualquier investigación, hizo del hecho un acto con alevosía, desmedido, desproporcionado y violatorio del derecho internacional porque aun en el hipotético caso de que hayan violado el espacio aéreo cubano, el Gobierno borró las evidencias demostrando intención criminal, y porque, como dato adicional, es importante aclarar que, existía un antecedente, no era la primera vez que en Cuba se ordenaba y se cumplía el mandato de disparar contra avionetas civiles.

No es obra de la astrología, mucho menos casualidad, que estos sucesos estén concentrados en una misma época "histérica", marcada por el debilitamiento de los nexos del Gobierno con sus antiguos aliados europeos.

Ahora bien, como repetía mi abuela, "donde brinca el ajo, salta la cebolla". El general Raúl Castro no es cómplice de Fidel en este tipo de acciones que afectaron vidas humanas, es coautor porque todas esas decisiones se tomaron de conjunto.

Esta es una de las grandes razones por las que anda preocupado, intentando llamar la atención y dando pasos que parezcan de cierta intención, o inclinación democrática para con ellos organizar una protección artesanal que le permita retirarse y asegurar la inmunidad que, para él y su comparsa, sólo le puede brindar el pacto con algún poder político.

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    Juan Juan Almeida

    Licenciado en Ciencias Penales. Analista, escritor. Fue premiado en un concurso de cuentos cortos en Argentina. En el año 2009 publica “Memorias de un guerrillero desconocido cubano”, novela testimonio donde satiriza  la decadencia de la élite del poder en Cuba.

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