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Quino, orgulloso de un premio que le remite a sus raíces españolas


Fotografía de archivo, Buenos Aires (Argentina) 20/07/2012, del humorista gráfico argentino Joaquín Salvador Lavado "Quino", creador de "Mafalda", galardonado hoy con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2014. EFE/archivo/Enrique

"No me lo esperaba", afirmó Quino en una improvisada rueda de prensa en Buenos Aires tras ganar premio Príncipe de Asturias.

Un premio inesperado, que dedica a su esposa, Alicia, y que le remite a sus raíces españolas, así se refería hoy Joaquín Salvador Lavado, Quino, al Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades que, por primera vez, ha recaído en un dibujante.

"No me lo esperaba", afirmó Quino en una improvisada rueda de prensa en Buenos Aires horas después de recibir la noticia de que se le había concedido el máximo galardón que se otorga en España.

"A los premios uno llega cansado", agregó el dibujante, que en julio cumplirá 82 años, "sería mejor que te los dieran cuando eres joven", pero "siempre halagan".

Quino no ha recibido aún la llamada del Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, pero "espero que me invite a comer una tortilla", bromeó.

"Me alegra que España me haya dado un premio que me remite a mi familia", añadió el dibujante, hijo de exiliados republicanos andaluces que se afincaron en la provincia de Mendoza, la cuna del vino argentino.

Quino se presentó ante los medios acompañado de su esposa Alicia, a quien dedicó el premio porque "fue clave" en la difusión de su trabajo en todo el mundo.

Alicia es, además de su compañera, su "ministra de Cultura y de Economía", dijo divertido el humorista que, tras la sorpresa inicial, dio un repaso a buena parte de su vida y también de la vida de sus personajes, empezando por Mafalda, la "heroína iracunda", como la definió Umberto Eco.

A punto de cumplir 50 años, Mafalda, la niña que nació de la pluma de Quino años 60, es uno de los personajes más conocidos en el mundo y sus comentarios irónicos se mantienen de plena actualidad.

Producto, explicaba hoy Quino, de que "los problemas del mundo no han cambiado" y de su toque multicultural, resultado a su vez del ambiente de emigrantes en el que se crio el dibujante en Mendoza.

"Hasta que fui a primaria, en mi casa se hablaba andaluz", recuerda Quino, que no se olvida del vecindario de su infancia, compuesto por italianos, libaneses y hasta por un verdulero español que pregonaba su mercancía cantando versos y "ya teníamos ahí a Federico García Lorca".

Un entorno de emigrantes, compromiso político y arte, porque Quino procede de una familia de exiliados republicanos y con una afición por el dibujo que le transmitió uno de sus tíos, dibujante de anuncios de cine.

Supo que seguiría sus pasos a los 18 años, cuando cayó en sus manos un ejemplar de Paris Match con ilustraciones, "entonces dije, esto es lo que yo tengo que hacer".

"Me crié muy interesado en lo que pasaba en todo el mundo", confesaba hoy, y eso se reflejó en sus historietas.

Un trabajo también comprometido que le costó más de un quebradero de cabeza con la censura en varios países, desde Argentina a la España del franquismo.

"Nací con una autocensura muy fuerte", reconoció, porque durante el primer gobierno peronista en Argentina, en los años 40 y 50, resultaba muy difícil escribir sobre temas como familia, religión o militares.

También tuvo problemas con la censura en países vecinos como Bolivia, Chile y Brasil, donde los censores "arruinaban con su lápiz rojo dibujos originales".

En España, la primera edición de Mafalda se publicó con el aviso "solo apta para adultos", alrededor de 1973, recordaba hoy el ilustrador, que no escatimó elogios para los dibujantes españoles.

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