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El viaje sin protocolo de Margallo a Cuba


José Manuel García-Margallo llega a Cuba.

Me cuesta entender cómo la cancillería española no pudo leer las señales de un previsible desplante.

Ni por referencia recuerdo la letra del Pipisigallo, el juego-canción infantil que parece ser más importante para el general Raúl Castro que la visita a la isla del canciller español José Manuel García-Margallo.

Es la primera cortesía de un ministro de Exteriores ibérico para con el Gobierno cubano desde el año 2010 y, según dicta el protocolo, estuvo recíprocada por su homólogo cubano Bruno Rodríguez Parrilla.

No obstante, la noticia no giró en torno a sus varios encuentros, sino al singular desencuentro. De inmediato, surgieron varios francotiradores afiliados al santuario de la reflexión, intentando hacernos creer que la conferencia dictada por el Canciller español en la academia de la diplomacia cubana, fue el motivo de tan comentado desplante.

Raúl Castro no recibió a García-Margallo porque consideró un agravio el hecho de que cuando el Canciller asumió su cargo en 2011, aunque luego se desdijo, aseguró públicamente que no visitaría Cuba sin reunirse con la disidencia.

Teoría muy desatinada porque la visita al ISRI (Instituto Superior de Relaciones Internacionales) no fue casual sino previamente organizada por representantes que manejan, de siempre, los hilos del acoplamiento con la Inteligencia cubana. Siendo así, ¿qué sorpresa o molestia puede ocasionar la ponencia de un funcionario extranjero en la escuela del MINREX, cantera de la DGI, titulada "Vivir la transición: Una visión biográfica del cambio en España"?

Apunten antes de lanzar, los imprevistos se pudieron esperar durante el discurso pronunciado por el ex presidente Jimmy Carter aquel martes 14 de mayo de 2002 en la Universidad de La Habana cuando, en presencia de Fidel, habló del Proyecto Varela y entre otras cosas mencionó: "no estoy usando una definición norteamericana de democracia. El término está incluido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos que Cuba firmó en 1948 [...] y está basado en algunos principios simples: todos los ciudadanos nacen con el derecho a escoger a sus líderes, a definir su propio destino, a hablar libremente, a organizar partidos políticos, sindicatos y grupos no gubernamentales y a tener juicios abiertos y justos".

Las relaciones Cuba-España no se verán afectadas por el mediatizado plantón. El dinero pesa más, España es el primer socio europeo de Cuba, y el tercero a nivel mundial. Todo eso sin contar el crecido vínculo consular y migratorio surgido a raíz de la Ley de Memoria Histórica, o de nietos.

Raúl Castro no recibió a García-Margallo porque consideró un agravio, el hecho de que cuando el Canciller asumió su cargo en 2011, aunque luego se desdijo, aseguró públicamente que no visitaría Cuba sin reunirse con la disidencia. Ofensa que Raúl no olvidó, y el Canciller recibió la predecible respuesta que en versión Castro, y al mejor método Braille (sistema de lectura y escritura táctil pensado para personas ciegas), solo pretendía humillar a quien se autotituló adversario y decolorar la visita.

De este incómodo episodio que tomó trascendencia en la prensa, lo que me cuesta entender es cómo la cancillería española no pudo leer las señales de un previsible desplante.

El aeropuerto José Martí, cuenta con tres salones de protocolo (el del Consejo de Estado, el del MINREX y el Militar). El primero, y más importante, está ubicado al final de la terminal de vuelos nacionales. Para dar una idea visual pues los videos se encuentran en la web, fue por donde Raúl Castro recibió al espía Fernando González cuando regresó a La Habana. Los restantes dos salones, se encuentran en la parte baja de la terminal internacional.

Margallo –según las imágenes de diferentes noticieros– entró al aeropuerto habanero a través de la manga, finger o pasarela de acceso y salió a la calle por la rampa de llegadas

En ninguno de los casos, quienes son considerados "pasajeros protocolares" pasan por dentro de las instalaciones de la terminal aérea. José Manuel García-Margallo –según las imágenes de diferentes noticieros– entró al aeropuerto habanero a través de la manga, finger o pasarela de acceso y salió a la calle por la rampa de llegadas. O sea, le permitieron usar, como mucho, el salón VIP que pagando tienen derecho a disfrutar tanto turistas, empresarios e incluso algunos jineteros con deseos de ahorrarse (sin saltar) la incomodidad de los registros migratorios y los desmanes aduanales, la interminable espera del equipaje. Todo parece indicar que a Margallo lo picó el gallo.

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    Juan Juan Almeida

    Licenciado en Ciencias Penales. Analista, escritor. Fue premiado en un concurso de cuentos cortos en Argentina. En el año 2009 publica “Memorias de un guerrillero desconocido cubano”, novela testimonio donde satiriza  la decadencia de la élite del poder en Cuba.

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