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Preso a punto de morir, ¿culpable o inocente?


Enmanuel Abreu Sánchez, condenado a 12 años de una condena que considera injusta. Su huelga de hambre ha sobrepasado los 89 días.

"En la Prisión de Guantánamo le propinaron golpizas, le pusieron grilletes en cintura, manos y pies y lo crucificaron (esposado a una reja) durante horas", relata el abogado René Gómez Manzano.

El recluso Emmanuel Abréu Sánchez acaba de cumplir tres meses en huelga de hambre. La sostiene a ultranza con el objetivo de conseguir que las autoridades reconsideren la decisión que lo mantiene privado de libertad. La sanción que está cumpliendo es por la comisión de un supuesto tráfico de personas.

En opinión del mismo reo, ese delito, en realidad, no existe. Lo mismo —creo yo— pensará cualquier persona imparcial —sea jurista o no— que analice las circunstancias que concurren en su caso. No lo consideraron así los jueces del Tribunal Provincial de Guantánamo ni los del Supremo, quienes lo han enviado a prisión por la friolera de doce años.

Esa injusticia, así como el peligro inminente de muerte en que se encuentra el sancionado, movieron a su mamá Meibol (Méibol Sánchez Mujica) a solicitar la ayuda de los abogados de la Corriente Agramontista, que me honro en presidir. Esa asistencia legal independiente se ha materializado en la redacción de un escrito de revisión que la atribulada señora acaba de presentar.

La argumentación de ese documento no es compleja. La misma sala que lo juzgó, al narrar los hechos en su sentencia, plantea que fue otra persona quien concibió la idea de emigrar; un tercero se encargó de coordinar todas las actividades; otro más fue quien contrató el automóvil que desde Ciego de Ávila hasta Holguín fue recogiendo a los potenciales emigrantes; entre ellos a Abréu Sánchez, un pasajero más.

La única acción concreta que la sentencia le atribuye a Emmanuel es que, al llegar a la ciudad de Florida, Camagüey, él se bajó del auto para hablar con el Primera Base del equipo de béisbol de la provincia agramontina, Daris Reinier Bartolomé Vega. Este deportista era otro de los que anhelaba labrarse un mejor destino en tierras extranjeras.

Los mandarines castristas, como nuevos señores feudales, ardieron de indignación al conocer que alguien había intentado privarlos de los servicios de un atleta destacado. Como resultado de la feroz reacción oficialista, pagaron justos por pecadores: casi todos los que habían intervenido de un modo u otro en el plan —entre ellos Abréu Sánchez—fueron procesados por el supuesto tráfico de personas.

O sea, que, según los magistrados comunistas, la intentona tuvo más promotores y organizadores (que es lo que, según la Ley, constituye el referido delito) que simples pasajeros. Para expresarlo con la pintoresca y certera frase popular: En este caso (y en opinión de esos sesudos jueces) hubo más caciques que indios…

La alternativa era considerarlo autor de una salida ilegal del Territorio Nacional. Como regla, hace años que este delito no es aplicado a quienes intentan marcharse del país sin cumplir las formalidades establecidas. Pero —pese a lo que muchos legos piensan en contrario— él aún sigue figurando en el Código Penal.

Como es natural, Emmanuel no podía aceptar con tranquilidad su arbitrario envío a prisión por una docena de años. Tan pronto supo que la injusta sentencia había sido ratificada, utilizó para protestar el único medio al alcance de un reo cubano: la huelga de hambre. Son incontables las calamidades que, como consecuencia de esa decisión, ha sufrido él en las cárceles comunistas.

En la Prisión de Guantánamo le propinaron golpizas, le pusieron grilletes en cintura, manos y pies y lo crucificaron (esposado a una reja) durante horas. Una vez en La Habana, en el Combinado del Este, lo desnudaban delante de presos homosexuales y otras personas. Ya muy deteriorado, después de trasladarlo en una carretilla hacia una especie de sótano, lo lanzaron escaleras abajo, como si fuese un fardo…

Al cabo de un mes y una década de ese calvario, el deterioro de su salud obligó a trasladarlo a la Sala de Penados del Hospital Nacional “Enrique Cabrera”, donde su vida corre serio peligro. Allá la afligida Meibol llama por teléfono, o acude a verlo en las contadas ocasiones en que la Seguridad del Estado le concede esa gracia: más o menos cada 15 o 20 días.

Es ella quien informa a la opinión pública sobre la situación actual de su hijo. El pasado lunes pudo entrevistarse con él y comprobó personalmente su mal estado de salud: llevaba 28 horas sin orinar. “Durante la huelga, Emmanuel ha perdido más de la mitad de su masa corporal”, afirma.

La abnegada madre presentó la solicitud de revisión en el Ministerio de Justicia el pasado lunes. Ahora las autoridades cuentan con una posibilidad legal para solucionar el caso de Abréu Sánchez. Esperemos que, para bien de la justicia, de su salud e incluso de su vida, no tarden en hacer uso de ella.

Este artículo fue publicado originalmente en el portal Cubanet, el 12 de agosto de 2015.

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