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Pepito y el castrismo


No hay cubano sin un chiste de Pepito dentro de su repertorio para las fiestas y no existe la probabilidad de que alguien nacido en la isla no haya escuchado al menos un cuento del personaje en su vida.

Pepito, nuestro Pepito de los cuentos graciosos es por decir de algun modo la versión cubana de Peter Pan al ser el niño que nunca creció y siempre consigue sorprendernos con las picardías más asombrosas e inesperadas.

Sus salidas siempre nos hacen reír por sus agudezas e ironías. No hay cubano sin un chiste de Pepito dentro de su repertorio para las fiestas y no existe la probabilidad de que alguien nacido en la isla no haya escuchado al menos un cuento del personaje en su vida.

Cuando alguien dice… “Tengo el ultimo cuento de Pepito”, a todos les aflora una semisonrisa en los labios, los ojos se iluminan y la carcajada ruidosa, esta presta a expandirse para terminar con la consabida frase llena de admiración.

-¡Qué clase de jodedor es este Pepito!

Sí, porque detrás de esa frase se esconde el orgullo de ser miembro de un pueblo que le encuentra una punta humorística a todo y a todos, no en el clásico de “tirarlo todo a relajo”, como analizó Jorge Mañach en su conocido ensayo, “Indagación al choteo”, sino en interpretar un momento y hallar la frase simpática y liberadora, capaz de reducir la tensión o aspereza del momento más difícil. Nuestra máxima representación para conseguir ese instante de buen humor relajante es un buen cuento de Pepito.

Por lo general a Cuba se le identifica por sus ritmos bailables, el malecón, el Morro, la tacita de café fuerte, el dominó, las masas de puerco, los frijoles negros y tostones. Ahora, si somos justos no podemos dejar de incluir dentro de esos símbolos de la cubanía al travieso Pepito.

El mítico niñito fue y es todavía la voz de la inconformidad en todos estos años de terrible censura donde el humor político desapareció de las páginas de los periódicos y una publicación de gran tradición en ese ejercicio, como el Zig Zag, fundada el 30 de agosto de 1938, fue eliminada en 1960, “luego que sus dueños trataron la actualidad nacional con matices contrarrevolucionarios”, según escribió un periodista oficialista sobre ese cierre.

Resulta evidente que “tratar la actualidad nacional con matices contrarrevolucionarios” es enfocar los problemas cotidianos del gobierno de una manera crítica y burlona, pero que al final hace pensar. En realidad la contrarrevolución del Zig zag fue que apareció este chiste en una de sus páginas interiores:

”Hace 15 minutos que Fidel no habla”

Ser “contrarrevolucionario” es mirar con ojos humanos a los auto titulados dioses del Olimpo de la Sierra Maestra, quienes se consideran puros, inmaculados, llenos de fe revolucionaria, por supuesto siempre y cuando no vayan en contra del Comandante, la revolución y el partido, por ese mismo orden. A decir verdad es posible fallar en las dos finales, menos equivocarse con la fidelidad al padrino Don Corcastro, perdón, quise decir el comandante, ya que ese error es mortal, los otros son perdonables.

Aquella frase del Mesías en jefe a los intelectuales “dentro de la revolución todo, contra la revolución nada” abarcaba también los chistes sobre las personalidades que integran el panteón castrista, quienes no se les puede criticar, ni burlarse de ellas de manera general por los medios tradicionales de prensa.

Dicen que el siguiente chiste es de la paternidad del famoso “Tres Patines”, otros afirman que fueron aquellos cómicos llamados “Los Tadeos”; el asunto es que uno de ellos estaba en el teatro donde colocaban cuadros en la pared dentro de una trama cómica de una obra y al ver uno de Fidel Castro en el suelo dijo:

-Déjame ese, que ese lo cuelgo yo.

Aseguran que eso le costó al autor del chiste la suspensión del espectáculo y tener que irse posteriormente del país. ¿Cierto, falso? Lo real es que nunca, ni en la TV, ni en obras de teatro, se hizo chistes a costas de los dirigentes encumbrados del proceso revolucionario.

¿Y cómo se desahogaba toda esa presión de burla reprimida que sufrimos y todavía sufren los cubanos de la isla? Pues gracias a Pepito, a su genialidad en descubrir lo chusco del régimen. Los chistes, por lo general cuando se refería de manera directa al líder máximo, se bajaban las voces, se habla en susurros, se hacen mimicas para referirse al lider, como por ejemplo señalar una barba imaginable. Esos cuentos abordan problemas o situaciones sociales que todos identifican. Aquí les dejo el ejemplo de un cuento de Pepito sobre las iglesias.

Fidel llama a Pepito y le dice:

-Pepito, estoy muy preocupado porque el pueblo está empezando de nuevo a ir a las Iglesias. Tenemos que acabar con eso. ¿Me puedes ayudar tú que eres tan inteligente?.


-No se preocupe comandante; deje eso de mi parte.


Al cabo de una semana todas las Iglesias estaban vacías, y Fidel llama a Pepito.

-Eres un genio, Pepito. ¿Cómo lo hiciste?

-Muy fácil, comandante, bajé a Jesucristo y puse un retrato suyo.

A través de Pepito los cubanos nos desahogamos de las barbaridades del gobierno, sus censuras, sus rígidas reglas, sus grandes errores y sobre todo le damos una imagen real y humana a los dirigentes castristas, quienes desde sus poltronas tratan de parecer majestuosos y al final el chiste natural de nuestro héroe Pepito los coloca en su real dimensión de ser unos pobres estreñidos que no saben reír.

Enrique Ovares un viejo compañero de escuela de Fidel Castro desde el colegio de Belén dijo en una entrevista sobre el carácter del anciano en jefe:

“No parecía cubano, no tenía sentido del humor, no sonreía, no bailaba”.

Durante estos más de 50 años, Pepito desafío los controles de la seguridad del estado para burlarse de la debacle de los 10 millones, la libreta de abastecimientos, la falta de comida, la policía, de Fidel y Raúl Castro, de sus muertes, de la presunta lealtad del pueblo, del socialismo de todos los desastres vividos por la población cubana.

En fin, Pepito mío que estas en la tierra hay que agradecer tu existencia y habilidad para hacer chistes, no cuentos como protestó en una ocasión:

-Le pregunta Fidel a Pepito:

-¿Así que tú eres el de los cuentos?

-No, comandante, yo soy el de los chistes, el de los cuentos es Ud.


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