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Pelea de Gallos una rica tradición cultural


No nos extrañe que muy pronto, de la misma forma que ahora autorizan en la isla, la apertura de campos de golf para atraer al capital turístico -cerrados desde 1959 porque Fidel Castro y el Che Guevara lo consideraron un deporte burgués- ahora reabran las vallas de gallo.

Vale decir que no solamente Andrew Jackson fue uno de los presidentes más populares de los Estados Unidos al juramentar su cargo en 1829, sino que a su vez como un apasionado fanático de las peleas de gallos, las permitía en la propia Casa Blanca.

Pero algo más, de acuerdo con la lógica simple de la historia, la primera pelea de gallos debe estar íntimamente vinculada al quinto día de la creación:

Dios creó las aves -según relata el libro del Génesis- inmediatamente después del cielo, la tierra, la luz y los mares.

El gallo de lidia o “gallo de pelea” nace con el instinto de pelear hasta vencer. Por eso es de suponer que los dos primeros gallos de lidias creados en el cuarto día con el resto de las aves, hayan peleado desde que toparon en ese milagroso pedazo de tierra inaugural.

Se conoce que los griegos y los romanos consagraban los gallos a sus dioses de la guerra en busca de protección y fuerza para combatir.

Pero el encanto de las peleas de gallos no queda solamente ceñido a estos importantes momentos de la historia pasada, que relatamos.

George Washington, el primer presidente de los Estados Unidos, fue un gran criador de gallos de pelea. Y los amigos de Ronald Reagan, desde su época de actor, nos informan que le encantaba asistir a topes de gallos de pelea.

En Cayo Hueso, estado de La Florida, se realiza todavía el Festival de los Gallos -Chicken Fest Key West- que rinde homenaje a los pollos de cría y a los pollos de pelea, animales de enorme popularidad en toda esa franja turístico-pesquera.

Todo un acontecimiento original, simpático y de inmenso sabor caribeño, que le viene como anillo al dedo a un Estado, como La Florida, angustiado por el desempleo y el déficit fiscal.

En Cuba se sabe que desde el poeta Plácido, pasando por el escritor Cirilo Villaverde, el patricio Miguel Teurbe Tolón, los presidentes Mario García Menocal y José Miguel Gómez, los hermanos Trinidad, conocidos hombres de negocios, y el pueblo en general, principalmente la clase campesina, eran criadores y fanáticos de las peleas de gallos.

De ahí aquel inolvidable poema del Cucalambé:

“Tal es la valla / tal es esa alegre diversión...

Donde con el gran Marqués / alterna el pobre artesano...

Y con su gallo en la mano / y su tabaco encendido...

Luce su mejor vestido / nuestro guajiro cubano”...

Una de las obras pictóricas de más colorido y fuerza de Julio Hernández Rojo, el pintor cubano fallecido, es su “Gallo de Pelea”. Y quien no recuerda aquella inolvidable pintura de Abela del “Guajiro y el Gallo”.

El gallo de pelea es un ave de pico corto y curvo en su parte superior, cresta señorial, plumaje maravilloso en colorido y espolones en sus patas, que en latín denominan “Gallus”.

Las peleas de gallo están prohibidas en Estados Unidos y Cuba, no así en Puerto Rico y otros países caribeños. Sin embargo se sabe que en Cuba algunos dirigentes revolucionarios, como el comandante Guillermo García, tiene su valla privada para pelear gallos, a la que asisten con cierta regularidad el gobernante Raúl Castro y otros dirigentes revolucionarios, a pesar de la prohibición.

No nos extrañe que muy pronto, de la misma forma que ahora autorizan en la isla la apertura de campos de golf para atraer al capital turístico -cerrados desde 1959 porque Fidel Castro y el Che Guevara lo consideraron un deporte burgués- ahora reabran las vallas de gallo.

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