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El nuevo Papa es Argentino


Jorge María Bergoglio.

Es la primera designación de un latinoamericano como Sumo Pontífice, cargo donde además nunca estuvo un jesuita como lo es Jorge Bergoglio, quien será el papa Francisco I

El nuevo Papa, Jorge Bergoglio, nació en Buenos Aires, siendo uno de los cinco hijos de un trabajador ferroviario italiano y su esposa.

Después de estudiar en el seminario de Villa Devoto, entró en la Compañía de Jesús el 11 de marzo de 1958.

Bergoglio obtuvo una licenciatura en filosofía en el Colegio Máximo San José, en San Miguel, y luego enseñó literatura y psicología en el Colegio de la Inmaculada de Santa Fe, y el Colegio del Salvador de Buenos Aires.

Fue ordenado sacerdote el 13 de diciembre de 1969, por el arzobispo José Ramón Castellano. Estudió en la Facultad de Filosofía y Teología de San Miguel, un seminario en San Miguel. Bergoglio alcanzó allí la posición de maestro de novicios y se convirtió en profesor de teología.

Impresionado por su capacidad de liderazgo, la Compañía de Jesús ha promovido a Bergoglio, quien ocupó el cargo provincial de dicha entidad religiosa en Argentina desde 1973 hasta 1979.

Fue trasladado en 1980, al convertirse en el rector del Seminario en San Miguel, donde había estudiado. Se desempeñó en ese cargo hasta 1986. Realizó su tesis doctoral en Alemania y regresó a su patria para servir como director espiritual y confesor en Córdoba.

Bergoglio es notorio por haber modernizado la Iglesia argentina que había estado entre las más conservadoras de Latinoamérica.

Bergoglio se destaca además por su austeridad. Pese a ser el primero en la jerarquía eclesiástica argentina, nunca ha vivido en la elegante mansión eclesiástica en Buenos Aires y ha preferido una cama sencilla en un cuarto céntrico calentado por una pequeña estufa en invierno.

Durante años se movilizó en transporte público por la ciudad y se preparó sus propias comidas.

Bergoglio ha disminuido un poco su actividad con la edad y está sintiendo los efectos de la extirpación de un pulmón debido a una infección que padeció de adolescente, dos impedimentos en momentos en que muchos observadores del Vaticano dicen que el próximo Papa debería ser relativamente joven y vigoroso. "Pero va a ser referente ante la congregación; uno de los más escuchados", dijo Rubín.

Se le considera moderado con mentalidad flexible, aunque sus posiciones doctrinales y espirituales coinciden con el legado de Juan Pablo II y Benedicto XVI.

Bergoglio no pudo impedir que Argentina fuera el primer país latinoamericano en legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo, ni tampoco que la presidenta Cristina Fernández promoviera anticonceptivos e inseminación artificial gratuitos.

Cuando Bergoglio sostuvo que las adopciones de niños por parte de homosexuales eran discriminatorias contra los niños, la presidenta comparó su afirmación con "la época medieval y la Inquisición".

Los críticos lo acusan de no haber enfrentado públicamente a la dictadura militar de 1976-1983, cuando las víctimas y sus familiares solían denunciar secuestros, tortura y muerte a los sacerdotes que supervisaba como líder de la orden jesuita en Argentina.

Al igual que otros intelectuales jesuitas, Bergoglio se ha concentrado en la obra social. Los católicos siguen comentando su discurso del año pasado en que acusó de hipocresía a otros religiosos por olvidar que Jesucristo bañó a leprosos y comió en compañía de prostitutas.

"En nuestra región eclesiástica hay presbíteros que no bautizan a los chicos de las madres solteras porque no fueron concebidos en la santidad del matrimonio", dijo Bergoglio a sus sacerdotes. "Estos son los hipócritas de hoy. Los que clericalizaron a la Iglesia. Los que apartan al pueblo de Dios de la salvación. Y esa pobre chica que, pudiendo haber mandado a su hijo al remitente, tuvo la valentía de traerlo al mundo, va peregrinando de parroquia en parroquia para que se lo bauticen".

Bergoglio comparó este concepto del catolicismo con los fariseos de la época de Cristo: los que se autoelogian a la vez que condenan al prójimo.

"Jesús nos enseña el otro camino: salir a dar testimonio, salir a interesarse por el hermano, salir a compartir, salir a preguntar, encarnarse", dijo Bergoglio. "Clericalizar la Iglesia es hipocresía farisaica. La Iglesia del 'vengan adentro que les vamos a dar las pautas acá adentro y lo que no entra no está', es fariseísmo".

Una densa fumata blanca había anunciado este miércoles por la tarde en la plaza de San Pedro del Vaticano la elección de un nuevo papa de la Iglesia católica, en sucesión de Benedicto XVI.

El mensaje del esperado humo fue confirmado por el tañido de las campanas de San Pedro, bajo las aclamaciones de una muchedumbre enfervorizada que desafió la lluvia intermitente con paraguas y banderas multicolores.

"Viva el Papa", "Viva el Papa", gritó la multitud tras conocerse el resultado en el segundo día del cónclave, tras la quinta votación.

El nombre y la nacionalidad del 266º Papa de la historia fue revelado rápidamente tras la conclusión del cónclave, que duró dos días y requirió cinco votaciones.

La elección del primer Papa que deberá ejercer sus funciones con su predecesor en vida -Benedicto XVI renunció a su cargo el 28 de febrero- marca el inicio de una nueva era para la Iglesia católica, bajo ataque y sacudida en los últimos años por escándalos y controversias.

El cardenal protodiácono, el francés Jean Louis Tauran, proclamó desde el balcón de la Basílica de San Pedro la famosa frase en latín "Anuntio vobis gaudium, habemus Papam" (Os anuncio una gran alegría, tenemos Papa), con la que se reveló al mundo el nombre del nuevo líder de 1.200 millones de católicos.

El recién elegido se asomó entonces para impartir su primera bendición "urbi et orbi" (a la ciudad y al mundo) vestido por primera vez con la sotana blanca papal.

Durante la hora que separó su elección de su presentación pasó a la llamada "Sala de las lágrimas", donde los elegidos suelen llorar allí en relativa intimidad, ante la magnitud de la responsabilidad que acaban de asumir.

Con esta elección concluyen cuatro semanas inéditas en la historia moderna de la Iglesia después de la renuncia inesperada de Benedicto XVI, alegando "falta de fuerzas", un hecho sin precedentes en los últimos siete siglos.

El nuevo pontífice también tendrá que responder a los escándalos que estallaron durante el último pontificado, como el de los abusos sexuales a menores o el caso "VatiLeaks" de filtración de documentos confidenciales del pontífice que terminó por revelar una trama de abuso de poder en la Curia, el gobierno central del Vaticano.

Los 115 cardenales, de 51 países de los cinco continentes, entraron en cónclave el martes. Según la constitución apostólica, debían permanecer recluidos hasta que un candidato obtuviera dos tercios de los votos, en este caso 77.
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