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Al régimen comunista de los Castro no le era conveniente eliminar a los dos extranjeros. De ocurrir tal asesinato, corrían el riesgo de enfrentar los reclamos de los Gobiernos de España y Suecia.

No se puede dudar de la naturaleza criminal de un régimen totalitario como el de Cuba. Este tiene como premisa el mantenimiento del poder político por encima, incluso, de la vida de cualquiera de sus ciudadanos. Esto lo han demostrado. Los Castro, han reprimido y asesinado, y no dudaría, si así lo requiere el momento, en pasar por encima a todo un pueblo que mantiene secuestrado sin el menor titubeo ni escrúpulo.

Decir “Un año”, es cosa fácil, es una frase rápida y sencilla; son dos palabras conformadas por solo cinco letras, pero para dos familias que piden justicia, este tiempo, un año, ha resultado largo y escabroso.

Este 22 de julio se cumplió un año del asesinato de Harold Cepero y Oswaldo Payá Sardiñas, lideres indiscutible del Movimiento Cristiano Liberación, agrupación opositora que desde dentro de Cuba logró las firmas de 25 mil ciudadanos cubanos que, “rompiendo las cadenas del miedo”, apoyaron el “Proyecto Varela”, un camino viable que sin derramamiento de sangre podría encaminar a Cuba y a los cubanos, hacia los derechos y libertades que tanto el pueblo reclama pero que la dictadura niega.

Durante todo este largo año mucho se ha hablado y especulado sobre el accidente fatídico donde perdieron la vida dos grandes cubanos. El régimen comunista de La Habana de inmediato se aventuró a declarar que fue un “accidente” de tránsito provocado por la imprudencia y el exceso de velocidad. Sin embargo, el Movimiento Cristiano Liberación, los familiares y amigos de Payá y Harold, despejando la versión oficial, han denunciado que tal tragedia no fue un accidente sino un asesinato político y han pedido, encarecidamente, a la comunidad internacional una investigación imparcial de lo ocurrido.

Varias son las declaraciones y hechos que ponen en entredicho al régimen criminal de los Castro. Ángel Carromero, quien conducía el supuesto auto siniestrado, ha declarado que nunca hubo tal accidente y que no iba a exceso de velocidad, pero que si iba seguido y vigilado por un auto, supuestamente de la Seguridad del Estado.
Espanto causa escuchar el relato de Carromero. Este ciudadano español y militante del Partido Popular, ya en España, dijo que lo último que recuerda, antes de perder el conocimiento por un golpe técnico que le proporcionó un agente de la seguridad cubana, es que en la escena del crimen había dejado con vida a Oswaldo Payá y Harold Cepero. ¿Cómo fueron asesinados, entonces, estos dos defensores de las libertades y derechos de los cubanos?.. ¿Otro golpe técnico?.. ¿Estrangulación?.. ¿Alguna otra macabra y letal forma desconocida? Lo que si estoy convencido es que hubo forcejeo. Me aterra imaginar ese momento oscuro y sin testigos, en que Oswaldo y Harold luchaban por sus vidas. Esa verdad solo la pueden contar los asesinos materiales y directos si es que los Castro no deciden aplicarles a ellos la misma maniobra vil. Así lo mantendrían callados para siempre.

Nada en la escena fue fortuito. Todo estuvo bien calibrado por los asesinos intelectuales. Oswaldo Payá y Harold viajaban en los asientos traseros del auto impactado. Sin embargo, los dos extranjeros, el sueco Jens Aron Modig y el español Carromero, políticos ambos, quienes se ubicaban en los asientos más vulnerables del vehículo, solo se reportaron con ligeras lesiones, según la versión oficial. ¿Qué pasó?… ¿Qué ocurrió?.. ¿Cómo lograron sobrevivir a tan violento impacto estos dos tripulantes?

La respuesta es simple. Al régimen comunista de los Castro no le era conveniente eliminar a los dos extranjeros. De ocurrir tal asesinato, corrían el riesgo de enfrentar los reclamos de los Gobiernos de España y Suecia. Estos no iban a aceptar la versión comunista del accidente. Por eso La Habana prefirió a dos testigos que a dos muertos más. Todo hubiese sido muy complejo. “A los extranjeros, no”, seguro fue la orden de arriba. Los Castros saben que con manipulaciones, chantajes y torturas sicológicas, práctica habitual en ellos, mantendrían a raya no solo a las victimas, sino a sus respectivos gobiernos.

Mucha fuerza y peso político tiene el accionar y petición de dos Estados democráticos e independientes que tienen que rendir cuentas a sus sociedades. Estos están obligados a investigar a fondo el hecho criminal cometido contra uno de sus ciudadanos. Mientras tanto, de los dos fallecidos cubanos, de las dos familias cubanas que claman justicia, ¿que gobierno se va a ocupar? La versión oficial ya esta dada, con sus incongruencias e inexactitudes, pero es la declarada. Lo del accidente es una cortina de humo, una tapadera. Se cometió el asesinato públicamente, ante la vista del mundo entero y nada pasó. Una vez más los Castro, mafiosos al fin, se salen con las suya.

Hace un año yo llegué a los Estados Unidos. Venia de España. Al descender del avión lo primero que hice fue encender mi móvil. Tenía varias llamadas perdidas. Una de ellas era de mi hermano de causa Regis Iglesias. Fue él quien me anunció la tragedia.

El autor es uno de los presos políticos de la Primavera Negra del 2003 en Cuba.

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