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Mapa del odio en Cuba


Mapa dibujado por un espía sobrevuela sobre un país en el que se ha establecido la consigna de liquidación de la diferencia, una campaña política que se propuso casi eliminar la palabra oposición de los diccionarios

El nuevo libro de Guillermo Cabrera Infante, Mapa dibujado por un espía, es una buena muestra del proceso de paulatina degeneración de la Revolución cubana y una demostración de que sus líderes cayeron en una perniciosa espiral dominada por la intriga, el odio y un fanatismo al que no le importó llevarse por delante, si era necesario, la vida de cualquiera.

Numerosos son los momentos y anécdotas en el libro, editado por Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, en el que el lector obtiene un relato en primera mano de esos primeros años del régimen y puede percibir esos elementos definitorios del mismo, como son su carácter necesariamente fanático, algo que chocó con algunas personalidades, como el caso del propio Cabrera Infante, y que luego pasaron a engrosar la lista de los contrarios al “proceso” que, y eso es realmente lo alarmante, por estos días va a celebrar su 55 aniversario.

Con el libro de Cabrera Infante da la impresión de que se está leyendo parte de la historia, dado que se refiere a hechos que sucedieron hace mucho tiempo, pero lo cierto es que esa base del castrismo, que es la persecución del contrario de forma brutal permanece hoy. Así pues el libro de Cabrera Infante no debe leerse en clave solamente del pasado sino como un fresco de la triste realidad de un país que se dejó comer por los fanáticos y ese fanatismo ha permanecido . La persecución de los homosexuales tiene una presencia importante a lo largo de la historia y se señala a Ramiro Valdés como uno de sus cerebros, algo ya conocido, pero se confirma en estas páginas el carácter planificado para la persecución sistemática de sujetos a los que el régimen totalitario consideraba “lacras sociales”.

Mapa dibujado por un espía sobrevuela sobre un país en el que se ha establecido la consigna de liquidación de la diferencia, una campaña política que se propuso casi eliminar la palabra oposición de los diccionarios. “Hay que limpiar el país. Acabar de hacer irse a los contrarrevolucionarios, tapinados o descarados. Aquí hay mucha gente que está con la Revolución nada más que de boca para afuera. A estos hay que descubrirlos y denunciarlos como lo que son: escoria contrarrevolucionaria”. Así habla uno de los personajes del libro que, en otro momento, se excita al acusar también a Virgilio Piñera de contrario al régimen. “Ese es uno que es un contrarrevolucionario de corazón y aquí está, poniendo sus obras de teatro y publicando su literatura. ¡A ese hay que desenmascararlo!”

Hasta tal punto llegaba ese fanatismo que incluso se viven escenas realmente dramáticas, como una especie de juicio popular de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) en la que dos estudiantes son acusados públicamente de ser “raro”, el chico (lo que podía suponer una acusación de homosexual o exclusivista), y “exquisita”, la chica. El ambiente recreado por Cabrera Infante es el de una masa enfurecida que ni tan siquiera da la mínima oportunidad a esas personas de argumentar algo en su defensa e incluso un estudiante que se niega a levantar la mano en las votaciones es conducido a la palestra y juzgado también por su actitud. Uno de los expulsados acabo suicidándose tras el juicio.

Para encontrar capítulos semejantes en la historia contemporánea hay que viajar hasta Berlin y darse un paseo por los documentos gráficos sobre el nazismo. El castrismo encaja en esa Topografía del Terror que los alemanes exponen sobre su pasado, en el sentido de que en ese caso, como en Cuba, el odio se institucionalizó y las instituciones se han convertido en promotoras del odio, la legitimación de la persecución del oponente y su merecida aniquilación.

El libro de Cabrera Infante es un buen escáner de la orografía cubana, repleta de odios, miedos e intrigas que son el resultado de años de un régimen alejado de los principios más básicos de la propaganda. Da escalofríos pensar las fracturas que un gobierno así ha ocasionado en la psique de los cubanos a lo largo de medio siglo. La reparación requiere, seguramente, de un esfuerzo titánico.
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    Joan Antoni Guerrero Vall

    Joan Antoni Guerrero Vall (Reus, España, 1979) es periodista licenciado en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Ha trabajado y colaborado con agencias de noticias como Europa Press y ANA, con periódicos en lengua catalana como el AVUI, ARA, Diari d'Andorra o Diari de Tarragona, así como en el semanario El Temps, Nació Digital o la antigua COM Ràdio. Combina sus colaboraciones periodísticas con actividades de comunicación para instituciones educativas como la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) o también culturales. En 2009, tras varios viajes a Cuba, decidió crear un blog sobre la Isla. Bajo el título Punto Cuba, el autor pretende ofrecer una visión externa y desde la distancia sobre lo que sucede en la Isla, con especial interés sobre las dinámicas de oposición al gobierno cubano, tanto sobre el espacio físico como el digital, así como observar la lucha del pueblo cubano por la recuperación de sus derechos fundamentales. Colabora con Radio Martí desde 2010. Al mismo tiempo, forma parte del equipo que lanzó la versión en catalán de la plataforma de blogueros Global Voices, colectivo con el que obutvo el Premio Blogs Catalunya 2013 en la categoría de Nuevos Medios.

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