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The New York Times habla del fin de la Revolución cubana


Un hombre camina frente a un cartel alusivo al socialismo en La Habana.

La épica que le dio origen, definida por el enfrentamiento con  EE.UU.,  les resulta ajena a los jóvenes de hoy. Ya nadie habla de socialismo, afirma en el diario neoyorquino un periodista chileno que ha pasado los últimos dos años y medio en la isla.

El director de la revista chilena The Clinic dice en The New York Times que el día que Barack Obama y Raúl Castro comunicaron su voluntad de restablecer los vínculos diplomáticos entre Estados Unidos y Cuba, comenzó a vivirse el último capítulo de la Revolución cubana, un sueño que en su apogeo se expandió por todo el continente.

Patricio Fernández, quien ha pasado gran parte de los últimos dos años y medio en la isla, “para vivir de cerca y reportear ese proceso de cambios”, señala que actualmente, el gobierno solo piensa en su supervivencia, y que la épica que dio origen a la Revolución, definida por su enfrentamiento con EE.UU., les resulta enteramente ajena a los jóvenes de hoy.

“Sus preocupaciones son otras, bastante parecidas a las de sus coetáneos del resto del continente. No experimentan las ansiedades del capitalismo —las escasas posibilidades de consumo no se lo permiten— pero comparten buena parte de sus referencias pop, con las que ya conviven a través de los smartphones. Escuchan reguetón, se cortan el pelo como los futbolistas famosos y ni siquiera se saben de memoria las consignas a las que entregaron la vida muchos de sus abuelos”.

Por otra parte, “nadie habla de socialismo. Es notorio el renacer de una nueva burguesía. Ese pequeño grupo que está protagonizando los cambios viaja con frecuencia, tiene internet en sus casas (hay empresas piratas que lo instalan) y le sirve de fachada a dineros provenientes de afuera”.

Apunta el periodista que en el barrio de El Vedado abundan las mansiones y apartamentos en restauración, mientras que en la zona de Miramar “existen bares donde las únicas personas negras que se ven son los guardias de seguridad: tipos grandes y macizos como los que custodian las discotecas en Nueva York o París”.

Pero esa prosperidad visible no llega a la mayoría de los cubanos que “se las arreglan para subsistir en la carencia” (…) “La mayoría apenas es capaz de percibir esta incipiente apertura económica, sus posibilidades de negocio y su germen de desigualdad. En las provincias aún no hay rastro de ella”.

Sin embargo, si bien “cuesta encontrar a alguien que defienda al gobierno”, también es difícil hallar “a quien reclame su caída inminente”. La mayoría prefiere escapar: “Los jóvenes talentosos, al llegar a cierta edad, se van. El caso de los deportistas es el más notable. Hace poco la selección de béisbol del país jugó contra Israel y perdió”; y lo mismo pasa con los profesionales alquilados en el exterior: “De los médicos que parten a prestar servicio en el extranjero son cada vez menos los que regresan”.

“El mito no da para más. Ya nadie cree en nada”, cita Fernández a la joven opositora y promotora de un plebiscito en 2018 Rosa María Payá.

Algo que parece confirmarse en el colofón de una popular obra teatral que el autor fue a ver al cine-teatro Trianón. En la puesta en escena de Carlos Díaz, que toma como pretexto la saga de ficción de Harry Potter, se alude a las carencias materiales y a la falta de libertad que imperan en Cuba. Al final uno de los personajes concluye: “Se acabó la magia”. Y el público aplaude de pie.

(Tomado de The New York Times)

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