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No están agotadas las Damas de Blanco


Unas líneas para responder al columnista Alejandro Armengol, quien asegura que a la organización de mujeres le ha llegado el campanazo final.

Sin terminar la lectura del artículo de Alejandro Armengol sobre las Damas de Blanco, aparecido este jueves 19 en su blog, encuentro un punto de vista que creo necesario rebatir. El autor dice –con sus palabras– que esta importante organización de mujeres cubanas ya tuvo su cuarto de hora; o sea, que cumplió su objetivo y no le queda nada por hacer.

Entonces, deslizamos la ruedecilla del mouse para comprobar que el artículo es extenso y pensamos que tal vez, más adelante, salvará el trazado con otros argumentos. Pero no, se centra en la figura de Berta Soler, con calificativos tan duros como estos:

"…Enfatizar las palabras de Soler –alguien, por otra parte, de condicionado razonamiento, poca cultura y pobre capacidad de expresión– encierra el peligro de no escapar de las ideas y conceptos que se pretenden criticar".

Muy duro, pero vamos al tema principal, que Armengol esquiva por alguna razón.

En primer lugar, el descrédito público a una persona, sea quien sea, que ha tenido el valor de enfrentarse directamente a la dictadura es materia para los bajos fondos, no para la causa principal de los cubanos tan urgidos de un cambio pronto y verdadero. Si bien considero que, con una disculpa abierta, Soler resolvería el problema creado con las Damas de Blanco (en ningún caso es justificado un acto de repudio como los de Castro), el momento no es propicio para dar más vuelo al triste video que seguramente el régimen mismo subió a internet.

Se aproxima la Cumbre de la Américas en Panamá (se celebrará en abril) y podría ocurrir un hecho inédito. Sería la primera vez que la dictadura de la isla comparta un evento de tal magnitud con la disidencia interna, y las Damas de Blanco, mujeres al fin y al cabo, importante "detalle", estarían allí para denunciar persecuciones, acoso, cárcel, violencia de género; no solo sufridos por ellas, sino también por sus maridos, que pagaron bien caro levantar la voz por escrito y por la radio extranjera alguna vez.

En el largo texto de Armengol no vemos una referencia a Laura Pollán, líder original del movimiento de mujeres. Algunos lo dan como un caso cerrado, pero todavía está por investigar qué pasó con su extraña y repentina muerte.

Para decir que este grupo está liquidado y que es apenas conocido dentro de la isla –cosa que no es cierta–, hay que necesariamente hacer un poco de historia. Después de la historia –no hacen falta demasiados párrafos–, poner a las Damas de Blanco en el contexto actual de las nuevas relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba.

Las Damas de Blanco es un movimiento cívico que trasciende su punto de origen. Es un proyecto que representa a la población en general desde la no violencia. Ellas son la versión cubana de la portuguesa revolución de los claveles, donde no hubo tiros. Son la contrapartida criolla de las Madres de la Plaza de Mayo, comunistas aliadas de los Castro.

Conceptualmente, representan el proyecto que más empuje pudiera tener a nivel internacional, en medio de una oposición cada vez más abierta y mayoritaria y, ciertamente, dispersa. Pero una oposición en vías de organizarse debidamente para tomar parte de las negociaciones en la arena internacional.

El título del artículo, "El fin de las Damas de Blanco", es, más que tremendista, aniquilador. Es un martillazo al centro de la oposición pacífica cubana que busca vías para el cambio, con el fatalismo geográfico a cuestas. Y con tan mala suerte de estar rodeado de una cultura pícara y hedonista como es la cubana.

Pero todo se andará.

Creo que no es útil el desaliento, sino se trata de sumar voluntades.

"Las Damas de Blanco cumplieron su objetivo. Si deciden permanecer o no es una decisión de sus miembros, pero el otorgarle representación en una discusión nacional va más allá de sus derechos fundacionales –ya agotados–, y es un asunto abierto a la discusión y el análisis", escribe Alejandro Armengol, no sin dejar de mencionar, ¡otra vez!, el tema de los patrocinadores.

Eso cansa. La oposición interna necesita apoyo económico para hacer su trabajo. ¿Si no lo tienen ellos quién lo va a tener? ¿Los que estamos fuera?

Desde esta columna damos un voto de confianza a las Damas de Blanco en medio de la campaña de descrédito que "alguien" se empeñó en promover.

Repetimos: Todo se andará. El punto focal no es Berta Soler. Es el concepto de caminar las calles con flores en las manos y llevar la voz a todas las tribunas posibles.

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    Jorge Ignacio Pérez

    Nació en La Habana en 1965. Luego de ser tanquista en el servicio militar obligatorio, se graduó en la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana, en 1992. Trabajó como redactor y fotógrafo de prensa, columnista de teatro y editor en varias publicaciones de la isla. En 2001 se exilió en Barcelona, hasta el año 2012 en que se afincó en Miami, donde reside actualmente. Fue editor del portal on line de asuntos cubanos Cubanet.org. Desde 2007 lleva el blog personal Segunda Naturaleza. Además del libro de memorias Historias de depiladoras y batidoras americanas (Neo Club Press Ediciones, 2014), tiene otro inédito titulado Pasajeros en tránsito.

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