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Ucrania y Venezuela: ni cubanos ni rusos injerencistas


Protestas en Kiev por el apoyo de Rusia a referendum separatista en Crimea.

La intromisión en la vida política y económica de Venezuela y Ucrania por parte de La Habana y Moscú eran demasiado elocuentes y abochornaban a lo nacionales.

El nacionalismo es elemento primordial en las protestas tanto de Ucrania como de Venezuela. La injerencia rusa en la actual política ucraniana fue carburante. En las calles de Kiev no deseaban escuchar consejo del “hermano mayor”. En Venezuela la intromisión cubana es denunciada a diario por opositores, activistas sociales, estudiantes y empresarios.

Las mismas expresiones de rechazo a los cubanos que se escuchan en Venezuela se oían en las calles de Kiev contra los rusos.

Un grupo de personas se concentra el domingo 2 de febrero de 2014, frente al hotel que hospeda al equipo cubano de Villa Clara que participa en la Serie del Caribe de Béisbol
Un grupo de personas se concentra el domingo 2 de febrero de 2014, frente al hotel que hospeda al equipo cubano de Villa Clara que participa en la Serie del Caribe de Béisbol
La intromisión en la vida política y económica de Venezuela y Ucrania por parte de La Habana y Moscú eran demasiado elocuentes y abochornaban a lo nacionales. Más allá de la corrupción rampante, de la ausencia de libertades civiles, de la ineficiencia en la gobernabilidad, la injerencia extranjera fue un catalizador para lanzar a los ciudadanos a las calles.

Los ucranianos entendieron, tras varias semanas de protestas esporádicas y aisladas, que sólo había una manera de desbancar al gobierno, manteniendo la presión constante. Sólo en la calle y desde las barricadas podemos presionar al gobierno, decía Mejailo Fomenko, uno de los miembros de Sector de Derecha, el más radical de los grupos que conformaron el Euromaidan. Fomenko insiste en que se escriba su nombre como Mejailo, y no Mijaíl, pero marcar diferencia idiomática entre el ucraniano y el ruso. Son estos militantes los que estuvieron en primera fila de las barricadas, lanzándose contra los escudos policiales, arrebatándolos para protegerse ellos y preparaban de noche los cocteles Molotov. Mientras los policías usaban las cisternas para lanzar agua a los manifestantes estos respondían con el fuego del coctel.

La mismas escenas la vemos en Mérida, en el Táchira o Chacao.

Kiev fue el centro de la revuelta, la más visible de las plazas, pero también esas acciones antigubernamentales se repetían en todo el occidente y centro del país. Y en la capital se veían los emisarios provinciales. Cientos de carpas levantadas en la Plaza de la Independencia y a lo largo de la Calle Jrishatik donde se leían carteles señalando la región de procedencia de sus inquilinos: Jarkov, Lviv, Chernivtsi, Volinia, Poltava, Rivne, Cherkasi, Odesa, Jerson, etc. En Venezuela la mecha está esparcida por todo el territorio nacional.

Las demandas de las barricadas fueron cambiando con el transcurso del tiempo. Dependían esas peticiones de las circunstancias y de la movida política del gobierno. En noviembre del 2013 fue el repudio a la negativa del gobierno para firmar el acuerdo con la Unión Europa y a finales de febrero ya se exigía la renuncia del gabinete, enmiendas constitucionales y libertad a la opositora y ex premier Yulia Timoshenko. La victoria llegó con la estampida de Kiev del presidente Víctor Yanukovich.

Fueron unas cien las bajas mortales, tanto de opositores como policías y miles los heridos. Los ucranianos sabían las consecuencias de enfrentarse a los uniformados, que les superaban en números y técnicas. Los manifestantes desarrollaron técnicas de resistencias, perfeccionaron los cocteles con nuevos ingredientes, entrenaban en el lugar a los neófitos.

Crearon centurias (sotnias) que nunca llegaban a los cientos, entre los opositores de una misma región, o de un mismo partido político, o simplemente los asignaban cuando se presentaban en las barricadas. Les usurpaban a los policías los escudos, los cascos y los chalecos antibalas y veías al opositor apertrechado con los avíos del represor.

Lo mismo en las barricadas de las calles de Kiev que en las guarimbas del Táchira, el grito es similar. No desean la injerencia extranjera en los asuntos internos. Ni quieren los venezolanos a los cubanos como los ucranianos repudian la intromisión rusa.
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    Álvaro Alba

    Historiador y periodista especializado en temas de Europa del Este y la ex Unión Soviética. Máster en Historia por la Universidad Estatal de Odesa, Ucrania. Premio Emmy 2017 (Emmy Award) en la categoría de Documental Histórico.

    Ha publicado en ABC, Diario de Las Américas, El Nuevo Herald, entre otros. Actualmente trabaja en MartiNoticias.com. Autor de Castro y Stalin, almas gemelas (2002); En la pupila del Kremlin (2011) y Rusia: la herencia del estalinismo (2012). Es Asociado Principal de Investigación (Senior Research Associate) del Centro de Estudios Cubanos (Cuban Studies Institute CSI) de Miami y miembro de la Asociación para Estudios Eslavos y del Este de Europa (ASEEES).

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