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Murió un verdugo

El comandante de la Revolución y exvicepresidente de Cuba, Ramiro Valdés, junto al gonernante Miguel Díaz-Canel, en septiembre de 2024, en La Habana.
El comandante de la Revolución y exvicepresidente de Cuba, Ramiro Valdés, junto al gonernante Miguel Díaz-Canel, en septiembre de 2024, en La Habana.

Sumario

  • Ramiro Valdés Menéndez fue una figura clave del aparato represivo del régimen cubano, responsable de miles de fusilamientos, encarcelamientos masivos y operaciones de vigilancia y espionaje.
  • Dirigió la represión interna y la subversión internacional, implementando torturas sofisticadas, campos de concentración, desplazamientos forzosos y operaciones clandestinas en América Latina, manteniendo un poder temido y privilegiado hasta su muerte.
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Ha muerto Ramiro Valdés Menéndez, el sujeto que engrasaba la macabra máquina del totalitarismo castrista con la sangre de los miles de hombres que fusilo y los cientos de miles que encarceló.

Cuando se estudien las personalidades del desastre cubano, Valdés ocupará un lugar destacado entre las cinco primeras figuras de un proceso cruento y doloroso que ha marcado indeleblemente a la nación cubana.

Antes de la experiencia de la Sierra Maestra, participó con los Castro en el fracasado ataque al cuartel Moncada y en la expedición en la que naufrago el yate Granma. Siendo un hombre de extrema confianza de Fidel Castro, organizó los servicios de inteligencia en la Sierra Maestra, al igual que Manuel Piñeiro, en el Segundo Frente Oriental, además fue segundo jefe de la Columna 8 Ciro Redondo, que comandó Ernesto Guevara.

Ramiro ocupó posiciones muy importantes en estas décadas de dictadura. Miembro del ejecutivo nacional de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), dos veces ministro del Interior, diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, miembro del Buró Político, viceministro Primero de las FAR, ministro de la Informática y de las Comunicaciones, estuvo al frente de los sectores de la Construcción y la Industria Básica, junto a otras responsabilidades gubernamentales.

La capacidad de sobrevivencia de Valdés era impresionante. Fue sacado del Gobierno y de la dirección política, sin embargo, cuando estaba casi olvidado hasta por sus enemigos, resurgía con más poder y control.

De 1961 a 1969 ocupó la posición de ministro del Interior, cargo que retomó en 1978 hasta 1985, siendo reemplazado por orden de Raúl Castro por el viceministro, el general José Abrantes. Este último murió misteriosamente en la prisión, condenado por estar supuestamente involucrado en actividades ilegales.

El comandante Jaime Costa, quien fuera amigo de la infancia de Ramiro Valdés, le decían “Ramirito”, refiere que Valdés estaba al frente de la seguridad de los expedicionarios en México y que a los pocos días del triunfo de la Revolución Fidel Castro le asignó las mismas funciones. Contaba Costa que, en abril del 59, especialistas de la KGB que hablaban español, ingresaron a Cuba gracias a las gestiones de Valdés.

Afirma Costa que Valdés, al igual que Raúl Castro y otros dirigentes de la Revolución, estuvieron involucrados en la muerte de Camilo Cienfuegos y que Valdés asistió a Guevara en algunos de los fusilamientos que se produjeron en Santa Clara y La Cabaña. Decía Costa que Guevara y Ramiro siempre hablaban de matar y que fue testigo de una conversación en la que ambos hablaban sobre la necesidad de ejecutar a unos policías del régimen de Fulgencio Batista, ya que eso fortalecería a la Revolución.

Valdés, desde la constitución del Ministerio del Interior (MININT), estableció una estrecha colaboración con sus pares del extinto bloque soviético que duró hasta la caída del Muro de Berlín y en algunos casos por varios años más. Documentos archivados en la Stassi, policía política de la RDA, testimonian la estrecha cooperación entre las fuerzas represivas y los suministros de diferentes clases que la entidad represiva germana enviaba a sus homólogos de La Habana. Igual relación existía con la KGB, soviética.

Muere Ramiro Valdés, protagonista clave del aparato represivo en Cuba
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Dariel "Benigno" Alarcón, de la tropa de Camilo Cienfuegos, sobreviviente de la expedición a Bolivia de Guevara, conoció a Valdés en la Sierra Maestra cuando era teniente. Recordaba que era muy próximo a Fidel, a quien adulaba constantemente, pero que trataba al resto de la tropa, salvo que tuvieran su misma jerarquía, con despotismo e impertinencias.

Dice que otro aspecto a destacar del carácter de Ramiro era su disposición a juzgar y ejecutar a las personas acusadas de ser delatores o por simples diferencias con el alto mando, pasión que compartía con Ernesto Guevara.

Valdés instituyó en Cuba la vigilancia contra el ciudadano común, pero también contra los altos jerarcas del régimen. No había diplomático, funcionario, empresario o personalidad extranjera, que no fuera espiado en la isla. Otro aspecto importante en los predios de Valdés fue al alto nivel de corrupción, siendo “Ramirito” el más corrupto.

Dice Alarcón que Valdés participó directa o indirectamente en muchas de las operaciones que se realizaron en el exterior y que el MININT desarrolló su propio aparato de subversión y espionaje internacional cuando constituyó la Dirección General de Inteligencia (DGI), que competía con el Departamento América que dirigió Manuel Piñeiro Losada.

Entre el Departamento América y la Dirección General de Inteligencia o DGI, que comandaba Valdés, había una gran animosidad, al extremo que no existía colaboración entre las dependencias. Valdés era del criterio de que, si ya había una oficina a cargo del espionaje internacional, la suya, no era necesario crear otra que cumpliera deberes similares en América, donde también operaba su oficina de espionaje y subversión.

Es importante destacar que quien fuera Viceprimer ministro del gobierno de Cuba y miembro del Buró Político, fue uno de los principales brazos ejecutores de la subversión castrista en el hemisferio. Las incursiones de los sicarios de la revolución cubana en Venezuela, Bolivia, Colombia y el resto de los países del continente, contaron con la asesoría de Valdés.

Dice Dariel Alarcón que los documentos falsificados con los que operaban los subversivos en el hemisferio se confeccionaban en las oficinas del ministro Valdés. De allí salían los pasaportes o cualquier otro tipo de identificación que requiriesen los espías o sediciosos, agrega, que eran oficiales bajo el mando de Valdés los que entrenaban militarmente a los insurrectos, y en aspectos de espionaje y seguridad, añadiendo que los cuadros insurrectos entre los que se contaban chilenos, venezolanos, peruanos, brasileños y argentinos, entre otros, eran preparados para soportar los más duros interrogatorios en caso de que fueran capturados.

A las pocas semanas del triunfo de la insurrección y después de haber ejercido como jefe Militar de la provincia de Las Villas, Ramiro Valdés asumió la dirección del Departamento de Investigaciones del Ejército Rebelde (DIER), una fuerza policial que se especializó en reprimir brutalmente a las organizaciones clandestinas y guerrilleras que confrontaron al nuevo régimen desde el propio año 1959.

El "Departamento", como se conoció, fue una especie de embrión de lo que sería la Seguridad del Estado, un organismo que ha encarcelado a más de medio millón de hombres y mujeres, ejecutado aproximadamente a seis mil personas y cuenta con cientos de desaparecidos. A excepción de Valeriano Weyler, ningún otro individuo en la historia de Cuba ha sido responsable directo de tantos actos de maldad y crímenes como "Ramirito".

El comandante de la Sierra Maestra, Huber Matos, coincidió con Alarcón en que Ramiro tenía la triste fama de ser represivo, aún antes del triunfo de la insurrección. También compartían la opinión de que Valdés era muy dependiente de Fidel y Ernesto Guevara. Matos cuenta que, durante su arresto en Camagüey, Valdés le apuntaba con una pistola constantemente y fue quien lo condujo a la capital.

Por años, Ramiro Valdés, por estar al frente de la policía política, fue más temido que Raúl Castro. La participación de sus hombres como instructores, interrogadores y combatientes en la lucha contra los que enfrentaban al totalitarismo, le confirió una triste popularidad.

Las redadas, condenas y ejecuciones estaban a cargo de los "Ramiritos" como los calificaba Dariel Alarcón. Por otra parte, señalaba Ricardo Bofill, que viejos comunistas con un historial de violencia y asesinatos como Isidoro Malmierca y Osvaldo Sánchez, se incorporaron al MININT a través de Valdés, y que entregaron a este todas las informaciones sobre actividades políticas de ciudadanos de interés, que había acumulado el Partido Socialista Popular durante años.

Para Carlos Franqui, Ramiro Valdés, por su incultura y vocación a la represión fue el hombre que escogió Fidel como jefe de las fuerzas policíacas que fueron transformadas en aparato de seguridad nacional. Valdés aplicó las instrucciones que los agentes en Cuba de la KGB, los ya referidos Oswaldo Sánchez e Isidoro Malmierca, le impartieron, con la asistencia de los agentes hispanos soviéticos que en el mismo año 59 había enviado Moscú a La Habana.

Los agentes de Ramiro actuaron con plena impunidad y desconociendo los más elementales derechos ciudadanos. Ejecutaban redadas de miles de personas sin que mediara una actuación judicial. Se calcula que en los días de Playa Girón fueron arrestados y confinados en campos deportivos, escuelas y clubes sociales más de 250.000 personas. Las cárceles que existían en esa época no pasaban de diez, estaban abarrotadas.

Durante los meses finales de 1960 y hasta 1975, Ramiro Valdés dispuso el desplazamiento forzoso de miles de campesinos de diferentes zonas rurales de Cuba, particularmente de la región montañosa del Escambray.

Estas personas fueron trasladadas contra su voluntad a cientos de kilómetros de sus lugares de nacimiento, separadas de la mayor parte de sus familiares, generándose así los tristemente célebres «pueblos cautivos».

La Seguridad del Estado o G-2 que dirigió Valdés, tenía licencia para arrestar y matar, condenar sin juicios y fusilar sin pruebas.

No faltaron masacres como la de «La Ceiba», donde fueron ejecutados con una ametralladora calibre 30, 19 hombres. Para el ministro y sus discípulos, la convicción de que un indiciado era culpable hacía posible cualquier condena.

Ramiro creó campos de concentración en todo el país, «La Sierrita», «Arroyo Blanco», «El Condado», y muchas más. Estas instalaciones fueron establecidas en zonas rurales y quienes más las sufrieron fueron los campesinos.

Fue quien aplicó las órdenes de Fidel Castro de destituir y encarcelar a los dirigentes sindicales que en su mayoría habían sido miembros destacados del Movimiento 26 de Julio. Fue uno de los artífices, junto a Ernesto Guevara, de la llamada «Operación de las Tres P», en la que fueron arrestados y enviados a campos de trabajos forzados, sin que mediara un proceso judicial, pederastas, prostitutas y proxenetas y cualquier otro individuo que fuera considerado ajeno al proceso revolucionario.

Años más tarde, colaboró estrechamente con el Ministerio de las Fuerzas Armadas para poner en función las sádicas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), una de las pocas ocasiones en las que Raúl Castro y Valdés superaron sus supuestas diferencias y trabajaron juntos.

Esta dependencia era la encargada de investigar, determinar y controlar el lugar de residencia, trabajo o estudios de todos aquellos individuos considerados “CR”, o sea contrarrevolucionarios. Posteriormente, las Fuerzas Armadas llamaban al individuo a servicio y lo situaban en el lugar que más les convenía, además, ostentaba el poder de confinar a hombres y mujeres en sitios insalubres, por el tiempo que decidiera el investigador encargado del caso.

Bajo la dirección de Valdés se introdujeron en los interrogatorios torturas muy sofisticadas. La aplicación del pentotal sódico (conocido como el suero de la verdad), cambios de temperaturas, aislamiento prolongado y métodos sicológicos muy agresivos para desestabilizar al preso, entre ellos el electroshock, pero también se continuaron aplicando golpizas brutales. Numerosos presos recluidos en el hospital de Topes de Collantes, transformado en cárcel, fueron atados y lanzados desde helicópteros a una laguna situada cerca del antiguo centro hospitalario. Estas torturas también se realizaron en otros lagos y pantanos de la isla.

Otro detalle del carácter de Ramiro Valdés, que destaca Manuel de Beunza, es su sadismo. Dice que gustaba visitar las prisiones, en particular las menos conocidas, como unas que estaban a disposición exclusiva del Departamento Técnico de Investigaciones, en las que el detenido podía estar siete u ocho meses sin ser presentado ante autoridad judicial.

Estas visitas las disfrutaban y las comentaba como si fuera una hazaña tener hombres encerrados sin derecho a un juicio. Otra particularidad de Valdés es que le gustaba que le temerían, le satisfacía que se sintieran atemorizados ante su sola presencia.

Las condiciones carcelarias bajo la dirección de Valdés no solo eran difíciles, sino que podían generar un genocidio, si en el país se producía alguna circunstancia que pusiera en peligro la permanencia del régimen. El ejemplo más contundente fue colocar en los túneles de las cuatro circulares y el comedor, del Reclusorio Nacional para Varones de Isla de Pinos, miles de libras de TNT, con la orden de detonar los explosivos si se producía una sublevación o un ataque del exterior. Durante más de 20 meses 5.000 presos políticos durmieron sobre un virtual colchón de explosivos.

Ramiro fue destituido dos veces del ministerio del Interior. La segunda ocasión tuvo que dejar el cargo por decisión de Raúl Castro, que, en su condición de Segundo secretario del Partido Comunista de Cuba, tenía autoridad para decidirlo, siempre y cuando la medida contara con el respaldo de su hermano.

Valdés fue el asesor estrella del castrismo, en la Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Sus conocimientos sobre prácticas represivas eran invaluables.

Los funcionarios del MININT y los agentes del G-2, Seguridad del Estado, han sido una élite dentro del régimen. Disfrutan de prerrogativas y privilegios que jerarcas de otras estructuras gubernamentales no disponen. Un oficial de esos cuerpos era mucho más importante que su par de las Fuerzas Armadas, por otra parte, la condición de sacerdotes del totalitarismo les permitía intimidar, detener y eliminar a cualquier hereje sin mayores consecuencias, y ese es el verdadero poder en un régimen como el castrismo, y Ramiro lo detentó hasta su muerte.

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    Pedro Corzo

    Pedro Corzo, Santa Clara, 1943. Trabajó en Radio Martí desde 1998 hasta el 2021. Conferencista y escritor. Residió en Venezuela durante doce años y colaboró allí en varios medios de información.

    Es presentador del programa Opiniones de WLRN, Canal 17 y columnista de El Nuevo Herald. Ha producido varios documentales históricos, entre ellos Zapata, Boitel y Los Sin Derechos.

    Entre sus libros se cuentan Cuba, Cronología, Perfiles del Poder, La Porfía de la Razón, Guevara Anatomía de un Mito,  Cuba, Desplazados y Pueblos Cautivos y El Espionaje Cubano en Estados Unidos. 

    En mayo del 2017 recibió la Medalla de la Libertad que otorga el gobernador del estado de la Florida.

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