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El stress cotidiano en el que se desarrolla la vida de la mujer cubana está marcado principalmente por el sistema dictatorial de gobierno y no por los roles socioculturales diseñados para su sexo.

Pues estos se ven dañados por las relaciones sociales y laborales orientadas en función vertical, y centradas en la falsedad de lo colectivo para el bien de todos, que lastran o impiden un desenvolvimiento protagónico de las féminas, quedando relegadas a aceptar condiciones de vida desiguales y discriminatorias.

Por varias décadas en Cuba se han ido deteriorando, en la mujer cubana, los niveles de aprendizaje, participación, toma de decisiones, el interés por el matrimonio basado en el amor, el mantenimiento de sus valores y convicciones enmarcados en una educación universal y formal, a la par o en consecuencia son más las prostituidas, más en la miseria extrema, más pesimistas, más solteras o divorciadas.

En contraste con estas problemáticas sociales se mantienen las cubanas con el mayor peso en la educación de los hijos, en el sostén alimenticio diario, sobre la base del qué inventar, violentadas en el entorno familiar por la carga de trabajo en el hogar e incomprensiones, cosas que también se suceden en lo laboral.

De donde se explican comportamientos agresivos, nerviosos e incluso inmutables ante la vida diaria, agravadas por las pésimas condiciones de las viviendas, bajos salarios, desempleos, falta de libertades y oportunidades, etc.

La falta de proyectos de vida es común en toda la Isla y las mujeres contamos con mucho menos posibilidades de desempeño, por todo lo expuesto anteriormente, más si es madre soltera, tampoco importa si es obrera, técnica o profesional, ya que se encuentran sometidas igualmente al mismo stress, pues en un gobierno totalitario como el cubano, no se valora debidamente su aporte social.

Vale la pena preguntarse a quién le importa la situación de la mujer cubana, al gobierno para nada, quien pretende engañar con la incorporación de algunas a la Asamblea Nacional, y acceso a algún que otro cargo directivo.

A las falsas organizaciones de masas y no gubernamentales, entre ellas los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y a la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) mucho menos, ocupadas ambas solo en obtener la cuota anual para sostenerse parásitamente, cumplir las tareas orientadas por el partido comunista y hacer congresos y propaganda de funcionamiento solo efectivos para la prensa nacional y algunos medios internacionales.

Tampoco a los medios de comunicación oficiales le interesa la crítica realidad de la mujer cubana, pues se detienen en reportar aspectos irrelevantes de su labor y vida cotidiana, o casos aislados de féminas con algún éxito en su vida laboral y sobre todo donde se exponga su compromiso con el gobierno castrista.

Ante tal panorama se impone entonces, encontrar alternativas que permitan que la mujer cubana comience a hallar espacios donde pueda luchar por la autodefinición de su género, elevando su autoestima para continuar con sus diferentes roles sociales, y que sepa y ocupe el lugar de importancia que tiene en la sociedad.
Espacios, que en tanto no llegue el cambio democrático cubano puede comenzar a descubrir desde las organizaciones civilistas de la Isla, puramente feministas o mixtas.

Ya que no existen instituciones ni organizaciones estatales que representen los intereses y preocupaciones de la mujer, romper las barreras del silencio puede ayudarle a enfrentar la violencia doméstica y social a la que están sometidas.

Constituirse en mayoría para revelarse ante tanta discriminación y violación de sus derechos humanos puede ser la opción que encuentre la mujer cubana de estos tiempos para solucionar sus necesidades de todo tipo, partiendo de presionar al gobierno en el poder y a las diferentes estructuras que se dicen abanderas de sus derechos para obtener los cambios radicales que urgen en el país, considerando que el sistema gubernamental y sus estructuras son el principal responsable de las pésimas condiciones materiales y espirituales en que vive la mujer cubana en este siglo XXI.

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